Si fue un pez, el albur, el «encargado» de abrir este particular diccionario, la letra B es también la inicial de una especie marina que gana otras significaciones cuando «salta» a la tierra hispalense: el bacalao. Sevilla no tiene playa, y por las riberas del Guadalquivir no habita esta especie propia de los mares del norte, sin embargo es fácil encontrar un centenar de bacalaos en lo que respecta a las hermandades de penitencia y gloria.

En ese sentido, y basándose en la forma triangular que tiene la pieza, se trata de una insignia, del estandarte de cada una de estas corporaciones. Es más, hay que estar alerta y saber con quien te codeas para que no te «metan la bacalá», o lo que es lo mismo, te engañen con argucias para conseguir determinadas cosas de ti.

Como es evidente, ninguna de estas «especies» se consiguen cuando se posee un barco. Al menos no en lo literal, porque puede ser que lo que se tenga sea un Paso de Misterio de dimensiones tan grandes como para aplicarle este símil naval, como el de La Bofetá, cariñoso apelativo de la Hermandad del Dulce Nombre.

La temática marítima, ya puestos, da para más palabras. En contexto general, una balsa es una plataforma de madera con capacidad para flotar, o bien un hueco de terreno que se llena de agua. En Sevilla, y en verano, puede ser el resultado de abusar del aire acondicionado, cuando un catarro implica más mucosidad de la deseable.

Uno de los remedios naturales para eliminar esa balsa es beber agua abundante, y, a poder ser, con su frescor natural. Para eso están los castizos búcaros (botijos), que alcanzan la excelencia del barro cuando se producen en Lebrija.

Basta con bichear en la historia del municipio para comprobarlo. Un verbo que nada tiene que ver el contacto con insectos y demás alimañas poco gratas, como puede ser una bicha, que resulta ser una serpiente en el argot sevillano.

Hay quien no se acercaría a una de estas ni en pleno bolillón, expresión coloquial que denota embriaguez, o lo que es lo mismo, haberse tomado más de un «bimbazo» de ron, whisky o la tan de moda ginebra.

Hay quien directamente saldría corriendo, y para eso, lo recomendable es hacerlo en botines, que no es que sean botas pequeñas, sino la manera que tienen los sevillanos de referirse a las zapatillas de deporte, esas que uno echa de menos cuando se encuentra en mitad de una bulla, que no es una palabra exclusiva de Sevilla pero sí que hace referencia a un fenómeno que en nuestra ciudad se vive y se entiende de manera distinta.

O acaso se concibe una Semana Santa o un Alumbrao en la que se pueda barzonear al gusto. Nada de eso.  

¿Nos ayudas a completar la letra B? ¡Cuéntanos los términos que usas y que son tan sevillanos como los de arriba!