«¡Compadre! ¿Desde cuándo no me Convidas a un Cacharrito? Valiente Chufla estás hecho». «No te convido -responde el Cani- porque con esta Calufa se te sube pronto el alcohol y te pones a dar Camballás, que se te ve por la avenida de Costero a costero. Y no te metas conmigo, que te voy a dar una Colleja que te van a salir cinco Cardenales en el pescuezo». Diálogo verosímil en Sevilla, donde la Cerveza se escribe con C de Cruzcampo. Líquido elemento que el Camarero lleva a la mesa acompañada por unos Chochitos, vulgo de altramuz.

Efectivamente, el tercer capítulo de este Diccionario sevillano está dedicado, como no podía ser de otro modo, a la letra C de, pongamos, Cigarrera, las afanosas mujeres que dieron el salto a la literatura por sus trabajos en la Real Fábrica de Tabacos. La más famosa, Carmen, llegó a la ópera de la mano de Bizet. Además de ser el nombre de mujer más común en Andalucía, patria de la Calor o de la Calufa, que no Califa.

En su capital, Sevilla, afloran los Capirotes, que no capiruchos, cada semana santa. Tantos como Costaleros, que se mueven -puede que de Costero a costero- a las órdenes del Capataz y del Contraguía. ¡Qué bien luce paso de palio con su Candelería y sus labrados Candelabros de Cola! Aunque, en Semana Santa, siempre hay alguno, por lo general un Chufla -que es como en Sevilla se llama a un Carajote- que va dando Camballás, harto de beberse Cacharritos. Sí, cacharritos de los que se beben con hielo. Whisky, ron, ginebra, vodka… A distinguir de los cacharritos que se instalan en la calle del Infierno en la Feria.

Esperando para subir en las Calesitas se encuentran los Compadres, que se llaman así aunque no lo sean. Están en la cola aguardando la llegada de sus mujeres, que han ido a por Calentitos. ¡No se le ocurra decirle Churros en presencia de Ángela, la calentera del Arco del Postigo!

En cuestión de vestimenta, en Sevilla hay abuelos que en verano se quitan la Cubana azul solo para ponerse la crudita. Sí, una cubana, o guayabera. Se les ve en los parques con sus nietos, que en tiempos jugaban con los Clicks de Playmobil. Y qué pesados son los niños pidiendo para Chucherías, versión sevillana de golosinas. Ya mayores, los Chavales con la pelota se hacen Cachitas, que es vida cuando se juega el rondo. Siempre que el tiempo lo permita, porque lo mismo hace Calor que cae un Chirimiri, esa lluvia que ni cala pero que incordia.

Hubo un día que por las calles se veían Canis, una moda de dudoso gusto que obligaba a vestir un chándal blanco, gorra y zapatillas o botines con muelles. Iban con sus motos -medio Chuchurrías o estropeadas- «a Carajo sacado», que es lo mismo que decir muy rápido. Y es que más de uno estaba medio Chalado.

Así es Sevilla o «Cevilla», para los Ceceantes.

¿Nos ayudas a completar la letra C? ¡Cuéntanos los términos que usas y que son tan sevillanos como los de arriba!