Al adentrarse en el casco antiguo, sorprende la cantidad de conventos y monasterios que se encuentran, a escasos metros de separación entre sí. La tendencia continúa en los barrios, donde también hay presencia monacal, si bien, muchos de estos edificios religiosos se han perdido con el tiempo, o han modificado radicalmente su función.

Con la recuperación del proyecto de los Cruz y Ortiz, para devolver la utilidad al antiguo convento de San Agustín, se pone sobre la mesa la necesidad de poner en valor construcciones de gran trayectoria y virtuosismo antes de que sea tarde. Este es un repaso por diez espacios religiosos que hoy ya no lo son, o de los que sólo queda el recuerdo.

01 Casa Grande de San Francisco

La Plaza Nueva, antiguo suelo del Convento Casa Grande de San Francisco, en el que la cabecera de la iglesia llegaba a parte de lo que hoy es el Ayuntamiento

La Plaza Nueva, antiguo suelo del Convento Casa Grande de San Francisco / F. Piñero

En este caso, hay que tirar de imaginación. Y de coordenadas. La iglesia situaba su cabecera en parte de lo que hoy es el Ayuntamiento, y desplegaba su planta de cruz latina a lo largo de la actual Plaza Nueva.

Pocos vestigios quedan de este convento franciscano salvo el nombre de la plaza que rodea la espalda del Consistorio; el altar principal de la capilla de San Onofre; la talla de la Inmaculada «la sevillana», que se venera en el templo de San Buenaventura; el relieve de «La Piedad» de Pedro Roldán, que hoy luce en la iglesia del Sagrario; obras de autores como Murillo y de gran valía como La Inmaculada «La Colosal» y el arquillo del Ayuntamiento, antiguo atrio de entrada.

Lo de «grande» no era mero elogio. El recinto alcanzaba desde la Plaza de San Francisco hasta la actual Carlos Cañal, cerrándose en rectángulo con la calle Albareda y las calles Zaragoza y Joaquín Guichot, aproximadamente.

De esta forma, la citada capilla de las ánimas de San Onofre se encontraba inmersa en el convento, como lugar donde orar por las ánimas en el purgatorio. No obstante, había muchas más capillas en el recinto, sede de diversas hermandades hoy ya extintas, además de jardines, una hospedería o un hospital, el de San José, de la Venerable Orden Tercera.

En 1840 se derruyó, tras haber sido desamortizado en 1835 y vilipendiado por la invasión francesa a comienzos de la centuria, este convento cuyos orígenes llegaban a remontarse a 1248.

 

02 San Jerónimo de Buenavista

San Jerónimo de Buenavista, de monasterio a lazareto, imprenta, cebadero, cementerio, fábrica... y centro cívico

San Jerónimo de Buenavista, de monasterio a lazareto, imprenta, cebadero, cementerio, fábrica… y centro cívico / ABC

Tal vez estemos ante uno de los cenobios que más funcionalidades ha alternado tras la presencia gala. Con todos los bienes monacales ya expropiados, el edificio se destinó a lazareto, a lugar de tratamiento médico de enfermos de lepra y otras enfermedades contagiosas entre 1835 y 1843.

A mediados del siglo XIX, los terrenos del Monasterio de San Jerónimo de Buenavista se convirtieron en camposanto protestante, en especial de ingleses fallecidos, lo que terminó por darle su apodo de «Cementerio de los ingleses», en movimiento hasta 1995.

El más llamativo de todos fue el de residencia particular. Sobre todo porque fue la populosa familia del guarda de la finca, los Pipió, la que realmente disfrutó de la construcción, propiedad de los Beca Iglesias entre 1967 y 1995.

Tras esto, hizo las veces de auditorio de conciertos, y hoy se alberga un Centro Cívico, para lo que ha sido reconstruido en profundidad. 600 años de historia la de este monasterio jerónimo que fue también residencia real, imprenta de indias, fábrica de vidrio y cebadero de ganado.

 

03 Convento de Los Remedios

El Convento de los Remedios en torno al 1920, pocos años antes de ser convertido en Instituto Hispano Cubano

El Convento de los Remedios en torno al 1920, pocos años antes de ser convertido en Instituto Hispano Cubano / Archivo

La belleza del Río Guadalquivir siempre ha ido pareja a sus constantes crecidas, nefastas para las construcciones aledañas. Una de ellas se encontraba cerca de lo que hoy es plaza de Cuba, frente al Palacio de San Telmo, y recibía por nombre el de Convento de Los Remedios, levantado en 1573 en el espacio donde se hallaba una ermita homónima de principios del siglo XVI.

No hay que olvidar que este era el punto de partida de expediciones a las Indias, como las de Elcano y Magallanes, de ahí la presencia de un lugar religioso donde buscar consuelo y fuerzas antes de iniciar el largo viaje.

Los Carmelitas descalzos, propietarios del convento, deciden «retranquear» su emplazamiento, ante la mencionada problemática de las inundaciones, en unas obras que se extendieron desde 1632 a 1700. Sin ser muy grande, constaba en cambio de una importante huerta, que alcanzaba la mayor parte de la actual calle Asunción.

Una vez más, el revolucionario siglo XIX puso punto final a la presencia religiosa entre sus muros, donde es más que probable que surgiera la hermandad de Los Remedios y San Juan Evangelista, germen primitivo de la cofradía de las Siete Palabras una vez fusionada con la de la Cabeza.

Tras ser reconvertido, entre 1928 y 1929, en Instituto Hispano Cubano y aportar un rico fondo documental americanista a investigadores y estudiantes, fue distinguido como Monumento Histórico Artístico en 1931, siendo ya propiedad del Vizconde de Los Remedios, Rafael González Abreu.

Una última fecha: 1999. En ese año el edificio se convirtió en sede del museo de carruajes de Sevilla, del Real Club de enganches de Andalucía, función que actualmente sigue cumpliendo compartiendo espacio con la biblioteca del instituto. Aunque, de la construcción original, lo único que se mantiene es la iglesia.

 

04 Casa grande del Carmen

PAtio «de los profesos», hoy perteneciente al Conservatorio Profesional de Música Manuel Castillo

Patio «de los profesos», hoy perteneciente al Conservatorio Profesional de Música Manuel Castillo / Juan José Úbeda

La Orden carmelita calzada poseyó su residencia principal en el corazón del barrio de los Humeros desde 1358. Para que se sitúe, se trataba de una manzana prácticamente completa que iba desde la calle Baños a Pascual de Gayangos, y de Goles al callejón del Carmen.

A esta última parte daba, y da, la torre y la cabecera de la iglesia, templo que conserva el presbiterio y el coro, pues la parte central es hoy el pasillo que conecta la entrada del actual Conservatorio Profesional de Música Manuel Castillo y su patio porticado, el «de profesos».

El otro patio, «el de novicios», forma ahora parte de la Escuela Superior de Arte Dramático de Sevilla, y la antigua zona de huertas, orientada a la calle Goles, son hoy viviendas. Pocos metros separaban la parte lateral del convento de la muralla almohade.

Casi en el vértice con Baños, se encontraba la capilla de la Soledad antes de ser «de San Lorenzo», sin duda una de las dependencias que más sufrió el ataque francés.

Curiosamente, los monjes soportaron esta etapa y la que vino en 1836, sin embargo no pudieron contener la Revolución «Gloriosa» de 1868, que les expulsó definitivamente. Igual que ocurriera con la Hermandad de las Siete Palabras, fundada en la Casa y con la Quinta Angustia.

 

05 Monasterio de Santa Clara

El patio porticado de Santa Clara, con el mural temporal en honor a Alberto Jiménez y Ascensión García / José Galiana

El patio porticado de Santa Clara, con el mural temporal en honor a Alberto Jiménez y Ascensión García / José Galiana

De todos los cenobios que integran esta lista, el monasterio de Santa Clara es el único que no sufrió exclaustraciones o expolios por la invasión francesa o la revolución liberal de Mendizábal. De hecho, actuó como refugio de las religiosas de San Clemente durante la ocupación, aunque la desamortización obligó a las monjas a llevar una vida laica, y emplear parte del recinto como casa de huéspedes.

También es curioso que se asiente sobre un edificio civil, y no al revés. Concretamente un palacio almohade que posteriormente fuera la residencia del Infante Don Fadrique, aunque de tal uso sólo permanece la fortificada torre «encantada».

En 1998 abandonaron las clarisas sus muros, tras haber permanecido en ellos desde finales del siglo XIII. Y, tras un período de inactividad y de necesaria restauración, el convento se abrió al público, en febrero de 2011, como «Espacio Santa Clara», lugar de expresión artística que acoge exposiciones temporales, conciertos y festivales como la Bienal o el Femás, Festival de Música Antigua de Sevilla.

El propio lugar es una muestra de preciada arquitectura, pero aún no están todas las dependencias a disposición del visitante.

 

06 Colegio San Miguel

La Plaza del Cabildo ocupa el espacio del antiguo Colegio de San Miguel, residencia canónica y lugar de enseñanza

La Plaza del Cabildo ocupa el espacio del antiguo Colegio de San Miguel y San Isidoro / F.Piñero

No fue en sí un monasterio, pero sí un edificio de titularidad religiosa que además funcionó como residencia de miembros del Cabildo Catedralicio, su propietario.

Tampoco queda una huella visible, a excepción de una puerta con arco ojival que da a la avenida de la Constitución, en el número 28, donde arrancaba el recinto, y las columnas del atrio que hoy sustentan la estructura circular de la Plaza del Cabildo.

El cardenal arzobispo Alonso Manrique de Lara fundó entre sus muros el Colegio de San Isidoro en 1526 que, aunque desapareció poco después, «cedió» su nombre a un Colegio Seminario que impartió lecciones a los sacristanes, acólitos, monaguillos… desde 1634.

La función didáctica se completaba con una exhaustiva enseñanza en gramática, catecismo y, sobre todo, música. Los destinatarios eran los seises o «mozos de canto», que recibían conocimientos de canto gregoriano, composición musical, manejo de instrumentos musicales como el violín o el órgano, y polifonía para acompañar las melodías de este instrumento.

 

07 Monasterio de Santa María de las Cuevas

Vista aérea del Monasterio de la Cartuja, donde se pueden apreciar los hornos de la etapa como fábrica de loza / Rocío Ruz

Vista aérea del Monasterio de la Cartuja, donde se pueden apreciar los hornos de la etapa como fábrica de loza / Rocío Ruz

A las generaciones relativamente recientes les supondrá un árduo esfuerzo pensar en la Isla de la Cartuja sin la huella de la Expo 92. La muestra internacional transformó íntegramente una zona rural con un monasterio como único protagonista: el de Santa María de las Cuevas.

El lugar surge de la mano de una de las leyendas que hablan de vírgenes aparecidas que marcan un necesario punto de oración. Ese punto fue una ermita, en el siglo XIII, y ya en 1399, un monasterio cartujo.

Entre sus muros y jardines se pudo ver a Cristóbal Colón, cuyos restos incluso fueron depositados en el recinto durante tres décadas, a Felipe II o a Teresa de Jesús. Riqueza para el alma y para las tierras, de gran fertilidad en la zona.

Actualmente sigue siendo un espacio para lo contemplativo y etéreo. Aunque en otro sentido. Desde 1997 es sede del Centro Andaluz de Arte Contemporáneo. Aunque no es éste su primer uso laico. Ni el más reconocible.

Como es regla casi general, la invasión francesa y demás episodios supusieron la exclaustración de los monjes, y, en este caso, todo un cuartel para los soldados foráneos. Y ya en 1839, Charles Pickman adquiere los terrenos para montar una fábrica de loza y porcelana china, que mantuvo su actividad hasta 1982.

Fruto de esta etapa mercantil son los hornos que caracterizan al edificio que, en número de cinco, son el legado de un sistema de chimeneas aún mayor.

 

08 Convento de Montesión

El convento de Montesión, hoy Archivo de Protocolos, a vista de pájaro / F. Piñero

El convento de Montesión, hoy Archivo de Protocolos, a vista de pájaro / F. Piñero

Si bien la actual capilla de Montesión es una de las más pequeñas en las que se celebran cultos, durante siglos ese nombre estuvo ligado a una majestuosa construcción, declarada Conjunto Histórico de Sevilla y a la que realmente se adosa. Según un estudio de Julia Manzano y Pedro Barrero, podría ser obra de Hernán Ruiz «el joven».

Se trata de lo que hoy es la sede del Colegio Notarial de Andalucía, concretamente en su sección de Archivo de Protocolos, función que viene cumpliendo desde 1927. Así, este edificio alberga documentación particular esencial de la época de la Sevilla de Indias, como los testamentos de Américo Vespucio y Miguel de Mañara, entre registros de flotas, mercaderes, embargos…

Fue creado entre 1576 y 1601 como sede de la Orden de Predicadores Dominicos, y se mantuvo como tal durante dos siglos, hasta 1808 y los acontecimientos venideros. Con el derribo del convento de Dueñas se convirtió en residencia temporal de las hermanas, poniendo el punto final a su función religiosa.

 

09 Convento de los Terceros

Vista general del primero de los patios del ex convento de los Terceros, hoy oficinas de Emasesa

Vista general del primero de los patios del ex convento de los Terceros, hoy oficinas de Emasesa / F. Piñero

Hablar en la actualidad de Los Terceros es circunscribirse a la iglesia de la que, cada Domingo de Ramos, sale la hermandad de La Cena. Sin embargo, hasta la invasión francesa era el nombre de un convento que ocupaba un terreno que alcanzaba la presente calle de Escuelas Pías.

De hecho, en dicha calle se encuentra el acceso a unas oficinas de Emasesa, uso actual de las zonas conventuales, como los dos patios porticados, y que evitaron la desaparición del recinto monacal, objeto de un proyecto de construcción de viviendas.

A diferencia de numerosos conventos, fundados poco tiempo después de la Reconquista de la ciudad por el Rey Fernando III, éste hunde sus raíces en el siglo XVII, lo que hace probable la presencia de Juan de Oviedo entre sus artífices, seguido de Leonardo de Figueroa.

Aledaño se encontraba el Palacio de Los Ponce de León, duques de Arcos, del que poco queda ya, a excepción de una torre en la que se inserta una escalera decimonónica con columnas renacentistas y una galería porticada.

Durante la Guerra de la Independencia, así como tras la desamortización, el espacio se destinó a cuartel, aunque su uso más reconocible fue como Colegio de los Escolapios de la Orden de San José de Calasanz, que entre 1952 y 1975 convirtió en aulas sus dependencias, así como las del edificio palaciego. Sólo la iglesia, por tanto, mantiene su función original, la religiosa.

 

10 Convento de la Merced Calzada de la Asunción

La portada del Museo, antiguo acceso al convento de la Merced, se encontraba originariamente en la calle Bailén / Vanessa Gómez

La portada del Museo, antiguo acceso conventual, se encontraba originariamente en la calle Bailén / Vanessa Gómez

Afortunadamente, la segunda vida de varios cenobios desaparecidos de Sevilla ha sido de lo más digna. Al ejemplo de la Casa Grande de San Francisco, con el soberbio Ayuntamiento plateresco, se puede sumar el caso del convento de la Merced Calzada de la Asunción, terreno que hoy ocupa el Museo de Bellas Artes.

Lo que sucede aquí es bastante paradójico, pues si en la mayoría de los monasterios se expoliaban las obras de arte en este caso, ya como edificio civil, el siglo XIX lo convirtió en «Museo de pinturas» en 1841, precisamente las que llegaban de los distintos espacios monacales desamortizados. La colección se completaría en el siglo XX con aportaciones clave como fueron las posesiones privadas de González Abreu, Gestoso y Parladé.

La construcción manierista, de Juan de Oviedo, sustituyó al antiguo edificio mudéjar que se insertaba en un gran recinto, fundado en 1248 por San Pedro Nolasco. Sin embargo, los monjes continuarían habitando hasta la convulsa centuria.

Además del cambio en su utilidad, también hubo modificaciones arquitectónicas, pues la portada principal, y acceso al convento, se encontraba en la calle Bailén, pero fue trasladada para revestir la entrada al centro expositivo desde la plaza.