En 2005 un concurso de diseño adjudicaría al británico Richard Roger la construcción de una sede empresarial única para la gigante Abengoa: Palmas Altas. Este arquitecto, seleccionado entre cuarenta y siete aspirantes, cogería la batuta de un proyecto que en cuatro años cambiaría, por completo, la imagen del sur de Sevilla.

La Semana de la Arquitectura 2013 ha guiado a los curiosos de los edificios sevillanos, por el Campus que la Universidad de Loyola tiene en Palmas Altas. El diseño del edificio, las instalaciones, el tamaño y las curiosidades de esta construcción, han sorprendido a todos los visitantes, que tras la ruta no pudieron negarse a pasar un rato en el restaurante, mientras admiraban aquella obra arquitectónica de grandes dimensiones.

Construido en una superficie de 42.100 metros cuatrados, este complejo fue diseñado con intenciones que pueden leerse en la tipología de los materiales, la elección de los espacios o la orientación. Aprovechar al máximo el sol con grandes ventanales de suelo a techo y mantener una temperatura agradable durante todas las fectas del clima sevillano, tanto fuera como dentro de los siete edificios de Palmas Altas, es posible gracias al arquitecto británico y los españoles Vidal y Asociados, que formaron parte del equipo Roger durante este proyecto.

El sol ha sido el condicionante principal de este proyecto. Los edificios están dispuestos de forma que la exposición al sol de las fachadas orientadas al este y al oeste queda reducida al mínimo al sombrearse unos edificios a otros. Dependiendo de la orientación que tenga cada edificio, las láminas de las ventanas tienen una separación u otra, para aprovechar o evitar las inclemencias solares. De este modo, se reduce sustancialmente la necesidad de incorporar elementos de protección solar.

La orientación de los edificios permite generar espacios de sombra entre ellos, lo que contribuye a reducir el gasto energético. Además estos espacios han sido muy bien ambientados dándoles un toque andaluz, con plantas y fuentes, que crean sensación de frescor en cualquier época del año.

Un diseño en el que se ha medido cada detalle, materiales, espacios, prestaciones… etc. en este complejo no ha quedado ni un cabo suelto y eso, se nota. Más de 3.000 personas acuden cada día a este complejo del sur de Sevilla, para trabajar o estudiar. Palmas Altas ha significado la revitalización de una zona inutilizada, que ahora esta dando pasos agigantados para convertirse en un parque tecnológico de referencia.

Universidad Loyola Andalucía

Los edificios F y G de Palmas Altas, una superficie de 16.300 metros cuadrados, están cedidos a la Universidad de Loyola. Exteriormente el diseño es idéntico al de los pertenecientes a Abengoa, puesto que todos pertenecen a un proyecto único e uniforme. Pero el interior, ha sorprendido a todos los visitantes, a los que no les hubiese importado en absoluto volver a la época universitaria, pasando por Loyola Andalucía.

Los suelos térmicos, y las paredes de bambú creadas para una mayor acústica, dan la bienvenida a los participantes de las cuatro visitas que el Colegio Oficial de Arquitectos ha organizado en su ya tradicional semana. La capilla también es una de las primeras paradas. Sencilla, al estilo jesuíta, pero en sus contadas piezas de imaginería han participado nombres tan relevantes de la tradición sevillana, como son Carrasquilla y¡o Marmolejo.

La mezcla del color gris y el alegre verde siguen predominando en todas las plantas. Las aulas casi están camufladas con las paredes del edificio. Multitud de espacios de descanso repartidos por los pasillos, permiten a los alumnos aprovechar todos los rincones para trabajar, descansar o dar el último vistazo a los apuntes antes de entrar en clase.

Pero uno de los elementos que más llamó la atención son las paredes y las mesas de cristal opaco que están repartidas por todo el edificio, incluyendo la biblioteca, y que, junto a ellas, hay una placa con rotuladores. La relación entre los bolígrafos y el cristal es sencilla, se puede escribir en él para los trabajos en equipo. Así, cuando estaba terminando la visita, lo que al principio asombró y extrañó se convirtió en algo normal, ver a los alumnos haciendo un trabajo y aprovechar las paredes para hacer sus cuentas, sin ser recriminados por ello, fue, sin duda, la anécdota del día.

Enchufes escondidos por todas partes, un sistema de iluminación ahorrativo y eficaz, ordenadores por todos lados y un restaurante del que bien pueden presumir, son algunos de los elementos que han convertido un edificio, que en su origen nunca se pensó para abarcar una universidad, en un auténtico campus de estudiantes que disponen de todas las facilidades y comodidades para llevar a cabo un trabajo de calidad.