«Algunos llegan para una estancia temporal y acaban quedándose» este es quizá el mejor reflejo del bienestar y la calidad de vida que el Centro de Mayores Fundomar proporciona a sus usuarios. Vida es el sinónimo de este lugar situado en Los Bermejales.

130 residentes llenan de calor y alegría los 9.000 metros cuadrados que componen el Centro de Mayores Fundomar. Y si importancia tienen los mayores, también son protagonistas los trabajadores que no solo superan el ratio establecido en número sino que en calidad encabezan las listas, seguro. Y es que el trato individualizado que se da a cada residente conforme a sus necesidades es la gran baza de este centro.

Un paseo por sus instalaciones con los mejores guías como son Fernando Acosta y Curro García, director y gerente respectivamente, y no hará falta que les convenzan de lo especial que es este lugar. En el sótano, un grupo de unos quince residentes hacen gimnasia, «hay varios grupos conforme a las necesidades y situación de cada uno de ellos, el objetivo es que todos los residentes se beneficien del deporte pero siempre adaptado de manera individual».

Dejándolos tranquilos que se concentren en su pelota y sus ejercicios de estiramiento, frente a fisoterapia se encuentra «la sala de la autoestima» o, para que lo entiendan, la peluquería, «es muy importante que ellos se vean guapos y bien» cuenta Fernando.

Subiendo a la planta baja la luminosidad es lo primero que se percibe, hasta los días nublados o lluviosos el centro está lleno de luz natural, «las ventanas son fundamentales y están en todos lado, la luz es muy importante para ello, necesitan ver naturaleza y ver la calle y por eso tanto en habitaciones como en zonas comunes siempre hay grandes ventanales». Cristaleras que, en su mayor parte dan al patio de la residencia, lugar de reunión, contacto con la naturaleza y centro de actividades al aire libre.

El comedor y la cafetería también están situados en esta planta. Las habitaciones se diviven desde esta la baja hasta la tercera planta, «dependiendo de la autonomía y características de cada residente estan en una planta u otra para que siempre estén rodeados de gente afín a ellos y se sientan más arropados y agusto». Dobles o individuales, las estancias siempre miden 1,30 metros más de lo que establece la normativa, «es una regla que siempre tenemos que tener en cuenta». Además de amplias están adaptadas y el centro ofrece la posibilidad de que «cada residente personalice su habitación».

Por último, en la segunda planta está la consulta en la que el médico revisa a todos los residentes, los atiende en caso de enfermedad y, cuando no se encuentra físicamente en Fundomar, está siempre disponible a golpe de teléfono. La que siempre está ahí sin lugar a excepción es la enfermera que durante los 365 días del año y las 24 horas de cada uno de ellos no deja solos a sus residentes.

En este interesante paseo, Fernando y Carlos se van parando a saludar a reír y escuchar a los residentes que van encontrando por el camino. Bromas y consultas obligan a hacer un alto en el camino para atender a los que dan vida a este lugar, los mayores. Este trato individualizado existe y se da en cada servicio del centro. Desde las manualidades hasta el comedor pasando por los problemas que cada uno pueda tener en su día a día, los trabajadores y voluntarios de este lugar viven por y para sus mayores, «las puertas de mi despacho siempre están abiertas» explica el director.

Esta gran cualidad es gracias al personal de este centro que mima y protege a cada uno de los residentes «aquí nos sabemos nombre y apellido de todos y cada uno de ellos, así como su forma de ser y lo que le gusta y lo que no». Cómo no, es esta una de las características que más destacan y agradecen los mayores, «el trato cercano con todos nosotros, la luminosidad y sentirse escuchados, la verdad es que todos dicen sentirse muy agusto» cuenta Acosta.

Aún existen prejuicios sobre las residencias de ancianos, dudas y miedos de los residentes y sus familiares. Pero en Fundomar al pasar los días esa sensación desaparece, «al principio ese miedo es normal y siempre está, es temor a lo nuevo pero en cuanto conocen la profesionalidad y el trato que se ofrece aquí, esa sensación se va» de hecho, «muchos de los que vienen por estancias temporales acaban quedándose de manera indefinida».

Fundomar y Los Bermejales

Otro de los aspectos en los que destaca el centro de mayores Fundomar es su relación con el barrio de Los Bermejales. Pocos son los vecinos que no conocen la labor que allí se hace y es que no es para menos porque prácticamente todas las actividades que organiza el centro se abren al barrio.

Jornadas de puertas abiertas, actividades propias de la época (navidad, semana santa, feria, primavera, verano… etc.), la cafetería que da a la calle y atiende tanto a residentes como a vecinos que por allí pasen, las actividades intergeneracionales y los talleres municipales que se imparten en el centro. Éstos eventos son de gran importancia porque mantienen a los mayores en continua relación con los vecinos, algo que beneficia a ambos y crea vínculos dignos de reflejar en un libro.