La mirada de Rita Prigmore está marcada por la tragedia. Prigmore fue uno de los cientos de bebés que fueron objeto de los más despiadados e inhumanos experimentos del régimen nazi. En sus ojos tiene la cicatriz que ha marcado su historia, su visión de la vida está perturbada por las crueles artes del doctor Werner Heyde, discípulo de Josef Mengele, uno de los médicos más sanguinarios de la llamada «higiene racial». Esta mujer, ahora de 71 años, fue víctima del conocido como «ángel de la muerte».

El destino de Rita estaba escrito antes de su nacimiento. La valentía de su madre le jugó una mala pasada, pero en la época de Hitler no le quedaron muchas más opciones a su progenitora de raza gitanaTheresia Seible Winterstein. A principios de la década de los 40, Seible se tuvo que enfrentar a una de las decisiones más difíciles de su vida, los dos caminos que le ofrecía el régimen estaban llenos de espinas. Tan sólo tenía dos opciones, la primera de ellas era ser deportada a un campo de concentración y la segunda ser esterilizada.

La madre de Prigmore eligió la segunda, sin embargo su deseo de escuchar palpitar un corazón dentro de su vientre la llevó, desafiando al regimen, a quedarse embarazada antes de que la interviniesen los médicos. El mal llamado ángel ordenó que se le practicase el aborto, pero cuando el doctor conoció que lo que esperaba Theresia eran gemelas decidió llevar a buen fin el embarazo.

Rita y Rolanda fueron el fruto del amor de Theresia y su novio. Nada más nacer, las arrebataron de los brazos de sus padres y entraron en el programa de experimentos con gemelos de etnia gitana bajo las tesis de selección genética de Josef Mengele. Por su corta edad, es imposible que Rita recuerde hoy día por los bárbaros procesos que tuvo que pasar cuando era un bebé, pero una marca en sus ojos delata que fue sometida a unos experimentos a base de inyecciones para transformar el color de sus gitanos ojos negros a los azules que abanderaban la raza aria.

El primer año de vida de estas hermanas fue un infierno, un infierno que se cobró la vida de Rolanda. Este triste desenlace fue descubierto por su madre cuando en un acto de rebeldía acudió al hospital en el que estaban sus hijas para rescatarlas de las manos de los despiadados médicos y descubrió que una de sus pequeñas estaba tirada en una bañera con la cabeza vendada y sin vida. Las líneas del relato de la historia de esta familia cuentan que Theresia cogió a su otra hija y escapó de la clínica. A las puertas de la iglesia de Santa Rita la esperaba el abuelo para huir rápidamente, de ahí el nombre de la superviviente.

Esta historia estuvo guardada bajo llave en el corazón de la madre coraje durante 43 años. Rita se llevó todo este tiempo preguntándose porqué tuvo una infancia tan complicada, colmada de enfermedades, fuertes dolores de cabeza y perdidas de conciencia. Cuando ya Prigmore formó una familia y su estado de salud recuperó fuerza, su madre le contó lo sucedido en su niñez.

Ahora Rita Prigmore está en Sevilla para enseñar a través de sus dañados ojos marrones lo que aconteció durante el régimen nazi. Su mayor preocupación actualmente es concienciar a los jóvenes de lo que significa el radicalismo racial. Preocupada por los partidos neonazis que resurgen ahora en Europa, quiere llevar al mundo su relato para que nadie experimente en su cuerpo lo que ella vivió. La última conferencia de Prigmore será hoy a las 11:30 en la facultad de Ciencias de la Educación, la entrada es libre para todos aquellos que quieran escuchar estas vivencias de la mano de una superviviente.