Por su situación periférica y de cierta lejanía respecto del Casco Antiguo, los vecinos de Bellavista han terminado forjando una identidad de pueblo tradicional, vertebrada sin lugar a dudas por la Hermandad del Dulce Nombre.

La corporación ha ido creciendo de manera casi paralela al barrio, pues su nacimiento, del que hace justo ahora 50 años, se produjo en el momento en el que Bellavista comenzaba a expandirse, en su comedida fisonomía de pequeñas casas adosadas tan diferente de la vorágine de bloques de pisos que inundó la Sevilla de los 60.

La entrega del barrio a su dolorosa, una importante talla de Luis Álvarez Duarte, es tal que el pasado año los propios vecinos elevaron una petición para que la virgen fuera coronada canónicamente. Para los no iniciados, este acto viene a ser una vara de medida de las devociones populares, por una parte, y una garantía de que la imagen se incardina en una corporación donde se ejerce una potente labor social.

Con y por el barrio

El amor de los ciudadanos de Bellavista por su hermandad va más allá del sentimiento por sus sagrados titulares. Para ellos, es todo un orgullo poder participar de actos solidarios como los que día a día el Dulce Nombre desempeña en el Salón Baldomero, en la calle Manuel Gonzalo Mateu.

Durante la mañana y mediodía, numerosos voluntarios elaboran y despachan el almuerzo para 200 personas sin medios económicos. Por la tarde, sirve de improvisada escuela de apoyo para niños necesitados. «Se tiende a pensar que los usuarios de los comedores sociales son vagabundos, pero ese es el perfil menor. La mayoría son vecinos, incluso miembros de la hermandad, que hace un par de años vivían como clase media y que ahora no tienen ni para comer», explica el Hermano Mayor, Alfonso Lozano.

«Dar para recibir», inscripción sobre la necesidad de donar órganos

«Dar para recibir», inscripción sobre la necesidad de donar órganos

Este desinteresado servicio se logra gracias al apoyo del Ayuntamiento de Sevilla, que subvenciona parte de esta obra de caridad que la corporación realiza en el distrito Bellavista-La Palmera, y por las aportaciones de algunas instituciones, como las del Colegio Entreolivos, el Banco de Alimentos, y diferentes comercios.

Una vez más el barrio es protagonista, pues hay incluso lista de espera de personas que quieren actuar como voluntarios. Y del barrio a la hermandad, que, en vez de avanzar en patrimonio se centra en el bienestar de sus vecinos. «El paso de Cristo se dejó de tallar hace dos años, los que lleva el comedor funcionando. Y los que le quedan. No se embellecerá nada mientras haya una sola persona que no tenga qué llevarse a la boca», comenta un emocionado Alfonso Lozano.

Su labor social se extiende también al ámbito sanitario, pues desde hace un tiempo es certero altavoz para animar a sus vecinos a la donación de órganos. En las primeras líneas de la candelería del palio hay un cirio en el que reza la leyenda «Dar para recibir», y que tras la procesión se entrega a una persona que, el año anterior, donara algún órgano en el seno de esta iniciativa. «Este año, se trata de una joven que donó un riñón a su hermana y que, poco después, decidió que todo el cuerpo de su marido, repentinamente fallecido, pudiera salvar otras vidas», resalta el Hermano Mayor. El Viernes de Dolores será ella quien encienda este cirio a las 13:00, hora en la que, para más inri, se cumple un año del fatídico episodio.

Devoción por las calles

Entonces llega el gran día. Y el barrio se vuelca. Desde luego no faltan las clásicas colgaduras granate y moradas en los balcones. Hay quien incluso cuelga de las barandas, para adornar la escena, parejas de pequeños candelabros de guardabrisa. «Es nuestro día grande. No sólo se lucen las mejores galas sino que los vecinos ponen en sus puertas macetas de pilistras, como se hacía antiguamente en Triana y otros barrios», explica Lozano, en alusión a la añeja esencia de Bellavista.

Como todo cortejo popular, no faltan las petaladas, aunque merece ser contada la historia de la que tiene lugar en la calle Guadalajara. Durante todo el año existe una Asociación, de los «Amigos de la petalada del Cautivo», que se dedican a organizar rifas con la intención de recaudar fondos.

La Virgen del Dulce Nombre en sus Dolores y Compasión

La Virgen del Dulce Nombre en sus Dolores y Compasión

Además de contribuir socialmente, compran tal cantidad de pétalos que los dos pasos quedan completamente envueltos a su paso. María, vecina de esa calle de toda la vida, no duda al elegir ese como el mejor momento del año.

Manuel, también residente en Bellavista, y curiosamente hermano de La Misión, cuya sede es el Parroquia de Santo Antonio María Claret, en Heliópolis, apunta la buena sintonía existente entre ambas hermandades, en particular, y entre los dos barrios. Dos caras de un mismo distrito. Dos hermandades que procesionan en la misma jornada, generando un gentío cuantificable en las 30.000 personas en el caso de Bellavista, lo que obliga al CECOP a trazar un plan de evacuación específico.

Es el día de las reuniones familiares, del retorno de aquellos que abandonaron el barrio tiempo atrás y que son fieles a la anual cita. Día de abrazos, saludos y vivencias compartidas. Día en el que Bellavista eleva, a la máxima expresión, la definición de barrio.