Culminadas las fiestas navideñas toca afrontar la cuesta de enero, que en Sevilla bien podría llamarse Cuesta de la Amargura. La advocación del Domingo de Ramos no sólo es centro devocional del final de la calle Feria sino que además está presente en varios puntos del nomenclátor sevillano a través de retablos cerámicos y por dar nombre a dos espacios públicos, algo que únicamente ocurre con la Virgen de la Estrella y la Esperanza Macarena.

Según el «Diccionario histórico de las calles de Sevilla», la ciudad cuenta con una calle Amargura desde 1691, la que actualmente se conserva entre Relator y la plaza Calderón de la Barca, o lo que es lo mismo, el Mercado de abastos de la Feria.

La de la Amargura siempre ha sido una vía comercial dentro de un barrio repleto de negocios, hecho favorecido por su trazado peatonal, que permitía la presencia de variados tenderetes. De los de pregonar el género a viva voz.

Esa costumbre, que llegó a ser un problema por las aglomeraciones, la hizo «lugar de asentamiento de vendedores de frutas y hortalizas provenientes de las huertas de la Macarena». Con la ampliación del mercado, estos puestos ambulantes quedaron recogidos dentro de la «plaza».

Los historiadores no llegan a un punto común sobre el motivo de rotular esta angosta vía como calle Amargura, pero la cercanía del templo, si bien no inmediato, hace más que probable que se deba a la dolorosa anónima.

Muy lejos de San Juan de La Palma, en cambio, figura una plaza dedicada, al 100%, a la primera virgen coronada de Sevilla.

Azulejo de La Amargura en Rodrigo Caro / RetabloCerámico

Azulejo de La Amargura en Rodrigo Caro / Web RetabloCerámico

Cabría pensar que se sitúa en Los Remedios, el Distrito que cuenta con más nombres de Virgen en su callejero (25), pero lo hace en Triana, entre Alfarería y Tejares, en un núcleo residencial erigido en 1960.

De ese conjunto mariano, que fue ampliándose progresivamente entre los 50 y 60, fue una de las rotulaciones más tardías. En 1973. Queda obviamente al margen la calle Esperanza de Triana, «estrenada» en abril de 2009.

Retablos cerámicos

Pero la «ubicuidad» de la Amargura no acaba aquí. En la calle Santa Ángela de la Cruz, en la fachada del convento de la citada congregación, luce un azulejo de Juan José Macías que recuerda el vínculo entre las Hermanas y la cofradía.

No es el único. El que llama más la atención a sevillanos y visitantes, por su ubicación, es el que se realizara Antonio Morilla Galea para el número 13 de la calle Rodrigo Caro, antesala del barrio de Santa Cruz, en la que era la casa del histórico Hermano Mayor de la corporación, Manuel Bermudo.

Como curiosidad, el interior de la casa albergaba un oratorio privado con pinturas murales de Cayetano González y una reproducción de la virgen con San Juan, también de azulejo.

Quedarían otras muestras en domicilios particulares de la calle Jerónimo Hernández, Venezuela o San Juan de la Palma, en las dependencias de la Hermandad y en el interior del hotel de la plaza de San Andrés, entre otros, como apuntan desde la web RetabloCerámico.