El barrio de Bellavista posee una histórica vinculación con la Feria de Abril. Un edificio, un recinto que hoy se encuentra cerrado al público, a la espera de que finalice su restauración para reabrir este año, es el nexo entre esta zona del distrito Bellavista-La Palmera y la fiesta de Sevilla: La Real Venta Antequera.

Los orígenes de esta singular edificación habría que buscarlos en el primer cuarto del siglo XX, cuando Carlos de Antequera, proyecta allí un lugar para el descanso de viajeros en dirección a Sevilla. En 1927 empezará a relacionarse con el asunto ferial, por el ganado, al convertirse en fonda de toreros y ganaderos, y cobijo de los toros. Es decir, La Venta Antequera era la última parada antes de que tuviera lugar la faena en la Plaza de la Maestranza. No podía ser de otra forma si tenemos en cuenta que su propietario había sido mozo de espadas del matador Antonio Fuentes.

Con la Exposición Iberoamericana de 1929 llega su periodo más ilustre cuando, tras una remodelación, el edificio se termina por convertir en el Pabellón de las Tierras de Jerez. No en vano, el propio Rey Alfonso XII le otorgaría el título de «Real» poco después tras una animada visita.

Tras la Muestra, y tras la Guerra Civil, el complejo siguió orientándose a la tauromaquia. Y al ocio. Tanto fue así que en 1962 Felipe Medina Benjumea construyó una plaza de toros para becerradas, una actividad que se llevó a cabo hasta 1975. Estos continuos aditamentos terminaron por generar un conjunto arquitectónico heterogéneo pero armónico, cuya articulación se conseguía principalmente a través de los jardines y glorietas. De hecho, en la época de la Exposición Iberoamericana, eran varios los pabellones que conformaban el «de las Tierras de Jerez», dedicados a distintas bodegas de la localidad: González-Byass, Domecq, Osborne, Marqués de Mérito, y Agustín Blázquez, cada uno en su estilo.

En sí, y como explica Julio Domínguez Arjona, aquello era como una Feria en miniatura, con sus casetas permanentes, donde interpretaban sus recitales de sevillanas y rumbas diversos grupos de cantes y palmas, con sus farolillos, sus lonas a rallas, y con sus corridas de toros, que tenían lugar en el coqueto ruedo también integrado en el conjunto y que los asistentes podían contemplar desde sobreelevados «tendidos», mientras eran agasajados por un ágape de lo más feriante.

La Real Venta Antequera en la actualidad

La Real Venta Antequera.

El destino más reciente de este histórico espacio, el de la restauración, mantuvo en cierto modo su esencia. Hasta 2009 se celebraron allí bodas, comuniones y eventos de lo más variado. Sin embargo, desde entonces la Venta Antequera quedó sin uso. Y sin vigilancia, lo que facilitó ser blanco de robos, como ocurrió con los paneles cerámicos de Enrique Orce Mármol.

La intención es que sus puertas vuelvan a abrirse en este año 2015, consiguiendo así la recuperación de un emblemático símbolo del barrio, como también lo fue la botella de «Tío Pepe» que lo coronaba hasta no hace tanto. O es lo que la memoria quiere creer.