El mercado de Heliópolis tiene 30 años de historia como plaza de abastos, pero este edificio ha sido colegio, iglesia y comedor social durante mucho tiempo. A este rincón de la calle Bolivia le sobra solera y es menester que tanto comerciantes como vecinos de la zona den un empujón económico y social para que el barrio tenga el mercado que corresponde.

La plaza de abastos de Heliópolis no es ni más ni menos que una obra de Aníbal González terminada en 1929. En sus inicios albergaba el ir y venir de los estudiantes del colegio Claret, institución de relevancia en el barrio que por aquel entonces tenía su sede en aquel edificio blanco de la calle Bolivia. Posteriormente haría las labores eclesiásticas ya que la iglesia de la zona se afincó en dicho caserón durante un largo periodo de tiempo hasta que las circunstancias provocaron una mudanza y el edificio quedaría como comedor social.

Quizá esa función de comedor social es la que provocaría que hoy sea un mercado. Por una razón o por otra, la historia habla por si sola y el lugar del que dispone la plaza de abastos de Heliópolis es sin duda un emblema para el barrio, por lo que el cuidado y la ilusión por mantenerlo vivo es de todos los que allí viven y trabajan.

Meli es peluquera y actual presidenta de los comerciantes del mercado, «creo que hay que impulsar esta zona comercial, buenos productos, calidad y servicio» porque no es solo la reciente costumbre de acudir a las grandes superficies a comprar la que está decayendo esta plaza sino que además «los trece comerciantes que actualmente habitamos la plaza tenemos que aprender a organizarnos, a colaborar y no darnos codazos. El mercado es nuestro lugar de trabajo y tenemos que convertirlo en un sitio en el que la gente se sienta a gusto».

En los últimos años el mercado ha sufrido grandes cambios tantos en comerciantes como en tipos de comercio y es por ello que aún está en proceso de adaptación, una problemática temporal que con esfuerzo de todos ellos saldrá adelante si es que la crisis les deja, «la gente ha perdido el concepto de lo próximo y estamos notando muchísimo los efectos de la crisis».

Pero este mercado merece la vida que cuenta su historia. Con un florista que hace maravillas con las plantas y es llamado por cofradías y hoteles para hacer adornos; un puesto de comida preparada que es la salvación para muchas familias de trabajadores; una marisquería y un bar que los viernes se llena de clientela que toma su cerveza de inicio del fin de semana. Con todo ello, y los casi diez que faltan por nombrar, teniendo en cuenta que Heliópolis es uno de los barrios sevillanos con más cercanía entre sus vecinos y más esencia de barrio, seguro que este mercado acabará haciendo honor al edificio en el que se afinca.