¡Qué clásica es esa escena, propia de película americana, en la que el cliente deprimido dialoga con su camarero! Pero es eso… clásica. Ahora lo que se lleva es interactuar con la barra del bar. Con un simple toque, como por arte de magia, la barra te mostrará fotos o proyecciones de lo más dinámicas. Esto es lo que se llama, barra interactiva.

Una empresa alemana, creadora de suelos interactivos se convirtió en la primera piedra de un proyecto que, en buenas manos, tendría mucho futuro. Se dieron todas las circunstancias y a Sevilla llegó el suelo que acabaría convirtiéndose en barras, murales o proyecciones a lo grande. Vodafone, Bezoya, Coca Cola o la Once son algunas de las grandes que han contado con Famori para celebrar un día especial.

Hasta veinte países del mundo han contado con los productos de la sevillana Famori, entre ellos España, por supuesto, más concretamente en Ibiza y la discoteca más grande del mundo, Privilege. Sus barras no son solo un lugar donde pedir la copa y del que salir pitando hacia la pista de baile, las proyecciones que crea el cliente con los dedos dejan a más de uno ensimismado. Así funcionan las barras interactivas, entretenimiento que se esta extendiendo por todo el mundo y que le ahorran al camarero más de una terapia.

Y si de suelos interactivos se han creado barras, con ese mismo código fuente se han diseñado enormes proyecciones a medida. Un puntero láser que escribe en la pared lo que anteriormente se escribió con el móvil, decoraciones innovadoras para ambientes exclusivos como el Ushuaïa Ibiza o la presentación del diseño de la tabla de surf de la mismísima Gisela Pulido, son solo algunas de las creaciones de esta empresa sevillana, para el mundo.

Adrián Ortiz y Famori

Con 20 años se hizo con la distribución española de unos suelos interactivos alemanes, ahora Famori es barras interactivas, campañas de publicidad a lo grande y mucha mucha originalidad. Tras esta empresa, conocida en veinte países, está Adrián Ortiz un joven que a lo único que tiene miedo es a «no intentarlo».

El origen de Famori no se remonta al día en el que se registró el nombre de la empresa o que tuvo su primer cliente, Famori es la historia de quien la levantó de la nada, Adrián Ortiz. Cuando le preguntan cómo empezó todo, señala que «mientras estudiaba administración y dirección de empresas,comencé a trabajar en una empresa de pintura y de allí pasé a una consultoría y auditoría, pero era muy aburrido. Así que estando en cuarto de carrera le dije a mi padre: papá, si hubiese estudiado informática te hubiese pedido un ordenador, pero como estoy estudiando esto te pido un poco de dinero para montar mi propia empresa» y así sí empezó todo.

Pero aun quedaba camino, ahora tocaba saber de qué sería su empresa «fui buscando por ferias nacionales e internacionales algo que me entusiasmase y me topé con ello en Alemania», allí vería por primera vez el suelo interactivo, base de lo que hoy son él y su empresa. «Al verlo me encantó, le vi muchas posibilidades pero había 150 empresas peleándose por su distribución, y yo estaba solo, con 20 años», pero esto no apaciguó las ganas de Adrián de traerse a Sevilla el suelo interactivo, «sabía alemán y como soy el tío más pesado del planeta, lo conseguí y además me traje conmigo una lista con los 150 contactos de las interesadas en la distribución».

«Cada vez íbamos a mejor, hasta que se produjo un punto de inflexión. Los alemanes dejaron de proporcionarnos soporte técnico, me puse a investigar y supe que era porque los tres socios de la empresa iban a separarse así que negocié con ellos y le compré el código fuente con el que están hechos todos los programas».

Con el código fuente los siguientes pasos serían agigantados, primero llegaría la patente de las proyecciones interactivas y luego las barras interactivas «que hemos colocado en multitud de negocios, entre ellos la discoteca Privilege, la más grande del mundo». La proyección totalmente personalizada, proyectos a medida, ya eran demandados desde veinte países del mundo. «Una de las campañas que hemos hecho fue para una marca de agua mineral, construimos una botella de 10 metros de altura que se llenaba a través de un hashtag de Twitter, cada vez que un usuario hacía un comentario con ese hashtag, la botella se llenaba una cuarta, la gente alucinaba».

Y como esos, cientos y cientos de proyectos nacidos de la base del suelo interactivo pero con mucha más proyección, a medida y buscando siempre la originalidad e innovación. No es la única empresa que ha levantado Adrián y, teniendo en cuenta que tiene tan solo 29 años, seguro que dará muchas sorpresas que harán que España y Sevilla sigan sonando en el mundo empresarial. Y es que la clave del éxito esta en no tener miedo, «somos el país que inventó el submarino, el Chupa Chups y le puso palo a la fregona, tenemos grandes ideas pero también mucho miedo al fracaso. La diferencia es que yo solo tengo miedo a no intentarlo»