El crisol cultural que vivió Sevilla en los siglos previos al descubrimiento del Nuevo Mundo esconden un oscuro suceso en el que unos 4.000 judíos perdieron la vida. La segunda judería del Reino de Castilla acogió dos revueltas provocadas por envidias de poder y atribuciones de fenómenos paranormales para justificar la devastadora presencia de la peste, que hacía estragos entre la población.

Ninguna sinagoga se mantiene en pie en Sevilla desde el año 1396. Las cuatro existentes en la ciudad fueron convertidas en iglesias o conventos. La Iglesia de Santa María de las Nieves o Santa María la Blanca; la Iglesia de Santa Cruz, que estuvo en el terreno que hoy ocupa la Plaza de Santa Cruz; el convento de la Madre de Dios; e incluso la Iglesia de San Bartolomé, que inicialmente se había comprometido a conservar como sinagoga y que durante mucho tiempo mantuvo sus inscripciones hebreas. La huella hebrea en Sevilla empezaba a desaparecer.

A mediados del siglo XIV, el número de familias de la judería de Sevilla podía calcularse en unas doscientas, era la segunda judería de la Corona de Castilla, después de Toledo;14 muchas de ellas se dedicaban a la industria y el comercio. Su riqueza suscitaba la envidia y el odio de la población. Los judíos estaban frecuentemente expuestos a los ataques y al maltrato.

Un primer motín estalló el 15 de marzo de 1391, durante el cual varios judíos fueron asesinados; pero los nobles, que los protegían, pronto sofocaron la sublevación. Tres meses después, el 6 de junio, la población enfurecida atacó masivamente las juderías, saqueando y quemando las casas. Se dijo que más de 4.000 judíos fueron asesinados, aunque la mayor parte se vio obligada a aceptar el bautismo para salvar sus vidas. Según una carta de Hasdai Crescas, las mujeres y los niños fueron vendidos como esclavos a los musulmanes.

Para explicar las causas de este holocausto hay que remontarse a la plaga de peste que azotaba Europa durante medio siglo en 1348 y en la que murió la tercera parte de la población del continente. En la búsqueda de explicación al fenómeno fue habitual recurrir a todo tipo de causas imaginarias, como atribuirlo a un castigo divino a los cristianos por permitir la presencia de la raza deicida (los judíos) entre ellos; o culpar directamente a los judíos de envenenar los pozos de agua para propagar la peste, atribuiyéndoles el propósito de destruir la cristiandad.

La causa desencadenante inmediata de la revuelta sevillana fueron las predicaciones antijudías que desde hacía quince años, en torno al 1376, venía efectuando el arcediano de Écija, Ferrán Martínez -un clérigo español del siglo XIV, uno de los más importantes predicadores antisemitas-, que incitaba a la población de Sevilla contra los judíos. A los protagonistas del tumulto, se les conocía como matadores de judíos. A los motivos religiosos, se sumó la percepción de impunidad de los que asaltaban y destruían las sinagogas, a causa de la situación política, en la que se padecía un vacío de poder durante la minoría de Enrique III.

La hostilidad manifiesta contra la población judía en Sevilla se vio acentuada desde el escándalo que protagonizó en 1379 José Pichón (de nombre judío Yusaph), almojarife y contador mayor (administrador de los impuestos reales) de Enrique II de Castilla. Denunciado por sus propios correligionarios judíos, fue primero a la cárcel, de la que se libró con el pago 40.000 doblas. No obstante, fue ejecutado en su propia casa por tres miembros de la comunidad judía, según la costumbre. El rey, enfurecido, mandó matar a los tres judíos responsables de la ejecución, y cortar la mano del alguacil mayor que había intervenido en ella. A partir de entonces se retiró a la comunidad judía la potestad que hasta entonces había tenido de aplicar justicia de sangre entre sus miembros.

Las matanzas de judíos se extendieron a otras ciudades, primero del valle del Guadalquivir y luego de la Meseta Sur, llegando a ciudades importantes como Madrid y Toledo, y otras zonas castellanas, como Burgos o Logroño.  La Corona de Aragón también se vio salpicada por las revueltas debido a la presencia de notables predicaciones antijudías, atribuidas principalmente a San Vicente Ferrer, que tenía por lema el «bautismo o muerte».

Imagen: Centro de Interpretación Judería de Sevilla.