Formada y estructurada a deseo del río Guadaira. Frontera entre Sevilla y Dos Hermanas. La antigua barriada de Santa Ana dejó de conocerse así con la llegada de un tal Pedro Salvador que con el levantamiento de su fábrica y su vivienda ajardinada puso la primera piedra de lo que sería la zona hispalense que hoy lleva su nombre.

La creación y crecimiento del barrio de Santa Ana están ligados a los sucesivos trazados del Guadaira, así como a la construcción de los muros de defensa de la ciudad contra las inundaciones. Sería en el año 1860 cuando se consideraría la zona como frontera entre el término municipal de Sevilla y el de Dos Hermanas. Una frontera caracterizada por el cruce con el río y el paisaje que dibujaban varios molinos, entre los que cabe destacar el del Arzobispo.

A finales del siglo XIX, por su condición de periferia de Sevilla, aparece convertida en zona de ventas. Este sería el inicio de una historia que marca a este emblemático barrio de la capital hispalense. La Venta de Antequera permitiría el conocimiento de la zona por artistas del cante y profesionales del mundo del toro. Situada a la entrada de la actual barriada, es celebrada en la literatura de la época como lugar de fiestas re lacionadas con el mundo del cante y de los toros. En 1929 la Venta sería trasladada al lugar que hoy ocupa.

Por esa fecha ya se habrían levantado algunas edificaciones en la zona como la de el Recreo de Santa Ana, que daría nombre a la barriada. Pero este nomenclátor no duraría mucho, una reestructuración de la zona llevaría a construir en el Recreo la fábrica de Pedro Salvador que sería acompañada de los jardines y la vivienda del propietario. Ésta sería la primera piedra de una serie de edificaciones que tomaron tanto peso que acabaron dando a conocer la barriada bajo el nombre de Pedro Salvador.

La construcción que hoy se conoce tardaría en tomar forma. Los vecinos más antiguos de esta zona recuerdan que «aquí no había nada, primero solo esos dos bloques de edificios y los demás son nuevos con respecto a estos» explican que «esto era una aldea, ahora, los vecinos todos se conocían y todos se ayudaban». Nada que ver los primeros pasos con lo que hoy muestra esta barriada. Eso sí, la vecindad sigue siendo casi la misma y bares como el ya conocido de «las Niñas» siguen recordando esa esencia de pueblo, de lo mejor de la convivencia que siempre ha caracterizado a esta zona de la ciudad.