En el diccionario de términos puramente sevillanos hay ejemplos, para dar y regalar, de los que empiezan con la letra D. Precisamente el verbo dar nos sirve para comenzar esta tanda, pues es protagonista de varias expresiones, muchas de ellas del argot cofradiero.

¿A usted, lector, que le sugiere el jabón? Seguramente algo agradable, purificador, relajante. Pues si escucha esa palabra bajo la trabajadera de un paso, ármese de valor, pues los que «dan jabón» son los que más pesan, con diferencia. Lo mismo sucede si el paso «da leña», vocablos generalmente usados como sinónimo de golpe, aunque aquí el golpe es un peso excesivo sobre la cerviz.

No tiene Sevilla bastante con su climatología estival, que ha generado el mes de julio más caluroso de la historia, como para que sus habitantes «den calor», que no es que sumen grados al ambiente, sino nervios al interlocutor que sufre la pesadez del compañero.

Es lo que fuera de las fronteras hispalenses se conoce como «dar la brasa», una actitud en la que, sin embargo, no suele haber mala intención. En caso contrario estaríamos hablando de alguien que es «de coco y huevo».

Ya se sabe, en esos casos es mejor estar solo que mal acompañado, aunque mucha soledad puede desembocar en una buena desaborición, un rato poco agradable, vamos. Algo así es lo que se siente cuando, por muy cansado que se esté, no se logra conseguir el sueño, lo que nunca le sucederá a quien es capaz de «dormirse en la punta de una pita», que ya es todo un logro.

De todo menos aburrido y desagradable es un espectáculo de cante y baile flamenco, de los que se hacen con el corazón. Esos artistas de los que se dice que tienen duende sobre las tablas.

Un zapateo y un quejío y se levanta el cuerpo, a no ser que uno esté muerto, como se refiere popularmente. Para eso también hay otra palabra, prestada del caló, pero que se usa de manera chistosa: haberla diñado.

Si uno no tiene posibilidad de escaparse a la playa, de coger el Damas a Huelva o el coche hacia la costa gaditana, se puede aprovechar la tarde para plantear una sesión de bricolaje casero. Sería el momento de arreglar ese cajón descuajaringado, voz del español de América que curiosamente se usa en Sevilla con cosas desvencijadas, rotas. O de calzar el mueble que con el tiempo se ha ido daleando, nuestro equivalente a ladeando.

No se olvide de hidratarse y tomar algún refrigerio. Ahora es tiempo de melocotones, o como se diría en genérico en Sevilla, de damascos.

Los más apasionados de la Semana Santa, y para cerrar el ciclo de esta entrega, aprovecharán para revisionar instantes de los cortejos.

Este argot brinda más términos con D, pues sólo los capillitas podrían explicar que es el dintel de un templo (zona superior de la puerta), conocerían el alcance de un Decretazo (orden dada por el Arzobispado con aplicación en las cofradías) o sabrían porque el domingo, además del Señor, es el día de Sevilla. Tres jornadas lo demuestran: Domingo de Ramos, Domingo de Resurección (o enganches) y Domingo de Pregón. Ese que en el resto del mundo cristiano es Domingo de Pasión.

¡Ayúdanos a completar la letra D con otras palabras «muy de aquí»!