Érase una vez una mujer capaz de convertirse en jirafa, serpiente, oso, niña o adulto, en décimas de segundo. Cada día estaba lleno de aventuras, según la piel que eligiese ponerse. Sonia Carmona no era una hechicera, bueno o quizá sí, pero todos la llamaban cuentacuentos.

Cada viernes la biblioteca Luis Cernuda de Bellavista da cobijo a fábulas cómicas, valientes, descaradas y directas, que introducen a niños y adultos en paisajes inauditos, les presentan a amigos un tanto peculiares y provocan situaciones que nunca hubiesen imaginado. Esta, señoras y señores, es la sensación que produce algo que todos han escuchado de sus padres y abuelos: los cuentos.

Si hay algo que no pasa de moda son los cuentos. Cada día hay una historia nueva que contar, la variedad crece pero, en el fondo y al final, a los niños les sigue fascinando la historia de «Ricitos de oro», «Caperucita roja» o «Cenicienta» así lo apunta alguien que si de algo sabe es de cuentos, «la línea Disney se ha metido en el inconsciente colectivo, pero no hay que olvidar aquellos cuentos conocidos que han conformado quienes somos».

Más de veinte años recorriendo el mundo para contar historias dan a una la suficiente autoridad para hablar de algo que ha sido imprescindible en la infancia y que parece que ahora se está perdiendo, «los niños no han cambiado, los cuentos siguen siendo los mismos, lo que ha cambiado es el consumo. Los cuentos requieren tiempo y parece que hay familias que no están dispuestas a dedicarlo a eso. Si les pones un móvil en la mano cuando son tan pequeños, en vez de un libro… etc» se lamenta Sonia que conoce bien los beneficios de educar con cuentos.

«Los cuentos crean un vínculo entre el que lo cuenta y el que lo recibe que permite conocer a la persona. Los padres que nunca hayan contado cuentos a sus niños, no los conocerán cuando sean mayores. Las preguntas, las reacciones, en definitiva, la interactuación dan muchas claves sobre cómo es y será ese niño» cuenta esta directora de escena que si de algo sabe es de cuentos.

«Los cuentos ayudan a que los niños se fijen en los detalles, algo que en la vida le va a ser muy útil» señala Sonia con una sonrisa en los labios, hablando con el corazón en la mano, dejando ver que es esa su manera de comunicarse con el mundo, que los cuentos son mucho más que su trabajo, son el guión de su vida.

Un guión que a veces da la sensación de que el bolígrafo que sobre él escribe se hace mayor, le cuesta cada vez más escribir, porque las nuevas tecnologías ya no le complementan, sino que le restan fuerzas. «Es terrorífico que la gente esté tan enganchada a las nuevas tecnologías, hasta el punto de degradar el lenguaje, porque hay algo muy importante en todo esto y es que si degradamos el lenguaje degradamos nuestra propia cultura».

Desde que el hombre es hombre han existido los cuentos «porque nacieron como respuesta a preguntas sin respuesta como ¿qué es la luna? o ¿por dónde sale?». Asia, África, Europa, América y Oceanía tienen sus propios cuentos, historias ambientadas en su cultura o su cultura ambientada en sus cuentos y es que ésta es otra de esas preguntas que no tienen respuesta y casi que mejor así.