Cincuenta y tres años hace ya que Domingo Calvo llegó al barrio y aún hoy, cinco años después de su muerte, sigue siendo el padre de todos los vecinos de Pedro Salvador. Entre quien entre en el bar es escuchar el nombre del hostelero y esbozar una sonrisa porque «no hay ni habrá dos como él».

Cuando un empresario de Los Palacios abriera en 1959 una cadena de bares bajo el nombre de este municipio, no imaginaba que en uno de ellos se escribiría la historia de un barrio entero. Domingo Calvo, original de Los Palacios, llegaría a un barrio de Sevilla en el que entonces sólo había perspectiva de terminar la construcción de tres bloques de viviendas donde, bajo el de en medio, el sevillano tendría su bar y su casa.

Los Palacios – Casa Domingo no es un nombre elegido por razones de marketing o tirón literario, el nombre fue impuesto en su inicio por aquel empresario palaciego, el apellido Casa Domingo era meramente descriptivo porque verdaderamente esa era la casa de Calvo y su familia. «Yo nací aquí, en la zona de los vinos. Tras la cocina, una habitación y un cuarto de baño y ahí vivimos hasta el 74 o 75» cuenta Margarita, la primogénita de Domingo.

A pesar de las dimensiones de esa habitación, «cuando venía familia de Cádiz mi padre los recibía con los brazos abiertos ahí, no importaban cuántos fueran, él le hacía hueco a todos» comenta María del Mar, que aunque no nació en el bar conoce a la perfección todas las historias porque sus vecinos la empapan a diario con ellas.

«Domingo era un padre para todos» comenta Benito que «lo conocí durante cuarenta años y puedo decir que he tenido la gran suerte de conocer a Domingo Calvo y te lo digo como lo siento y mil veces más te lo diría, porque todo es poco para explicar cómo era» cuenta este vecino, cliente y amigo de Domingo y toda su familia. «Recuerdo una vez que, como yo viajaba mucho, llegué al bar, me pedí una cerveza y a la hora de pagar me di cuenta que no llevaba la cartera encima, se lo dije a Domingo y me dijo: ¿y tú para que quieres la cartera? en mi casa la cartera no te hace falta».

Benito no es al único al que se le llena la boca al hablar de Domingo. Una mañana en Los Palacios de Guadalbullón y, cada persona que entra por la puerta, mira la foto de Domingo, sonríe y dicen cosas como: «¡qué monstruo!», «fabuloso», «una bellísima persona» o «¡este sí que era un caballero de los pies a la cabeza!».

«Al conocer la muerte de mi padre, un cardiólogo que tenía la oficina en esta calle y conocía a mi padre desde hacía unos años vino al bar y me dijo: Margari, me acabo de enterar de la muerte de tu padre y no vengo a darte el pésame, vengo a brindar por él, así que ponme una cerveza», acto seguido, Margarita Calvo, puso la cerveza al doctor, quien se acercó a la foto de su padre y dijo: «Domingo, he venido a brindar por ti porque si esta vida ha merecido la pena para mi, en parte, es gracias a ti, porque tengo el orgullo de decir que, siendo cardiólogo, no he conocido el corazón humano hasta que te conocí a ti».

Y es que cuentan que «con todos hablaba, jóvenes, menos jóvenes, niños y abuelos, todos le contaban sus cosas a Domingo, antes que a sus propios padres, porque lo que le contaban a él no salía nunca de su boca. Nunca hubo una palabra más alta que la otra, nunca hubo una discusión porque esta era su casa y se entraba y se entra con respeto» cuenta Margarita.  «Ayudó a mucha gente, todos eran hijos suyos, no importaba la edad, él siempre con una sonrisa en la cara, no tenía días malos» recuerda Ana, una vecina que estaba con él a diario y lo conocía a la perfección.

Entre todos ellos, ni más ni menos importante pero con un cachito del apellido Calvo, está Salvador el barbero del barrio por aquel año 59. La Virgen de Los Remedios los unió y aún hoy se le saltan las lágrimas al recordar a más que amigo Domingo, «vino a mi barbería y se quedó mirando una imagen de la Virgen del Rosario y me dijo: ¡conque el amigo es de Olvera! esa fue la primera frase que me dirigió y hasta su último día estuvimos juntos».

10 de enero de 2008

Con tanto amor a su alrededor cabe de esperar que la despedida a este gran hombre fuese a la altura de su bondad. A sus 81 años, el 10 de enero de 2008, Domingo Calvo fallecía y al tanatorio llegaban vecinos de todas las edades «que no venían por nosotras, venían porque eran sus amigos». No faltó un vecino, ni un amigo o familiar de Alcalá del Valle, tan es así que «el personal del tanatorio y el conductor del coche fúnebre nos preguntaron a mi hermana y a mi: «¿quién era vuestro padre? veo a niños, jóvenes, adultos, personas mayores, nunca he visto algo igual». Mi hermana, María del Mar, le contestó: era una buena persona».

«No lloré por la muerte de mi madre, cuando yo tenía 24 años, y tampoco lloré por la de mi padre, pero cuando una vecina me dijo en la iglesia: mira para atrás y mira toda la gente que quería a tu padre. Ahí se me saltaron las lágrimas, había gente fuera de la iglesia porque no cabían» recuerda Margarita.

Son muchos los momentos, las anécdotas e historias que rodean a la Casa Domingo, su persona y su familia. Podría escribirse un libro de bondades que los vecinos de Pedro Salvador, quizá haciendo un guiño a la canción de Sabina, seguro titularían: «La persona más hermosa del mundo».

Una plaza con su nombre

La asociación de vecinos Pedro Salvador, en colaboración con el distrito Bellavista-La Palmera, han aprobado poner el nombre de Domingo Calvo a la plaza que está sobre la sede de la asociación. «Cuando el presidente de la asociación vino a contárnoslo, le dije que no. Me daba miedo porque mi padre era una persona muy humilde, que no le gustaba el reconocimiento y no sabía si al decir que sí estaba haciendo lo que él hubiese querido. Después, hablé con mi hermana y orgullosísimas de nuestro padre, aceptamos la propuesta».

En unos meses una plaza del barrio que crió Domingo llevará su nombre y ese día en el que la cortina burdeos se descorra sobre la placa, volverá a sentirse a esta gran persona que, seguro, en ese momento y después de casi seis años de su marcha, volverá a reunir a tantísima gente que lo quería y que verá en esa plaza el nombre de un padre, un amigo, un hermano o, para ser más concretos, a Domingo Calvo.