Sevilla es cuna de grandes personalidades. Figuras de la literatura, cine, música… se presentan como un glorioso palmarés que todo sevillano conoce y difunde. Sin embargo, existen otros nombres que permanecen ocultos. Tal vez sea ese, precisamente, el mejor adjetivo para calificar a la escritora Amalia Domingo Soler, una de las referencias internacionales en el campo del espiritismo.

Comencemos por el final, 29 de abril de 1909, pues en su caso podría ser el principio de esta historia. Esa fecha corresponde al fallecimiento de la literata, o como los iniciados denominan su «desencarnación», algo que se recoge en un dedicado cuadernillo en el que se resume el prestigio que alcanzó en vida «terrena», en España y sobre todo en la esfera foránea, y se recoge el sentir de Barcelona, ciudad muy versada en el asunto.

De hecho, fue allí donde se celebró, en 1888, el primer Congreso Internacional Espiritista, del que ella fue vicepresidenta. Fue en la capital catalana donde residió desde 1876, y donde murió, en una jornada que dejó calles abarrotadas al paso de su cortejo fúnebre, como recuerda Amelina Correa Ramón. Como apunte, es en la ciudad condal, y no en Sevilla, donde se encuentra el centro espírita que lleva su nombre.

Ver sin ver

Amalia Domingo Soler siempre fue una persona enfermiza. A los ocho días de nacer, el 10 de noviembre de 1835, se quedó casi ciega. Aunque logró recuperar parte de la visión, siempre tuvo problemas de retina.

Parece que esta merma en sus facultades físicas se compensó en una fuerza incansable para luchar contra las injusticias sociales, la situación de atraso de España o contra su propia realidad, llena de penurias y que la llevaron a plantearse el suicidio. Y en una sensibilidad especial respecto de ese mundo paralelo de los espíritus.

Entierro en Barcelona de Amalia Domingo Soler

Entierro en Barcelona de Amalia Domingo Soler

Vivió tan sólo al amparo de su madre, quien la enseñó a leer y a valorar las letras, que murió cuando ella contaba con 25 años. Tiempo después, en una sesión ocultista, se cuenta que la progenitora volvió a comunicarse con Amalia, lo que determinó su amor por el espiritismo.

La sevillana, cuya necesidad por subsistir la llevó por las Islas Canarias y Madrid, encuentó en la filosofía espiritista la respuesta a las preguntas sobre su vida, llegando a la conclusión de que su estado actual era consecuencia de errores llevados a cabo en vidas anteriores.

La vía de contacto es la revista El Criterio, en la que termina colaborando. Amalia escribía poesías desde los 10 años, a un nivel más profesional ya con la mayoría de edad, aunque hasta entonces la temática abarcada se alejaba sobremanera de lo que se convertiría en su verdadera profesión.

A sus recurrentes colaboraciones en la revista «La Buena Nueva» y su dirección de «La luz del porvenir. Semanario espiritista», habría que añadir sus biografías «post-mortem», basadas en supuestas comunicaciones que, los homenajeados fallecidos mantenían con médiums y a las que ella dotaba de cuerpo literario. Es el caso de «Las memorias del Padre Germán», su mentor, o «¡Te perdono! Memorias de un espíritu». Aunque, para conocer su obra, nada mejor que los «Cuentos espiritistas».

Corriente filosófica

Grabado del siglo XIX sobre una sesión espiritista

Grabado del siglo XIX sobre una sesión espiritista

El espiritismo más ortodoxo se aleja de esas prácticas de comunicación con el más allá, como la Ouija. Aquí hablamos de una corriente filosófica, de reflexión, sobre las implicaciones morales de creer en el Karma, es decir, en las sucesivas reencarnaciones de un alma según la calidad de los actos realizados en sus «vidas anteriores». Incluso de una ciencia, aunque en este caso no se aplique ningún método sistemático.

Tanto el término como las bases de esta corriente las acuño el francés Alan Kardec en su «Libro de los Espíritus», siendo el adalid de una selecta lista en la que predominan, con mucho, literatos e investigadores europeos. Dos españolas se cuentan entre el grupo: Amalia Domingo Soler y Antonia Tejera Reyes, ya en el siglo XX, aunque en este caso hablamos de una médium y no de una pensadora.

En el distrito Bellavista-La Palmera, muy cerca de la ciudad sanitaria, se encuentra una recoleta calle. Bella por lo sevillana, a la par que desconocida para la mayoría. Desde ahí se rinde sencillo homenaje a Amalia Domingo Soler, interesante figura de la intelectualidad hispalense.

 

Personajes ilustres

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