Poco queda para completar este particular Diccionario práctico de sevillano, y al echar la vista atrás, se agolpa una gran cantidad de términos y palabras que describen nuestra forma de hablar. Pero ya que estamos con la letra U, qué mejor que emplear un par de expresiones con las que Sevilla designa la abundancia: «Un viaje de» o «Un taco de».

Como los aumentativos corren de la cuenta de cada uno, no es raro escuchar «un tacazo» o «un tacarrón», que tiene que ser ya algo grandioso. Y en cualquier caso, nada tiene que ver con el «Taco» de la anterior entrega, sinónimo de cuenta corriente saludable.

En Sevilla, como en otras partes de Andalucía, los «vosotros» no existen. Es decir, que apenas se usan, pues ceden el lugar a la fórmula «ustedes» en cualquier contexto, sin que vaya implícita una intención respetuosa. «Un poner», o lo que es lo mismo, un ejemplo práctico: «Yo me voy con ustedes si hay sitio, porque ir en dos coches es de vainas».

Aprovechando el caso anterior, explicamos que la falta de inteligencia o las «pocas luces» de alguien se refieren en Sevilla con el citado adjetivo, que abre paso a la V, y que en la RAE figura como «persona despreciable» en el plano coloquial.

En ningún caso será vaina quien practica el valvuleo, el que come sin pagar porque se aprovecha de la situación o de los contertulios, pero también correrá el riesgo de que los demás lo «vistan de limpio», irónica expresión que alude a todo menos a ir presentable.

Básicamente, será criticado. En este caso, por ser un caradura, aunque el juego de palabras se aplica a cualquier clase de chismorreo, con fundamento o sin él.

Cierta crítica peyorativa lleva el término verderón, equivalente a aquel «palangana» sevillista, y que precisamente es empleado por los aficionados del Club de Nervión para referirse a los verdiblancos.

Tampoco es agradable la palabra volantona, más que nada por la especie a la que alude, la cucaracha. La explicación es tan sencilla como «temida»: estos indeseables «compañeros de piso» de verano vuelan, no a gran altura, pero lo suficiente para ser más esquivos.

Terreno ganado tienen estos artrópodos si se cuelan en la casa de una persona que «ve menos que Pepe leche», una curiosa comparativa que pudo nacer en el entorno de Sevilla. Con un torpe lechero del Viso del Alcor que cayó en una zanja.

Aunque no es la única explicación al respecto. De lo que no hay duda es que su aplicación actual va pareja a ser cegato, a encontrarse en un lugar poco iluminado o a quedar cegado por el sol puntualmente.

Poco ven, por otro lado, los costaleros bajo la trabajadera. Sólo se mueven con las medidas órdenes del capataz y auxiliares, para que por ejemplo no rocen los varales en las paredes de las calles estrechas de la ciudad, otra palabra que sin ser propia, es muy de Sevilla.

Queda, por último, la W, una inicial que apenas aporta vocabulario al castellano, salvo préstamos y extranjerismos, máxime en el caso del sevillano. La W, esa letra que introduce los grandes interrogantes en inglés, y que en el uso hispalense también aporta cierto enigma.

Pues, durante cierto tiempo, a los perros de Sevilla, así en genérico, se les llamó Willow. Hay quien sigue haciéndolo. ¿Por qué? Es un misterio, pues la traducción del inglés lleva a un ser vivo, pero a un árbol, el sauce.

¿Se te ocurre alguna otra palabra que empiece por U, V o W? Nuestra meta es completar este Diccionario y tus comentarios son fundamentales.