Olek, la artista que cubre la estatua del Cid este jueves, es por derecho la camarera del Campeador. El hilo multicolor ya cubre el frío acero ante la atónita mirada de los viandantes. Disparidad de opiniones aparte, la instalación de la artista neoyorquina ha causado furor tanto en la calle como en las redes sociales, en donde su vestido de crochet para el monumento se ha convertido en Trending Topic. El Cid estará ataviado hasta el próximo 12 de noviembre.

«¿Eso es por Halloween?», pregunta uno de los conductores que transita la glorieta del Cid durante la intervención de la neoyorquina Olek. Frenazos, preguntas, fotos y mucho hilo. Pasadas las doce del mediodía, la artista comenzaba a desplegar las piezas previamente tejidas gracias a la ayuda de varias colaboradores. Lo primero, la lanza, que iba adoptando colores muy sevillanos: rojo y albero. Después llegaría el morado, los tonos violetas y el azul eléctrico.

Olek ante la prensa«Soy una mujer de acción, no de palabras», advertía Olek ante los numerosos medios congregados en las inmediaciones del monumento. Dos grúas y tres operarios municipales han asistido a la artista en su labor de «tejer el Cid», una intervención que la neoyorquina considera «un regalo para los sevillanos», ha explicado.

Olek llega al Cid tras estudiar mucho la historia de la ciudad. «¡He hecho los deberes!», explicaba en una entrevista concedida a ABC de Sevilla la tarde antes de iniciar la instalación. «Elegí el Cid porque muere dos veces. Por su leyenda que, de forma conceptual, es lo que pretende todo artista, que una vez muerto su arte y su nombre continúe vivo», justifica Olek, que se encuentra en Sevilla preparando la exposición «Santa Ágatha, la torera» para la galería Delimbo. «Quizás esta performance haga que los sevillanos vuelvan a valorar la importancia del Cid», añade.

El crochet llega al Cid tras intentar «crochetear» sin éxito la estatua de San Fernando de la Plaza Nueva. El Ayuntamiento negó los permisos a la artista argumentando la importancia de la figura del patrón de Sevilla y ofreció el emplazamiento finalmente elegido. La Comisión de Patrimonio, dependiente de la Junta de Andalucía, concedía el mismo miércoles los permisos para llevar a cabo la instalación.

Desde que se anunció la intervención de Olek en Sevilla, la polémica se ha anticipado a la obra. Un terreno, el de la controversia, en la que la artista se encuentra cómoda. «El arte debe provocar cambios, abrir la mente, me gusta hacer pensar a la gente; se puede amar u odiar, me es indiferente, pero sí creo que debe generar una sensación; la obra no estará completa hasta que se el público reaccione ante ella», justifica. «Traer cambios es muy importante para mí», confirma.

Parte de esa polémica también salpicaba de forma anecdótica la instalación. Argumentos a favor y en contra, la primera reacción de los sevillanos que transitaban la zona era hacer una fotografía con sus teléfonos móviles. No importaba si fuesen a pie o en coche. Tampoco ha faltado algún que otro exabrupto.

Los comentarios

Un instante de la intervención de Olek«Me parece bien, siempre y cuando no le cueste dinero al Ayuntamiento», afirmaba Pilar Enrile, vecina de la Avenida de Portugal. «Eso sí, me gusta más el Cid ‘desnudo’, sin crochet», añadía. Arquitectos, estudiantes de Bellas Artes y mucho curiosos no han querido perderse el proceso. «Esto no se ve todos los días, se suele ver en otras ciudades pero no me lo esperaba en Sevilla», defendía Cristina, estudiante de Derecho. «Me parece llamativo, algo extravagante, y no creo que cubrir de crochet al Cid le haga daño a nadie», defendía la futura letrada. «Otra cosa es que se pueda considerar arte», ampliaba.

Resuelta, risueña y agradable en el trato cercano, Olek es el pseudónimo bajo el que la artista, de origen polaco y residente en Nueva York, Agatha Oleksiak ha cubierto medio mundo con su característico croché. Actividad que la ha colocado como uno de los referentes de la escena mundial, claro ejemplo es pertenecer al selecto grupo de artistas con los que cuenta la galería neoyorquina Jonathan LeVine.

«Para mí, el crochet es la lengua con la que me comunico con el mundo. Al igual que en cualquier pieza de croché, todo está interconectado, si se corta un hilo se deshace el todo», argumenta la artista. «El croché se puede hacer y deshacer, como un bucle, algo sin final. Todo es una espiral, algo inacabado. He ahí una simbología interesante de esta técnica», defiende la neoyorquina.

Pero, ¿es arte? «Mi abuela hace croché pero no hace arte; la gente pinta pero no necesariamente hace arte; el croché, al igual que la pintura, es la técnica. El significado se lo doy yo. ¿Algo habrá en mi obra para que haya entrado en museos de arte contemporáneo?  Todo puede llegar a ser arte pero no todo es arte», sentencia Olek.

Sevilla ya está en la nómina de ciudades como Londres, Nueva York o la polaca Lodz, donde Olek ya ha «crocheteado» varias esculturas. Al toro de Wall Street, el palacio de Lancaster y el Cid están interconectados por un mismo hilo.

Fotos: Vanessa Gómez