Abierto los 365 días del año, la Catedral de Sevilla acoge uno de los Nacimientos más antiguos de la ciudad. El Belén da nombre a una de las puertas del templo sevillano, la de la Natividad. Día tras día, ya sea diciembre o agosto, los transeúntes de la avenida de La Constitución pasan frente a esta joya que exisite desde el año 1762.

Situada en la fachada occidental del templo, la puerta del Nacimiento o puerta de San Miguel de la Catedral de Sevilla fue la primera en labrarse, junto con la del Bautismo, que se encuentra también en esta misma fachada, al otro lado de la puerta de la Asunción o principal. Así como la puerta del Bautismo potenciaría desde la zona septentrional la llegada de los fieles y su acceso a la capilla del mismo nombre, y la puerta principal se reservaría para las visitas protocolarias y entradas solemnes de los obispos, la puerta del Nacimiento fue el lugar de entrada para quienes llegaban a través de la antigua puerta de San Miguel o del Almirantazgo de la muralla.

Puerta del NacimientoSu diseño, la iconografía y ejecución, junto con la del Bautismo, forman un programa unitario y, aunque hecha en diversas etapas por varios artífices, forma un conjuntos muy notable dentro de la escultura gótica en barro cocido. Esta puerta del Nacimiento estuvo frente al antiguo colegio de San Miguel, primer establecimiento de tipo universitario que tuvo Sevilla, fundado por Alfonso X el Sabio, y cerca del arquillo del mismo nombre que existió hasta el año 1762.

La iconografía de esta portada versa en torno al comienzo del Nuevo Testamento escrito por los cuatro evangelistas, y además trata el origen de la Iglesia hispánica, que aquí queda representado por el obispo San Laureano y el mártir San Hermenegildo.

La estudiada ubicación de estas figuras junto a la puerta denota la afinidad de los evangelistas San Juan y San Lucas con la Virgen y deja en un puesto más alejado a los santos hispánicos, para mostrar los orígenes del cristianismo en la península enlazando además con el planteamiento iconográfico de la portada del Bautismo.

La importancia del tema a tratar y su realización material motivó tiempos distintos en los encargos realizados a distintos escultores desde mediados del siglo XV hasta principios del XVI, no bien reflejados en la documentación conservada. La parte escultórica más antigua corresponde a los altorrelieves en piedra que rodean el tímpano, realizado a mitad del siglo XV al tiempo de la decoración arquitectónica hecha por los entalladores. Las pocas posibilidades plásticas de la piedra condicionaron los materiales escultóricos de las portadas por lo que, sin modificarse el programa iniciado, sus figuras y relieves se hicieron en barro cocido.

La autoría de estas imágenes no está documentada, por lo que los estudiosos sobre ellos apuntan a distintos autores. Se ha creído ver en ellas la mano de Lope Marín y también la de Pedro Millán, pero desde que el profesor Manuel Gómez Moreno en 1911 demostró el carácter flamenco de estas figuras, relacionándolas con el del sepulcro del cardenal Cervantes que hiciera para esta catedral Lorenzo Mercadante de Bretaña, todos los historiadores posteriores han refrendado su atribución a favor de este escultor.