Estaba claro, Heliópolis es verdiblanca. Una encuesta revela que el 72% de los residentes de este barrio son béticos frente a un 28% que lleva la contraria a la mayoría decantándose por el color rojiblanco. Así, queda demostrado, que el paisaje que da un estadio de fútbol a una vivienda influye en demasía con la inclinación futbolera.

A la simple pregunta de «¿es usted bético o sevillista?» en Heliópolis la primera opción es la que reina. La mayoría, porque les viene de casta, «mi abuelo era bético, mi padre es bético y yo soy bética». Otros porque tienen razones para llevar la contraria «en mi casa todos han sido siempre sevillistas y se mudaron a Heliópolis, allá ellos, yo nací bético». Pero a muchos, sin duda, lo que les ha influído es que el Benito Villamarín sea lo primero que vean cada mañana al despertarse «te guste más o menos el fútbol, está aquí, ves béticos todos los días, celebraciones, decepciones… al final acabas empatizando».

Con respuestas como esta, la pregunta tuvo un claro resultado verdiblanco con un 72% de vecinos béticos. Pero, ¿y ese 28%? Algunos pensarán que es por llevar la contraria o porque en realidad no son vecinos de toda la vida, osea, no pueden sentir el Betis igual. Pero el caso es que en Heliópolis hay sevillistas y no todos entran dentro de estas dos hipótesis. «Siempre hemos vivido en esta zona pero nos viene de lejos ser sevillistas, bueno, excepto yo que soy bética, pero mi marido y mis hijos son todos del Sevilla».

Aunque minoría «haberlos, haylos» y demuestran que, excepto en los 90 minutos de un derbi, béticos y sevillistas conviven en completa armonía y al final todos van al mismo quiosco a comprar la prensa, a los mismos bares a comentar el partido y a los mismos parques a charlar, si es posible, sobre fútbol.

Porque lo más curioso es que esta pregunta siempre tiene respuesta. No hace falta saber quién es Steinhöfer, las alineaciones que se dibujan para el derbi del domingo o si Guillén quiere o no seguir de presidente, los conocimientos futbolísticos y el seguimiento de la liga es totalmente irrelevante cuando se pregunta qué equipo de la ciudad se prefiere. La respuesta «a mí no me gusta el fútbol pero soy bética» o «yo soy de baloncesto pero soy del Sevilla» es clásica.

Vivir al lado de un estadio

Y si vivir cerca de un estadio implica, en muchos casos, la elección de un equipo de fútbol también supone vivir cada quince días un domingo de revuelo en las calles. Algo que para muchos vecinos, ya sean béticos, sevillista o indiferentes al balompié, es una clara desventaja. Porque aunque para los aficionados y residentes puede ser una alegría ver su estadio a todas horas, los días de fútbol es otra cosa.

«Cuando hay fútbol tienes dos opciones, o te vas las dos horas y vuelves cuando el partido haya acabado o no te mueves de casa esas dos horas» comenta Carolina Baena, una vecina que vive justo al lado del estadio y que, aunque en su familia todos son futboleros, notan las desavenencias entre ser vecino y ser aficionado.

«Además, los días de partido no se puede aparcar en la puerta de mi casa ¿y si no nos gusta el fútbol? ¿tenemos que estar pendientes del calendario de la liga para cambiar el coche? ¿y si te vas de vacaciones?» explica esta vecina que señala que para la mayoría de los residentes los días de fútbol son un caos. Y es que ya sea en Nervión o en Heliópolis, seas bético, sevillista o bávaro, vivir cerca de un estadio o núcleo de celebraciones tiene sus pros y sus contras.

Por su parte, en el barrio de Nervión, el 70% de los vecinos afirma ser sevillista.