«Un mal menor». La prostitución fue en la Sevilla de los siglos XVI y XVII un pecado tolerado. Pero el ejercicio de la lujuria por parte de las «mujeres barraganas y deshonestas» estaba acotado a un espacio designado y vigilado por las autoridades civiles y eclesiásticas: las mancebías. En la ciudad, este sitio era el compás de la Laguna, situado en el barrio del Arenal, una zona cercana al puerto, vivero de clientes, y lo suficientemente cerca del centro como para ser controlado.

El origen de las mancebías, y su aceptación social, responde a la preocupación de aislar la prostitución para que esta no perturbase el orden público. Las meretrices de la época cumplían una «importante labor social». La investigadora Mary Elizabeth Perry explica en su libro «Ni espada rota ni mujer que trota: Mujer y desorden social en la Sevilla del Siglo de Oro» que «sin su presencia -aludiendo a las prostitutas-, se pensaba que muchos hombres pondrían sus energías en la seducción de mujeres honradas, en el incesto, la homosexualidad o el adulterio. Esta era la doctrina cristiana que se fue elaborando desde el siglo XIII en torno a la sexualidad y a la prostitución, considerada pecaminosa pero necesaria».

Esta reflexión hace a las autoridades sevillanas redactar una ordenanza sobre la prostitución en mayo de 1553. Esta normativa prohibía la existencia de bares dentro de la mancebía ya «que el tiempo que -las meretrices- se ocuparen en ir a buscar la dicha comida -al exterior del prostíbulo- dexarían de ofender a Nuestro Señor en el dicho pecado». También regulaban los días de descanso obligatorio que coincidía con las festividades religiosas. «Los días de domingos, fiestas y quaresmas y quatro témporas y vigilias del año, antes mandamos que en los tales días las puertas de la dicha mancebía estén cerradas», dictaba la norma, que Felipe II ordenó exportar al resto del reino en 1570.

Localización del Compás de la Laguna en el Plano de Olavide

El Compás de la Laguna en el Plano de Olavide

Una comisión realizaba inspecciones en la mancebía para asegurar el cumplimiento de la norma. Esta visita solía completarse el 22 de julio, festividad de la Conversión de la Magdalena, fecha en la que un sacerdote recordaba los pecados e invitaba a las «que están en la putería e se dan a todos cuantos a ellas vienen» a redimir sus almas en las casas de arrepentidas.

Investigadores sitúan la mancebía sevillana, la del compás de la Laguna, en las inmediaciones de la plaza Molviedro. El perímetro de esta lo fijarían las actuales calles Harinas, Arfe, Valdés Leal, Santas Patronas y Zaragoza. Un triángulo entre la plaza Nueva y la Maestranza. A la mancebía se accedía por el Arquillo de Nuestra Señora de Atocha, que existió hasta el año 1839.

Esta zona permanecería así hasta el año 1772, cuando, según el estudio de Aguilar Piñal sobre «La Sevilla de Olavide», «se construye un nuevo barrio sobre los solares de la antigua mancebía de la Laguna, entre la Pajería (actual Zaragoza) y la Puerta del Arenal». Estos trabajos, ejecutados bajo las órdenes del arquitecto Molviedro, finalizaron en 1778, «evitando cobijo del vicio y de la miseria». La zona fue transformada en «amplias calles y dignos edificios», según Piñal, poniendo el punto y final al compás de la mancebía.

 

El burdel de Monsalves, por Cernuda

Tal y como apunta Cristina Aguilar en su reportaje La Sevilla escondida en «Ocnos» de Luis Cernuda, publicado en ABC de Sevilla, en la calle Monsalves existía un burdel en torno al 1910. Lo regentaba Manuel «El Sacristán», que también era propietario de otros lupanares de Sevilla. A esta «casa pública», hoy desaparecida, se refiere Luis Cernuda en El vicio. Un día, cuando iba camino del otro colegio donde estudió, que estaba situado en la calle Bailén, al pasar por Monsalves le llamaba poderosamente la atención una casa que siempre tenía cerrados balcones y ventanas. Sin embargo, un día que discurrió por la vía sevillana algo más temprano de lo normal…

«Una mañana de invierno, camino yo del colegio más temprano, roja aún la luz eléctrica en algún cristal, luchando con el vago amanecer, al cruzar aquella calle vi parado un coche ante la casa; un coche de punto, viejo y maltratado, echada la capota, y el cochero de pañolillo blanco anudado al cuello, gorra de hule ladeada en la cabeza y una iperda sobre la otra en actitud jacarandosa, como quien espera. Por la acera, una mujer alta vestida de amarillo, el abrigo de piel derribado sobre un hombro, paseaba dando voces coléricas junto a la puerta de la casa, al fin abierta».

Imagen del reportaje: «Prostituta y celestina de la calle de la Sopa». Hoy calle de Goyoneta. De Enrique Meléndez de la Fuente. Año 1920. Iluminada por M. A. Yáñez en 1980. Publicada en «Historia de la Fotografía documental en Sevilla», editado por ABC de Sevilla en 2002.