Si escuchan el nombre de José Hoyos la mayoría no sabría de quén hablamos pero si decimos Seple seguro que a más de uno se le dibuja una sonrisa que le seduce a leer este artículo, como se le sedució un día la esencia del bar Casildo.

Cuarenta años viendo crecer a Bellavista y ésta viéndolo crecer a él. El bar Casildo es punto de encuentro en el barrio es «la sala de estar de todos los vecinos» es mucho más que un bar, es un lugar donde encontrar un consejo amigo, donde reir y desahogarse, donde sea cuando sea siempre encontrarás a profesionales entegrados por tu bienestar.

Esta esencia llegó directamente de alemania en el año 73 para quedarse en Bellavista. José y Manuela eran dos sevillanos que tuvieron que emigrar para prosperar, durante catorce años Stuttgart fue su casa aunque en la mente de este matrimonio solo existía una ciudad, Sevilla. Así que en cuanto tuvieron dinero suficiente para volver a casa y montar un negocio, regresaron a la capital andaluza y esta vez para quedarse.

A Alemania fueron dos pero volver, volvieron tres. Este pequeño de siete años se llamaría José, como su padre, pero claro en Alemania era Joseph, cuyo disminutivo en tierras germanas sería Seple, que aunque se pronuncia «Sepel» antes de llegar a Sevilla ya se sabía que cuando aterrizase en España José nunca más sería José o Joseph, sería Seple, tal y como se escribe.

Aunque José era de Cazalla y Manuela de Arahal, ambos tenían claro que querían vivir en la capital. Muchos eran los amigos del matrimonio que trabajaban y vivían por la zona de Bellavista, así que no había más que pensar éste sería su barrio de aquí en adelante. Por lo tanto aquel negocio con el que soñaban desde tierras alemanas ya tendría sede, Bellavista, y pronto tuvo nombre, Casildo, un nombre que hoy es parte importante de la historia del barrio y, sobre todo, sus vecinos.

«Es como de la serie Cuéntame, una sala de estar donde los vecinos se encuentran como en su casa, es la sala de estar de todos los vecinos del barrio», así describe Seple su bar. «Hay un lazo de unión muy fuerte entre la clientela y este bar, son cuarenta años de relación» clientela a la que siempre trata como hermanos, de la que recuerda no solo nombre sino gustos, alegrías y problemas. «El bar Casildo es un buque insignia en el barrio» dice orgulloso del negocio que parieron sus padres, que ha criado Seple y que sus hijos empujan a la madurez.

Comprometido con los Payasos Crouss, la Unión Deportiva Bellavista, la asociación de vecinos Unidad de Bellavista y, en definitiva, «todo aquello que sea bueno para el barrio y me pidan mi colaboración, ahí esta el bar Casildo». No es de extrañar que las paredes de este bar se hayan llenado, con los años, de reconocimientos de entidades, asociaciones, Ongs o peñas que tan solo tienen que conocer a Seple para sentir esa necesidad de premiar su carisma. Eso sí, todas las paredes son capaces de aguantar galardones de variada procedencia excepto «El rincón del jefe». Fundado el año pasado, este rincón nació con el reconocimiento que hizo la hermandad del Dulce Nombre a Seple, la imagen que le regalaron bastó para que el alemán dedicase un rincón entero a Nuestro Padre Jesús de la Salud y Remedios o, como lo llaman en la hermandad, «el jefe».

Tres generaciones de gente buena

Pero tras todo esto, tras esta bondad, amabilidad, humildad y disposición hay una familia que es quizá la causa de todas estas cualidades. Por delante de Seple, sus padres quienes les enseñaron que hay que luchar por lo que se quiere aunque suponga alejarse a miles de kilómetros de una parte de uno mismo. Unos padres que le enseñaron que si la familia permanece unida y rema a la misma dirección se pueden mover montañas.

El bar Casildo es fruto de esa lucha, pero Casildo también ha dado sus frutos y uno de los más importantes es la unión entre Seple y Loli. «La conocí en este bar» recuerda el alemán con los ojos brillantes y articulando con una voz quebradiza «ella es mi otro 50%, dicen que detrás de un gran hombre hay siempre una gran mujer y en muchos casos es ella la verdadera partícipe de todo, pues este es uno de esos casos». Una frase que enmudece a Seple porque los sentimientos no le dejan decir más. Unas lágrimas contenidas que dejan leer en sus ojos la sinceridad de sus palabras y, por consecuencia, de su alma.

«Somos una familia humilde, trabajadora y solidaria, que no tiene fondo de horas para que el negocio vaya viento en popa» y es que en este bar echan una mano todos y cada uno de los miembros de esta familia. Aunque contratados hay entre cuatro y ocho trabajadores, además de Loli a la cocina y Seple a la atención al público, sus hijos también arriman el hombro «el coche, la facultad, las vacaciones y los gastos se lo han ganado euro a euro mediante su propio trabajo». Aún así Seple quiere algo más para sus hijos «quiero que el bar siga pero que si lo cogen sea de manera administrativa, que no echen tantas horas como le he echado yo, que ellos puedan disfrutar de sus hijos».

Y qué decir de «la Matriarca», Manuela, que aún sigue dando guerra y a sus 70 años sigue formando parte del sueño que un día ella y su marido tuvieron y que cuarenta años después sigue en plena forma. Los Hoyos merecen cada palabra y cada gesto de unos vecinos que también son parte de esa familia, porque esa sala de estar es la prolongación de sus casas, porque las tres generaciones de Hoyos coninciden con tres generaciones de vecinos de Bellavista, pero, sobre todo, porque la transparencia de los ojos de Seple y la sencillez de sus palabras lo convierten en hijo, padre y hermano de todas las generaciones que existan en el barrio.