El campo de las «tablas verdes» así se llamaba el primer estadio en el que jugó sus primeros partidos el Real Betis Balompié. Estaba situado en el Prado de San Sebastián y hasta 1920 no se acercaría a la zona en la que actualmente tiene sede el terreno de juego del equipo verdiblanco. Pero sería otra vez una Exposición, en este caso la Iberoamericana del 29, la que modificaría el esquema de la ciudad, bueno, en este caso, de la urbe bética.

Durante la Guerra Civil el Estadio de la Exposición, a excepción de algunos partidos amistosos, sólo fue sede de las tropas italianas que se afincaron allí durante la contienda. Una vez se marcharon los italianos el Estadio mostraba su peor cara y se ordenó su reparación, de la que se dice que formó gran parte el Ayuntamiento aunque no hay datos oficiales. En marzo de 1939 Queipo de Llanos el Estadio pasaría a manos de los verdiblancos que 22 años después comprarían el recinto para uso exclusivo de la Entidad Bética.

Por aquel entonces el bautizado como «Estadio municipal de Heliópolis» tendría un aforo aproximado de 10.000 expectadores, una cifra bastante acorde con el censo de población que registraba la ciudad por aquel entonces, pero estos datos serían temporales. Sevilla crecería y con ella el número de aficionados verdiblancos, el aumento de población y el ascenso del equipo a Primera División en 1957 hicieron más que necesaria una reforma en recinto. Aquí comenzaría hacerse grande en el beticismo el nombre de Benito Villamarín, el artífice principal de este empuje arquitectónico.

Gol Sur sería el primer sector en beneficiarse de un lavado de imagen. Una reforma que puede enorgullecerse de haber tenido al prestigioso arquitecto sevillano Antonio Delgado Roig, al frente. Cabe recordar que entre sus trabajos se encuentran la Basílica del Gran Poder o el Santuario del Rocío. Así, el 8 de julio de 1958 se comenzaría la reforma del Gol Sur y con ella la ampliación del estadio de Heliópolis, que en aquel momento construiría la que, por entonces, se convertiría en la grada alta con 8 metros sobre el terreno de juego.

Al Sur lo seguiría el Norte, la antigua grada de Preferencia que pasaría a llamarse «Fondo» y por último la zona «noble» la Tribuna. Estas obras permitirían a todos los béticos disfrutar el juego de un equipo que cada vez levantaba más pasiones. Una reforma que se ha convertido en la más querida y recordada pero que, para gusto de algunos y disgusto de otros, ha sido retocada y cambiada con los años hasta la imagen que hoy muestra desde la avenida de la Palmera.

Don Benito Villamarín no centraría sus esfuerzos de engrandecer el club tan sólo en el estadio. En 1959 conseguía una cifra histórica de aficionados: 14.000. Y es que ese fue un año clave en la historia del club, del estadio y del beticismo. El Betis volvía a Primera División ganándole a su eterno rival por 2 a 4 en partido oficial en un Sánchez Pizjuán recién inaugurado. El equipo verdiblanco anunciaba la instalación de la iluminación eléctrica, que estrenaría con un amistoso contra el Benfica el 8 de junio de 1959.

Y aunque le seguirían muchas reformas, aunque aún se entra en polémica por el actual estado del Gol Sur para los béticos el estadio empieza y acaba con Benito Villamarín. De ahí su rotulación a coste de los propios seguidores que podían rellenar unas suscripciones voluntarias aportando lo que pudiesen para colocar una ornamentación con el nombre del presidente gallego. De hecho, tirando de «hemeroteca internauta», aún se pueden encontrar algunos boletos en los que aparece el nombre del colaborador y aportaciones de «trescientas pesetas, doscientas o cien».