Trescientos belenes de todo el mundo, menaje propiedad de Alfonso XIII, cámaras de los años 30 y artículos de barbería de los 40. Un auténtico museo cuya joya de la corona son los juguetes con más de 1.000 unidades que representan hasta cinco generaciones. Olivia ha convertido «una clase de antropología».

Olivia Sánchez es «hija única, nieta única y sobrina única» con lo cual ella ha sido la encargada de despedir a sus antecedentes y heredar sus recuerdos. Las vitrinas de su casa son pedacitos de su historia, parte de su vida que si valor tienen, económicamente hablando, mayor importancia tienen para ella.

Los belenes siempre le fascinaron jugaba con ellos desde muy pequeña y a los diez años comenzó a coleccionar distintos belenes. Actualmente tiene tres vitrinas que contienen más de trescientos. Desde los graciosos de los «veinte duros» hasta uno hecho con cristal de Swarosky. Pero lo más curioso es que allá donde va o donde van sus familiares y amigos, le traen un belén significativo. Desde India hasta Egipto, pasando por la mismísima Belén «que está hecho con madera del Huerto de los Olivos».

Cada uno con su particularidad, por ejemplo de indio no tiene mula ni buey sino que tiene bisontes y coyotes. O el francés en el que un cura preside el nacimiento de Jesucristo. Curiosidades infinitas que han dado lugar a muchas anécdotas, «un día en la puerta de casa había un muchacho riéndose y me asusté, de repente me dijo: ¿Olivia no me conoces? Resulta que era un antiguo alumno mío que era piloto había viajado a los Emiratos Árabes y por una avería en el avión tuvo que quedarse más tiempo del previsto en ese país y no se lo ocurrió otra cosa que buscar un belén para su profesora de hace 20 años».

Los belenes no es lo único que colecciona, aunque se podría escribir un libro solo con ellos. Cámaras de foto y de video de los años 30 y 40, artículos de barbería e incluso una sala en la que su marido Juan Luis Manfredi guarda todas las publicaciones e imágenes más relevantes de su importante trayectoria en el ABC de Sevilla. Pero el plato fuerte de las colecciones de Olivia está en los juguetes un garaje completo y una habitación son las dos salas de exposiciones, el contenido es claramente emotivo.

La historia a través de juguetes

Más de mil juguetes que representan hasta cinco generaciones. Desde su abuela hasta sus nietos, las estantería de Olivia te adentran en un viaje a la más tierna infancia.

Dividido en dos salas, faltando aún así espacio, en la primera se encuentran las barbies. Más de 300, todas diferentes y muchas creadas por la propia Olivia. Desde las primeras de los años 50 hasta las más actuales. Colecciones limitadas, ediciones de las más comerciales, muñecas de países y princesas Disney.

Olivia no se pierde una y de todas formas si no las hay ella las hace. Solo hay que «comprarla distinta, desnudita y ponerle la ropa que queramos» y así esta habilidosa mujer ha hecho en Barbie a el matrimonio Obama, a los Kennedy, a Audrey Hepburn, a Jack y Rose de Titanic, los personajes de Star Trek y hasta la foto de familia de la boda de su hijo. Y lo mejor de todo es que son auténticos, no les falta un solo detalle.

Horas podría pasar un visitante observando cada detalle de estas Barbies, pero en el garaje esperan muchísimas otras sorpresas. Desde juguetes de los años 30 hechos con cáscaras de cigalas hasta actuales Nancys. Todo ordenado por generaciones, estanterías repletas de recuerdos. Varias Güendolinas, los Hogarín, el Meccano, el Fuerte Comanche, la Play Station 1, el Cinexin y el primer Monopoly unen a varias generaciones de juguetes, de personas.

Olivia es una mujer moderna muy avanzada para su época pero que ha tenido una gran herencia y que le ha dado un significado a los recuerdos que ahora ocupan las paredes de su casa. Ha expuesto parte de su colección en la inauguración de las Setas de la Encarnación y la valoración de algunos juguetes superaba el millon de las antiguas pesetas pero para Olivia esto no tiene precio «me da igual lo del coleccionismo, dar esto sería que me quitasen un pedacito de mi misma, de mi vida».

Lo curioso es que este auténtico patrimonio, este museo sin par no es de los de: «No Tocar». Aquí se toca, se juega y se utilizan al máximo porque «los juguetes son para jugarlos, los juguetes que no se tocan se mueren y si se rompen pues se arreglan y si no se pueden arreglar pues han muerto como debe ser, jugando». De este modo, los nietos de Olivia tienen una abuela favorita porque hay un paraíso de juguetes de todo tipo y de todas las épocas que pueden tocar y dar vida, luego a la abuela le toca ordenarlos y arreglar los desperfectos.

Todo lo que se diga es poco, mirar alrededor y no poder cerrar la boca. Fijar la mirada en aquellos juguetes con los que creciste, un auténtico lujo que todo sevillano debería experimentar por eso, «el único trato que haría es que me diesen una casa para colocarlos todos, abrirlo al público y sin afán de ganar dinero que todos pudieran disfrutar de ellos, me gustaría que quedase como patrimonio cultural de la ciudad de Sevilla».