La tranquilidad y el romanticismo del barrio de Heliópolis parecen estar «diseñados» para fomentar la expresión artística. Esta afirmación toma cuerpo en la calle Paraguay, que esconde un auténtico museo privado de Bellas Artes.

Se trata de la obra de Diego Coca, artista multidisciplinar que encuentra en la pintura y el dibujo sus principales vías de expresión, pero que además se atreve con la cerámica y la poesía.

El «marco» lo pone la propia casa, uno de los antiguos Hoteles del Guadalquivir, donde tiene su vivienda y estudio este guadalcanalense que lleva en Sevilla desde los 3 años, toda una vida de amor a una ciudad que ha sido recurrente objeto de su pincel.

Diego Coca en su estudio, y casa, de la calle Paraguay

Diego Coca en su estudio de la calle Paraguay

«Compré la casa en 1973. Yo trabajaba como maestro de escuela en el Colegio Claret pero vivía en la Puerta del Osario, por lo que perdía demasiado tiempo en hacer cuatro trayectos al día», explica.

A la necesidad se unió un auténtico «flechazo» por una finca poco asequible para un joven de treinta años.

La inversión le llevó a pintar retratos a gran ritmo, apoyando así su sueldo de docente. «No me equivoqué. La paz que tiene este barrio de Heliópolis influye mucho en mi manera de pintar, en los temas que escojo».

Entonces lo hacía desde el talento innato. El que le llevó a «coquetear» con el óleo desde los 10 años. No sería hasta 1977 cuando se licencia en Bellas Artes por la Real Academia de Santa Isabel de Hungría, de Sevilla, y arranca su producción profesional.

Aunque buena parte de su obra haya sido adquirida por entidades públicas y privadas, así como particulares, y luzca tanto en diversos puntos de España como Lisboa, París o Londres, mantiene en su casa unos 40 cuadros.

El salón muestra diversas obras de Diego Coca como «La espinita», «El revuelo» o «El gallo señorito» / Fran Piñero

El salón muestra diversas obras de Diego Coca como «La espinita», «El revuelo» o «El gallo señorito» / Fran Piñero

En especial los de última creación. «Últimamente no se vende nada, pero para un pintor seguir creando es como el aire que se respira», comenta. De hecho, nunca abandonó su labor en la enseñanza, que afianzó con la Cátedra de Dibujo para Instituto de Bachillerato.

A sus 71 años, además, la pintura se le presenta como un apasionante pasatiempo. «Hay ocasiones en que el diálogo con la obra es muy fluido. El cuadro de los trigos, uno de mis preferidos, quedó casi terminado en un día». Luego hubo que perfilar y añadir detalles.

«Mi mujer, al avisarme para que baje a comer, siempre me dice que deje un rato a la querida», añade entre risas. Precisamente ella es su mejor crítica, por su sinceridad y su «buen ojo» pese a no estar formada en la materia.

«El sueño de mi hijo Diego», por D. Coca

«El sueño de mi hijo Diego», por D. Coca

Tampoco proviene Diego, con nueve hermanos, de una familia versada en las Artes.

En cambio, dos de sus tres hijos sí que han heredado el interés por la profesión, «estudiando la carrera aunque se hayan orientado al diseño gráfico».

Como en toda casa, los hijos protagonizan varios espacios. En lienzos. Por ejemplo la sala de estar, donde se aprecia a una de sus hijas mezclando colores en «Tarde dibujando», o en «el sueño de mi hijo Diego», que corona el dormitorio principal.

Las paredes del salón, que además alberga un llamativo piano de cola, «exponen» desnudos de juventud y madurez, y obras centradas en gallos y palomas, a medio camino entre lo figurativo y lo impresionista.

Apocalipsis eucarístico

Uno de los cuadros más impactantes es su particular propuesta de la Santa Cena. No faltan los elementos eucarísticos, así como sus sagrados trece protagonistas, pero el conjunto aparece salpicado de todos esos aspectos que merecerían la redención de Jesucristo en los tiempos que corren.

«La idea me fue rondando desde el atentado de las Torres Gemelas. Luego llegó la Guerra de Irak, los abusos económicos… y fue creando este conjunto desconcertante, que se refleja en las distintas expresiones de los apóstoles», explica.

Detalles de «La Sagrada Cena» de Heliópolis, con elementos bélicos y otros problemas del siglo XXI / F.P.

Detalles de «La Sagrada Cena» de Heliópolis, con elementos bélicos y otros problemas del siglo XXI / F.P.

Cualquiera podría ser Judas, en esa alegoría de que, en los tiempos que corren, lo más habitual es «mirar para otro lado».

El lienzo, que concluyó en 2013, es un resumen de su propia trayectoria, en la que ha combinado múltiples técnicas y estilos, con esencia impresionista pero también con trazas expresionistas, y un personal uso del color. «Huyendo siempre de las etiquetas».

Naturalezas muertas, paisajes, escenas cotidianas y retratos, muchos retratos, componen su obra. Todo ello sin perder la esencia andaluza, es decir, «sin abandonar el barroco, que aquí nos encanta. A mí el primero». Para muestra, su casa, su mejor sala expositiva.

Recuerdos de conciertos

La música es otra de las grandes pasiones de Diego Coca. Si bien no la practica, su interés le ha llevado a la directiva de Juventudes Musicales, y a estar en contacto con un centenar de concertistas.

Con ellos ha establecido un curioso trueque: a cambio de una dedicatoria, el artista les realiza un retrato y les escribe, en verso, lo que le haya sugerido el recital.

Los dibujos, a punta de lápiz, han sido recopilados en dos volúmenes donde las tres Artes ejercen un armónico conjunto. «Guardando la belleza de las formas, la emoción que persigue a los sentidos», como Coca define su universo artístico.