La cocina gallega se ha quedado huérfana en la ciudad de Sevilla. Manuel Padín Pereira, el padre de la gastronomía gallega en la capital hispalense y, para muchos, de toda Andalucía, perdía la vida a causa de una parada cardíaca el pasado domingo, 2 de marzo a los 73 años de edad. Un duro golpe que ha hecho enmudecer al barrio de Heliópolis, donde Padín regentaba el conocido restaurante Cambados.

En su juventud llegó a Sevilla desde Cambados, donde nació en 1940. A los 36 años comenzó su andadura empresarial en la ciudad. En octubre del 1976 abre las puertas de su restaurante para ofrecer a los sevillanos los mejores sabores de su tierra, Galicia. Un espacioso chalet del barrio residencial Heliópolis fue el sitio elegido para montar el negocio.

A partir de ese momento, el restaurador no hizo otra cosa que trabajar, según su hijo, Javier Padín, Manuel era un luchador nato, y «su única y gran afición en la vida era trabajar». Hacía tres años que este prestigioso hostelero había sufrido la amputación de una pierna, estado que no le privó de seguir haciendo su vida normal y de «arrimar el hombro en el trabajo». «Él salía todos los días en su silla de ruedas, era un hombre que no sabía estar quieto», apunta Javier con admiración hacia su padre.

Cuenta su hijo que como buen conocedor de la gastronomía, tenía un buen estómago, «no tenía un plato favorito en concreto, podría enumerar muchísimos, pero diría que el rodaballo y la merluza estarían en su mente si le hicieran esta pregunta». Rodaballo, merluza, ostras, pulpo y un sinfín de platos que también han sido degustados por sus clientes a lo largo de los 38 años de vida que tiene el restaurante Cambados. Ahora este negocio queda en manos de su heredero, Javier Padín. El embajador gastronómico de la exuberante cocina gallega ha preparado bien a su hijo para que continúe con su legado en Sevilla.