«Disculpe, ¿me dice dónde está la calle del ABC? Me han dicho que corta con la calle De las Armas y que es paralela a Cantarranas. Y, si no es mucho preguntar. ¿Está cerca de la calle Génova?». Este diálogo inventado resulta ininteligible para los sevillanos del siglo XXI. El nombre de todas esas calles hace mucho que desaparecieron del nomenclátor de la ciudad y hoy solo es posible encontrarlos en los libros de historia. Ahí van algunos ejemplos extraídos del diccionario histórico de las calles de Sevilla, editado por el Ayuntamiento de Sevilla en el año 1993.

Calle ABC. Ahora, Bailén.

En el pasado el actual espacio de Bailén recibió diversos nombres. El tramo comprendido entre San Pablo y Pedro del Toro se llamó, al menos desde la primera mitad del siglo XV Dormitorio de San Pablo, pues bordeaba el del convento dominico del mismo título. El resto de la calle, hasta Alfonso XII , estaba rotulado como calle del ABC, topónimo de origen no muy claro, aunque el erudito González de León lo atribuye a unas escuelas de niños allí situadas en tiempos del rey Pedro I. A mediados del siglo XIX el nombre de Dormitorio de San Pablo se sustituye por el de Bailén, en memoria de la famosa batalla de la guerra de la Independencia que tuvo lugar en 1808 y en la que las tropas napoleónicas fueron derrotadas por el general Castaños. Finalmente, quizás tras la Revolución de 1868, ese topónimo se hizo extensivo también a la calle del ABC, cuyo rótulo desapareció del nomenclátor sevillano.

Calle Bailén

Calles Génova, Gradas y Lonja. Ahora, avenida de la Constitución.

Esta avenida se ha formado como resultado de la unificación de una serie de calles que tuvieron denominaciones diversas a lo largo de los siglos. El primer tramo, hasta el cruce de Alemanes y García de Vinuesa, se denominó desde el siglo XIII Génova, por haber sido instalados en ella los individuos procedentes de dicha ciudad italiana a raíz de la conquista castellana. En 1897, al producirse el asesinato del presidente del gobierno Cánovas del Castillo, se le dio su nombre. El segundo tramo, que comprendía toda la fachada de la Catedral, se conoce, al menos desde el siglo XIV, como Gradas. Durante la primera mitad del siglo XIX se la conoce como Punta del Diamante, hasta que en 1845 se vuelve a Gradas de la Catedral. En 1868 se le cambió por el de Catedral; en 1877 se le rotula Gran Capitán, en memoria de Gonzalo Fernández de Córdoba. El tercer tramo iba de la Catedral a la calle Santo Tomás; no se localiza ningún topónimo específico hasta que al levantarse la Lonja de Mercaderes a fines del siglo XVI, los espacios que la rodean, éste entre ellos, comienzan a denominarse Lonja. Al advenimiento de la II República en 1931, todos los topónimos fueron suprimidos y unificada la vía bajo la denominación de Libertad. En 1936 vuelve a dividirse: el primer tramo, hasta Alemanes y García de Vinuesa, pasa a llamarse José Antonio Primo de Rivera; el resto, hasta la Puerta de Jerez, Queipo de Llano. Finalmente, en 1980, volvió a unificarse, y se le da el topónimo actual.

Calle Cantarranas. Ahora, Gravina.

Se llamó en lo antiguo Cantarranas. Con esta denominación aparece ya en un documento municipal de 1408 y en sucesivos padrones del siglo XV. El origen de ese nombre es, sin embargo, incierto, si bien muy indicativo del lugar. González de León lo atribuye al espacio pantanoso por el que discurría la calle, un lugar lleno de ranas situado junto a la muralla de poniente. Pero varios siglos antes Juan Mal Lara había escrito que la calle se llamaba así por unos caños y husillos que tiene por donde se limpia la ciudad, llamados al parecer cantarranas. El topónimo se mantuvo hasta la segunda mitad del siglo XIX, en que se sustituyó por el actual, en memoria del almirante español Federico Carlos Gravina, muerto tras la batalla de Trafalgar. Esa rotulación se decidió muy probablemente en 1868, pues aparece en la planimetría de finales de siglo. No obstante, es posible que en un principio se mantuvieran los dos topónimos: Cantarranas hasta el cruce con San Pedro Mártir y Gravina para el resto de la calle hasta San Pablo. Santiago Montoto la designa también con el nombre de Comendador.

Calle Gravina

Calle Honda. Ahora, Relator.

Sus diversos tramos se han conocido con nombres distintos a lo largo de los siglos, y el propio topónimo actual parece que ha cambiado de sitio. Se cita por primera vez este en un padrón de 1483, por vivir en ella un personaje que poseía este oficio: era el encargado de la relación de los autos ante los tribunales de justicia. Aunque aparece el nombre, no se puede identificar el sitio exacto de la calle. En el siglo XVI se cita una Pila del Relator en una de las cuatro esquinas del cruce de esta calle con la calle Feria; cabe pensar, por tanto, que la primitiva Relator estuvo entre Feria y Escuderos aproximadamente. En la primera mitad del siglo XIX daba nombre a la actual Escuderos. En 1533 el primer tramo es conocido como la calle que va de la pila del Relator a la Laguna (Alameda de Hércules); desde comienzos del siglo XVII recibe el nombre de Honda, por su desnivel con las inmediatas, hasta feria y luego hasta Escuderos. En 1845 se le cambió por el actual.

Calle de las Armas. Ahora, Alfonso XII.

Desde el siglo XIII está documentada como calle de las Armas, nombre cuyo origen exacto no está bien deterrninado. Para González de León, se llama así por haber habitado en ella los armeros o fabricantes de armas. Mientras para Álvarez-Benavides, «la circunstancia de haber sido esta vía la primera de la ciudad que pisó ya vencedor San Fernando de sus enemigos, ocasionó se le diese el nombre de Armas, por ser estas las que devolvieron al cristianismo la ciudad». También se ha atribuido, como recoge Santiago Montoto, a los numerosos escudos de armas de sus fachadas. El topónimo Armas se mantuvo hasta 1883, en que se rotuló Alfonso XII, en homenaje al monarca. En 1931 se sustituyó por el de Catorce de Abril, fecha de la proclamación de la Segunda República, hasta que en 1936 se repuso de nuevo su nombre previo.

Calle Alfonso XII