Siempre representando a la aristocracia. Durante más de siete siglos, aquellos en los que hay constancia documental, ha llevado el nombre de una pujante familia. Hoy la conocemos como calle Castellar, pero esta extensa vía del Casco Antiguo ha evocado hasta cuatro linajes sevillanos distintos.

Además, su alto caserío ha visto nacer a importantes figuras de la cultura hispalense, y fue durante años el «escenario» de curiosos personajes que pasaron a la historia de Sevilla por motivos peculiares.

Castellar obedece al Condado de Castellar de la Frontera, municipio gaditano que en el siglo XVI formaba parte del Reino de Sevilla. En Jaen se encuentra Castellar, sin complementos, pero la Casa nobiliaria hace referencia al anterior.

A finales de este siglo es cuando se rotula de dicha forma, «por haberse instalado en ella una rama del linaje de los Saavedra que porta ese título», explica el «Diccionario histórico de calles de Sevilla».

Balcones en la angostura de Castellar / F.P.

Balcones en la angostura de Castellar / F.P.

Desde entonces, el nombre ha permanecido estoico en el callejero, aunque con ciertas modificaciones. Entre los siglos XVII y XVIII era sencillo encontrarla como calle Conde, calle Castellar o calle Conde de Castellar.

¿Alguna vez ha confundido estas coordenadas con la calle Castelar, en el Arenal? Es comprensible. En 1869, puede que le ocurriera hasta al propio Ayuntamiento.

La que confluye en San Marcos llegó a escribirse con L simple, quedando por tanto duplicado el apellido del político en el nomenclátor, «por ignorancia de los munícipes o por vacilación gráfica de la LL en L», añade la publicación. El error se prodigó poco tiempo.

Eso sí, el arranque desde Alberto Lista, anteriormente conocido como calle Pava o Pavas no quedó anexionado a Castellar hasta precisamente 1869, pues la calle se iniciaba en el cruce con Feria.

Si hoy su seña de identidad es el adoquinado en la calzada y las losetas grises en el acerado, desde el siglo XVI la vía se presentaba empedrada, y las aceras llegaron a ser de «losas de Tarifa», y ya a comienzos del siglo XX, de cemento.

Pero, como ya se ha comentado, no sólo ha experimentado cambios en la fisonomía. Su nombre original fue el de Melgarejos, «por el hecho de encontrarse aquí la casa de este linaje», explica el Diccionario.

El primer documento que la recoge como tal está fechado en 1516, aunque hay constancia de tal afirmación desde comienzos del siglo XIV.

Varios historiadores apuntan a que, un siglo más tarde, la residencia de los Señores de Fuentes de Andalucía en la vía que nos ocupa le sirvió para cambiar su rotulación por la de calle Fuentes.

Un graffitti embellece la puerta de un garaje de la calle Castellar, donde antaño se concentraron las casas-palacio / F. Piñero

Un graffitti embellece la puerta de un garaje de la calle Castellar, donde antaño se concentraron las casas-palacio / F. Piñero

Incluso otros documentos hablan de que, también en 1516, la calle se llamó Gonzalo Mariño de Ribera. La razón, la misma que en el resto de los casos. El señor de Huegar y del Castillo de Pruna también tuvo su sede en los aledaños de la Feria.

Además de aquellos que le dieron nombre, en la actual Castellar «radicaron las casas-palacio de importantes linajes sevillanos, todas ellas en la acera de los pares de la segunda mitad».

La mayoría ya desapareció, como la que sirvió de solar para edificar en 1897, el gran edificio que hoy alberga los controvertidos corralones. También se esfumó la sensación de lujo, quedando un claro contraste entre aquellos bloques cuidados y los que quedaron abandonados a su suerte.

El Conde de Talhara, Doña Leonor de Guzmán, Per Afán de Ribera, los Cabeza de Vaca… Todas estas personalidades han conformado el selecto y elevado grupo de habitantes de esta histórica calle. Aunque no son los únicos célebres.

Letras y negocio

Poco tuvo que ver con la Nobleza, aunque su escalada económica la puso en boca de los sevillanos. En el sentido literal, pues se le escribieron hasta coplillas, y se le dedicaron versos con los que los artesanos de la alcaicería ilustraban sus abanicos de tipo calañas.

Nos referimos a la conocida como La Cervanta, que tuvo en el número 46 de Castellar, a comienzos del siglo XIX, su residencia y su lugar de trabajo. Aunque quizás sea más gráfica la palabra trapicheo.

La abandonada casa de José María Izquierdo / F.P.

La abandonada casa de José María Izquierdo / F.P.

La citada señora vendía prendas de vestir y telas al corte, pero con un sistema de pago a medida.

Es decir, se podía satisfacer la deuda a plazos, incrementándose el interés cuantos más de ellos se acumularan.

Según afirma Manuel Álvarez-Benavides y López, la Cervanta fue la primera ditera de Sevilla, «modelo» a seguir por lograr gran prosperidad. A costa de los más necesitados.

Décadas más tarde, en 1886, nacía en la calle Castellar el escritor y humanista José María Izquierdo. Quién sabe si su pseudónimo, «Jacinto ilusión» no se debiera a alguna colorida maceta de esta sevillana vía.

No fue el único literato. De hecho, tampoco fue el primero. Tres siglos antes, en 1583, venía al mundo, y a Castellar, el erudito Francisco de Rioja. Y, con toda la poesía que da la excentricidad, Martín Armijo fue otro de sus personajes clave en el siglo XIX.