La S de Sevilla, sevillano y sevillista es una nueva oportunidad de encontrar palabras que no contempla la RAE o que bien las recoge con un significado distinto al que se le da en el sur.

Un primer ejemplo lo vemos en el término siroco, que según el diccionario oficial del castellano es un viento de tipo sudeste, mientras que en nuestra forma de hablar hace referencia a la locura, a algo que se hace sin pensar o por un arrebato.

En la RAE aparece la palabra sollo, que en sevillano indica que alguien tiene bastante sobrepeso, pero allí lo hace como sinónimo de esturión, un pez que puede llegar a pesar bastante, pero que se caracteriza más por su gran envergadura que por sus kilogramos. Habrá quien use zollo, voz que en ningún caso se encuentra en el Diccionario principal.

Algo curioso ocurre con las sardinetas, que según la Real Academia puede ser, entre otras cosas, un «papirotazo que por juego da un muchacho a otro en la mano, con los dedos mojados en saliva». En Sevilla es un golpe con los dedos índice y anular extendidos sobre el antebrazo. La saliva es opcional.

El léxico oficial español cuenta con el término sieso, que funciona como parte del ano y el recto. Partes del cuerpo vitales pero poco agradables. Tal vez por eso en la capital hispalense sirva como adjetivo para alguien brusco, desagradable, algo parecido a quien es «más seco que la Mojama», una expresión que también puede aplicarse a una comida poco jugosa, o al recurrente «saborío», la sevillanización del desaborido.

Quien escribe desconoce el sabor de la carne canina, si es gustosa o insípida, pero resulta que lo aguanta todo. Al menos así lo recoge la tradición sevillana, donde «ser carne de perro» es garantía de durabilidad y robustez en un objeto.

Otro caso curioso es el de siquitraque, que suele usarse en la fórmula «reventar como un …», con la que se viene a explicar que alguien se ha dado un atracón de comer, o bien que está sumamente enfadado. Un ciquitraque, con C, es un rollo de papel con pólvora, pero en Andalucía, Cuba y Puerto Rico se escribe y pronuncia con S inicial.

Único en la zona, en cambio, es «Sanani el de las tortas», que parece ser un personaje que existió realmente pero que nunca llegaba a cumplir su cometido, pues si alguien te dice que «te lo va a dar Sanani…» es que nunca lo vas a conseguir. Que ni lo sueñes.

También de ámbito local o regional es «ser un fatiga», o lo que es lo mismo, ser una persona que no se cansa de tratar los mismos temas, de trabajar o dedicarse a un hobby u ocupación durante horas. Es parecido a aquel hartible que mencionábamos en la H.

Muy gráfica es la expresión «salirse del pellejo», o ya en los círculos más callejeros, «de la pelleja». Con ella se incide en lo bien que se ha hecho una acción, con la correspondiente satisfacción de su protagonista. Cuando la destreza es la de salirse con la suya, o la de tener gran picardía para las relaciones sociales, se dice que la persona «sabe latín», pero rara vez en el buen sentido de dominar la lengua muerta.

Esas tribus callejeras, los ya referidos canis y quinquis, hacen gala de una peculiar jerga plagada de términos con S. Sin ser familia ni compañeros de trabajo, el saludo entre ellos suele ir encabezado por un «surmano», «suprimo», «sucolega» o «socio» (pronunciado con su buena dosis de seseo).

Para terminar, la palabra con la que muchos extranjeros identifican tanto a Sevilla como a Andalucía, a veces como peyorativa holgazanería y en realidad como respuesta fisiológica a la dureza del verano del sur de España: la siesta. Como curiosidad, el término deriva de la hora sexta romana, cuando se realizaba un descanso. Sin embargo, esta franja horaria correspondía a las 11-12 de nuestro mediodía, por lo que no llevaría la concepción actual de echar una cabezada en la sobremesa.

¿Conoce alguna palabra más que empiece por la Q o por la R? Ayúdenos a completar este diccionario dejando su comentario al final de estas líneas.