El número 1 de la calle Laguna es parada obligatoria un Viernes de Dolores. Ahí vive Pepe Calle y es punto de partida para muchos de los hermanos del Dulce Nombre de Bellavista.

La paralela a la plaza de las Cadenas, sí sí la calle Laguna, ahí hay que parar antes de hacer estación de penitencia. Pepe Calle es un símbolo en la hermandad del Dulce Nombre de Bellavista y las torrijas de su señora son la base energética de muchos de los hermanos. Por ello, antes de cuadrar a los costaleros y tomar rumbo hacia la iglesia hay que parar por Laguna nº 1.

«Comenzó al principio, antes de ser una hermandad, aquí se reunían costalero y capataces antes de la salida. Ahora que somos más de 1.000 hermanos es mucho más difícil, pero los más allegados siguen viniendo» cuenta Pepe Calle, capataz del Dulce Nombre de Bellavista y símbolo indiscutible de esta hermandad. A las cuatro de la tarde, cuando las calles aún respetan la digestión hay un rincón en Bellavista que siente el gentío, los nervios previos, la confianza y hermanamiento que provoca la hermandad del barrio.

A las puertas de la casa de Pepe Calle un grupo de hermanos se abrazan, bromean y ríen. Quizá fruto de los nervios, quizá fruto de la confianza, sea como fuere la casa de Pepe es punto de encuentro para todos ellos, tradición insalvable de un Viernes de Dolores.

A las cinco de la tarde todos bajan la calle hacia la plaza de las cadenas, donde los costalero esperan para cuadrar y encaminarse hacia la iglesia y «que sea lo que Dios quiera». Costaleros de Cádiz, Cáceres e incluso de Jaén, todos quieren formar parte de un cortejo que cada año es más grande y cada día se carga de una solidaridad envidiada por otras muchas hermandades de la capital.

Es el caso de Juan Antonio Carrasco que nacido en Sevilla Este y vecino del Casco Antiguo, desde hace unos años todos los Viernes de Dolores se desplaza hasta Bellavista para cargar su devoción y hacer penitencia con una hermandad de víspera que, a pesar de no haber nacido cerca de ella, siente como suya.

Por personas como Juan Antonio, por sus hijos, por su mujer, sus sobrinos y lo que, sin ser de su familia, cada Viernes Santo se citan en su casa, Pepe Calle entrega todo lo que tiene por su hermandad, la del Dulce Nombre, la de su barrio, la de su alma.