La Sevilla de las mil caras también fue romana. La ciudad adaptó el nombre de Hispalis desde el año 206 a.C, y se convirtió en una de las principales colonias del sur de la Península Ibérica. El general Escipión y sus ejércitos acabaron con los cartagineses que defendían la urbe. A partir de ese momento, Julio César la llamó Iulia (por su nombre) Rómula (la Roma chica) Hispalis (transformación romana del antiguo nombre de la ciudad «Spalis»). Se gestaba así uno de los centros industriales más importantes de la Bética, la región de Andalucía.

Pero, ¿qué restos quedan en la actualidad de aquella mítica ciudad romana? Hispalis no era una ciudad de nueva planta, por lo que tuvieron que variar en algunos aspectos el prototipo de otras grandes ciudades del Alto Imperio.

El esquema urbanístico

Plano de la Híspalis romana en la época republicana

Plano de la Híspalis romana en la época republicana- J.M.Campos

 

Las urbes romanas están divididas en dos calles principales, el cardo maximus, que iba desde desde la actual iglesia de Santa Catalina hasta la calle Abades, y el decumano mayor, desde la calle Águilas hasta la plaza del Salvador. En la época republicana, el núcleo de la ciudad, el foro, se ubicaba entre las calles Bamberg y Argote de Molina. Más tarde, debido al crecimiento de la ciudad, se trasladó a la actual Plaza de la Alfalfa y sus alrededores, donde había mercados, termas públicas, edificios oficiales y templos.

Los únicos vestigios que quedan son los restos del colosal templo de Hércules, en la calle Mármoles. Según la leyenda, fue el fundador de la ciudad, por lo que se le construyó un templo con un templo de seis columnas. De ellas, tres se conservan in situ, dos fueron trasladadas a la Alameda cuando se creó dicho paseo, y otra se dañó en dicho transporte. También se conoce la existencia de un templo bajo la actual Iglesia del Salvador, unas termas donde ahora se sitúa el Palacio Arzobispal y una gran cisterna bajo la Plaza de la Pescadería.

La muralla y el puerto

La muralla era otra de las claves de la ciudad en tiempos de Julio César. Construida para reemplazar a la antigua empalizada cartaginesa, compuesta de troncos y barro, fue ampliada y perfeccionada durante el imperio César Augusto. Debido a las posteriores modificaciones, únicamente se puede reconocer el material que los romanos usados en algunas piezas reutilizadas en los Reales Alcázares. Por una parte de la muralla, la Puerta de Carmona entraba un acueducto que traía el agua de Alcalá de Guadaíra. Conocido como Los Caños de Carmona, por su dirección hacia la ciudad, únicamente quedan los restos conservados en la calle Luis Montoto.

La ciudad tuvo un importante interés económico para los romanos desde los inicios. Entre sus actividades, se encontraba la comercialización de aceite y mineral. Una prueba de ello es que en la calle Francos se descubrió un edificio que parece ser una corporación de aceiteros. También el puerto, ubicado en el entorno de la actual Puerta Jerez, fue un espacio muy importante para la ciudad y una salida económica.

El Antiquarium

Una de las excavaciones más importantes en torno al periodo romano es la que se llevó a cabo al empezar las obras de Metropol Parasol, en la Plaza de la Encarnación. Los restos encontrados pertenecen a siete casas (entre las que destaca la Casa Romana y sus mosaicos) y una factoría de salazones. El yacimiento, denominado Antiquarium, permite contemplar una pintura mural de tres metros, en el denominado Patio del Océano, y el «mosaico de la medusa».