Hace tres meses que Ernestina llegó a la Clínica Veterinaria Bellavista, desde entonces es la atracción principal de los trabajadores, clientes y pacientes, ya que tanto perros como gatos se llevan estupendamente con esta graciosa cerdita. Con su «floripondio» morado y su correa rosa «que son los colores que le favorecen a ella», Ernestina se pasea por la clínica moviendo su simpático rabito y, si puede, mordiendo algún que otro cordón de zapatos. Con estas «gracietas» esta cerdita enseña a los visitantes que todos los animales merecen un respeto.

«Cuando trajimos a Ernestina lo hicimos con la intención de demostrar que este cerdito no era tan distinto a los que nos comemos, pero además requiere cuidados y mimos como nuestras mascotas. Con Ernestina queríamos demostrar que todos los animales merecen nuestro respeto» así lo explica Fátima González propietaria de la Clínica Veterinaria Bellavista y «mamá» de Ernestina. Y como era de esperar, esta cerdita no solo cumple su función educadora sino que además ha adquirido una labor más que importante «he descubierto que Ernestina esta aquí para hacernos reír» cuenta Fátima.

Cuanto Fátima González llegó a Bellavista, hace ya 15 años, tanto el barrio como ella eran muy distintos, «cuando llegué, hasta dar la pastilla antiparasitaria a los perros me costaba, no se concebía que eso pudiese ser fundamental, ahora es muy distinto este barrio ha cambiado muchísimo desde el día que llegué». Y es que Fátima no es una veterinaria al uso, es una gran defensora de los animales, una luchadora nata, una mujer que cuando llegó tenía 10 animales menos en su casa de los que tiene hoy.

«En España no hay concienciación medioambiental, vamos poco a poco evolucionando, ganando en leyes, pero la concienciación individual del cuidado de los animales a veces es penosa» cuenta Fátima por cuyas manos han pasado casos como el de Abril, una galga que fue violada y «rebentada por dentro» o el de Vida, una perrita abandonada en un polígono y a la que «le caían lágrimas» de los ojos al llegar a la clínica. Cada semana una camada nueva es abandonada en la puerta de Fátima, ella no da más abasto y esos «animalitos no merecen eso».

Abril y Vida son solo dos ejemplos de la dureza con la que se trata a los animales, de la poca conciencia y respeto que tienen algunas personas, pero también son ejemplo de que «existen personas maravillosas». Abril, ya operada y recuperada fue a vivir a Madrid con una familia que la adora y Vida también tuvo que salir de Sevilla, pero el camino mereció la pena porque la esperaba Greta, la imagen personificada de su segunda oportunidad.

Otra de estas «personas maravillosas» es Eduardo Carvajal, un amante de los animales que «no puedo ver a un perro deambulando por la calle, solo, abandonado o herido y no hacer nada». Actualmente, Eduardo tiene dos galgos, Cleopatra y Héctor, la primera de la asociación Don Galgo creada por la propia Fátima y el segundo lo recogió él mismo en un parque. Además, tiene a dos más en acogida, también de la clínica, y que esperan una familia en adopción «estos animales en contra de lo que se cree son muy tranquilos y cariñosos, son la perfecta compañía» cuenta Eduardo, enamorado de sus galgos.

La que también ha aumentado su familia desde que la Clínica Veterinaria Bellavista abriese sus puertas es Fátima. La bulldog Kolita, la gata Jacoba, el adorable Churri, la cocker Paula y muchos «muñecotes» más son los integrantes de la familia González, y es que Fátima «no puedo eutanasiar a un perro que tenga una buena calidad de vida, no soy Dios para decir quien vive y quien muere» y menos mal, porque entrar en esta Clínica es ver felicidad por todos lados, felicidad animal «la mejor de las alegrías».