Al sur del sur sienten a menudo estar en tierra de nadie, con lindes administrativas de distinto nombre que entorpecen en muchas ocasiones la evolución del barrio. Desde que sus memorias alcanzan a recordar, han alzado la voz por necesidad. En los zapatos de los que pelean por Bellavista rezan innumerables protestas para conseguir lo que tienen. Consta incluso una petición de segregación de la capital; el golpe en la mesa que en 1993 hizo despertar a los que deciden el devenir de la ciudad desde la Plaza Nueva. «Nos hemos criado en el status de la reivindicación. Nunca nos han regalado nada. Era la única forma de que nos tuvieran en cuenta».

Con el paso del tiempo, sin embargo, eso que poseen ha ido envejeciendo y quedándose pequeño. Porque mientras otros barrios no hallaban hueco alguno para crecer, Bellavista se convertía en una de las zonas de mayor expansión de Sevilla. «Y si la población aumenta pero los servicios básicos no, volvemos a tener problemas». En este sentido, una de las «reivindicaciones históricas» de la asociación de vecinos Unidad, de Bellavista, es la construcción de un nuevo centro de salud. «Hay sólo uno para 20.000 personas, y el número de vecinos sigue incrementándose. En cuanto llegue el invierno, y con él las oleadas de gripe, volverá a darse la misma estampa: interminables colas para urgencias y pedir citas, que son tercermundistas, y una lista de espera para el médico de cabecera que llega hasta los diez días», asegura Antonio Andrades, presidente de la asociación vecinal. En ese nuevo centro de salud, una idea que esperan reconsideren desde el Ayuntamiento y la Junta de Andalucía, piden que se incluya consultas de especialidades y un servicio de urgencias nocturno, ampliado también a fines de semana y festivos. «Sería una buena fórmula para aliviar las urgencias de los hospitales», consideran.

La seguridad es otro de los temas que más preocupan a los vecinos de Bellavista. «Con la crisis ha aumentado el menudeo. No es algo que se haya extendido por todo el barrio, pero sí hay puntos concretos que deberían estar más controlados. Si la Policía, en lugar de pasar de vez en cuando con el coche, patrullara a pie, que los vean implicarse en la seguridad del barrio, ahuyentaría los focos de venta de droga, así como robos que puedan darse en comercios o actos vandálicos en zonas comunes del barrio», opina José Antonio Iglesia, uno de los vecinos que más ha trabajado por el barrio desde los años 60.

La calle Apolo

La calle Apolo en la zona de Naranjitos

El mantenimiento de las infraestructuras de Bellavista entra también en la lista de reivindicaciones de los vecinos. Es el caso de la zona conocida como los Naranjitos, donde hay calles -Apolo, Cibeles o Fauno, entre otras- que necesitan de una renovación urgente de las canalizaciones y tuberías. «Pedimos que las arreglasen porque no se revisan a fondo desde hace décadas, pero el Ayuntamiento se limitó a asfaltarlas para callar a los vecinos». El auditorio es otra de las áreas desatendidas. «Construyeron una estructura que estaba llamada a revitalizar el barrio, sin embargo no se ha promovido ningún acto cultural y se encuentra abandonada». Respecto a esto, lamentan que desde la Delegación de Cultura o desde la de Deportes «no muevan un dedo» por llevar actividades en el barrio. «Todos los eventos, como la carrera nocturna, los concursos literarios, la ruta de la tapa o el festival de rock, nacen de la asociación, con patrocinio de los propios comerciantes. De no ser así, el barrio estaría muerto», manifiesta Antonio Andrades.

En cuanto a la realización de actividades, con cerca del 50 por ciento de paro, creen que sería vital llevar a cabo talleres de empleo que ayudasen a los vecinos a buscar empleo. Hay muchos jóvenes parados y esos cursos les ayudaría, por un lado a encontrar trabajo y, por otro, a quitarlos de la calle».

Sitiados por el aparcamiento

Aparcamientos en la plaza Fernando VI

Aparcamientos en la plaza Fernando VI

Estacionar en Bellavista es misión (casi) imposible. «Antes, nadie tenía coche y las casas y bloques se hacían sin garaje. Ahora las familias poseen hasta tres coches que tienen que dejar en la calle». De ahí que zonas como la plaza Fernando VI, la calle Guadalajara o Asensio y Toledo estén masificadas, incluso con vehículos aparcados a diario en sitios inhabilitados para ello. Asimismo, en lugares como la avenida de Jerez han sido tomadas por los gorrillas. «Es necesario que encuentren solución a esto sin tener que recurrir a la zona azul. El tráfico en el barrio es un caos».

Igualmente reclaman un estudio del arbolado. «No recuerdo la última vez que Parques y Jardines se preocupó por el estado de nuestros árboles. Algunos los han podado directamente al enfermar y no los han repuesto. Tenemos calles por las que es insoportable andar en verano, como la avenida de Bellavista, sin apenas sombra».

En relación a esto, los vecinos echan en falta un pulmón verde para el barrio. «A excepción de los pequeños parques infantiles, no tenemos una extensión de terreno para que los jóvenes puedan correr o los mayores caminar. La Diputación de Sevilla tiene terrenos de pinar junto a la ermita de Valme que podrían habilitarse como parque. Algo que revalorizaría la barriada -estima Antonio Andrades-. Pero para eso tendría que haber una voluntad política entre el Ayuntamiento y la Diputación para que fuera posible. Aunque eso podría aplicarse a todas las reclamaciones vecinales. Con voluntad e implicación por parte de las distintas administraciones, no tendríamos que estar peleando día sí y día también. Entendemos que el centro es el foco del turismo, y esta ciudad vive de ello, pero el resto también tenemos derecho a vivir dignamente».