Hoy vamos a mezclar algunas letras, como esas palabras que las tienen por iniciales se mezclan en una conversación cualquiera entre varios sevillanos, o entre aquellos que dominen el peculiar léxico que se recoge en este Diccionario.

¿Qué podría tener que ver la jindama con el infierno o con un hueso? Pues por ejemplo, una noche de Feria de Abril. Tan sencillo como encontrarse en un nutrido grupo de personas y decidir ir a la zona de las atracciones, que seguro que a más de uno le imponen respeto o le incitan, a partes iguales, a hacer el cafre con sus respectivas molestias físicas al final.

Como es bien sabido, a esa zona de norias, coches de choque o barcas vikingas en Sevilla se le dice con todo el cariño y recelo, la calle Infierno. Algunos aluden que es por el ruido o por lo endiablado de sus propuestas. A los menos arriesgados les dará jindama, es decir, miedo, montarse en según que instalaciones.

La palabra, de nuevo un préstamo del caló al sevillano, cede el uso a otra cuando el pavor es máximo. Entonces uno se ha jiñado. Quitar el reflexivo en este caso puede derivar en una necesaria, pero poco conveniente para este texto, actividad fisiológica. Esa que también se resume en la expresión, ahora con la I, irse de bareta. Como apunte, Bareta es una ciudad de la India, y al mismo tiempo significa Marihuana en Colombia.

Aquellos que, alentados por las copitas de más, suben a cacharritos de los que dan embestidas y no controlan la inercia, es probable que se den un jardazo. Es decir, que se golpen fuertemente, por ejemplo, en el hueso cuqui. El televisivo apelativo sirve, desde tiempo ha en Sevilla y otras zonas de Andalucía, para designar al coxis. De hecho podría tratarse de una curiosa adaptación del latino coccyx.

Por cierto, a ese amplio grupo de amistades de esta simulación se le podría definir como la juntiña de esa noche, en la que seguro que hay varios que se manejan bien con el cante y forman un buen jaleo, que no es simple ruido, sino más bien una fiesta flamenca. De las de pegarse una jartá de bailar sevillanas, o de bailar «a jierro». Bailar mucho, vamos.

El improvisado tablao será el hueco que, con mayor o menor pericia y suerte, se haya hecho entre mesas de madera y mantel de papel, nunca hules. Fíjense que, según la RAE, el hule es caucho o goma elástica o bien un lienzo impermeable pintado al óleo, pero no el mantel casero por antonomasia en Sevilla.

Volviendo al grupo, las peticiones o comentarios seguro que irán introducidas por «Illo», como es el caso de las recurrentes «illo cántate la rumba de…» o «Illo pídeme una copa ya que estás en la barra». Podría ser un simple saludo, como el que hace la mascota Curro en la imagen que abre esta entrada.

Tampoco faltará el que continúa recordando y comentando lo vivido entre marzo y abril: la Semana Santa y sus procesiones, como por ejemplo la de la Hiniesta, que no es que sea un término sevillano (significa retama) pero que le es muy propia a la ciudad al ser la patrona de su Ayuntamiento.

A ese cofrade «del exceso» el resto lo calificará de jartible, que es igual de pesado que el hartible pero especialmente en los casos de capirote y costal. Con tanta charla, probablemente ni habrá bailado, ni comido, ni bebido. Si en inglés, John Doe es una persona desconocida, uno cualquiera, en sevillano tenemos otro Juan, el Juanbrevas, que viene a ser alguien «al que se le van las mejores».

No confundir con julay, que lleva más mala baba y que incide en la idiotez de una persona. Insulto que, por lo general, provocará que al agraviado «se le empine el jopo», como se sube el rabo de un animal cuando está alerta y a la defensiva.

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