Hace ya diecisiete años que Cristina Heeren llegó a Sevilla para materializar su pasión y convertirla en una escuela de prestigio internacional donde el amor al flamenco fuese el vínculo de unión y la carta de presentación de todos los que por allí pasaran. En sus tres vertientes, cante, baile y guitarra, la Fundación Cristina Heeren se hace eco por todo el mundo desde su sede en la avenida de Jerez.

Minutos antes de las once de la mañana un continuo goteo de jóvenes de distintas nacionalidades comienzan a entrar en el número 2 de la avenida de Jerez. A simple vista, una casa más del estilo de todas las que conforman esta zona. Pero al atravesar la cancela la vista es muy distinta. Un punteo flamenco da la bienvenida, habilidosos y apasionados por el ritmo flamenco que marcan sus dedos los alumnos de guitarra podrían pasar un día entero tocando bulerías, fandangos o alegrías gaditanas.

El taconeo viene de abajo, el arte emana de las escaleras. Unas voces rasgadas, palmas, guitarra y un joven que levanta el bello con su descaro al bailar. Sentados, los alumnos esperan su turno para cantar lo que el guitarrista marque y con el fin de acompañar los pases del joven y experto bailarín. Unas voces preparadas por una maestra que transmitiendo confianza y alegría cuida los detalles del arte flamenco.

Suben y bajan. Trasportan sus guitarras de arriba a abajo. Los zapatos de baile y los cuadernos con las notas de cante. Todos a sus puestos para aprender todo lo referente a un arte nacido de Andalucía para el mundo.