Sevilla y las letras. Una relación tan valiosa como consolidada a lo largo de los siglos y de las distintas figuras artísticas nacidas en su seno. Bécquer, Machado, Cernuda… son el «escaparate» más notorio en el que se incluyen escritores tan auténticos como José Más y Laglera.

Auténtico por romper la norma. Por presentar una Sevilla distinta: trágica, aciaga, maldita. Por afanarse en huir de esa imagen tópica de pandereta y fiesta.

En este 2015 se cumple un siglo de la publicación de su novela «Soledad». No fue la primera, pero sí la que marcó las bases estilísticas y abrió el gran período productivo de José Más.

Grande y corto a la vez, pues su mensaje sólo fluyó a lo largo de veinte años. Eso sí, en 19 novelas, tres libros de cuentos y diversas publicaciones entre crítica, artículo y novela corta.

De hecho, su primera publicación se editó en Sevilla en 1909. El resto lo harían en Madrid, aunque el escritor no dejó de visitar Sevilla con bastante asiduidad.

No hay que olvidar que sus orígenes astigitanos fueron circunstanciales. Sus padres (fue hijo del también poeta Benito Más y Prat) residían en Sevilla pero por cuestiones familiares se trasladaron a Écija.

Retrato de José Más

Retrato de José Más

Allí nació José el 6 de junio de 1885, y permaneció durante siete años, tiempo en el que tuvo que afrontar la muerte de su padre y episodios de poco desahogo económico, que le llevaron a los doce años a «emigrar» por trabajo a la colonia de Fernando Poo, actual Guinea Ecuatorial.

Si a todo lo anterior se le añaden amores traumáticos de juventud, ya en Sevilla, el resultado no podía ser otro que el tono oscuro de sus novelas. De hecho, y aquí llega lo verdaderamente interesante, José Más ambientó en la capital hispalense hasta 6 obras, dentro del ciclo que él mismo dió en llamar «Novelas sevillanas».

La primera de ellas, «La Bruja» (1917) dibuja a una protagonista de igual nombre y poder de perdición que la icónica mujer fatal de Merimée. Pero sin mayor coincidencia, ni mucho menos inspiración, como afirmó el propio Más.

En este caso, la joven sufre algún tipo de maleficio que la convierte en gafe, muriendo todo aquel que con ella se relaciona. A cualquier nivel.

«Era una necesidad de mi espíritu dar salida de alguna forma a todo lo que gocé y sufrí en el tiempo que duraron estos amores. Fue una vida intensa, llena de emociones. Carmen era así, como la describo en mi novela», refiere en «Cómo, dónde y por qué. Historia de La bruja».

¿Alguien imagina a la simbólica y triunfal Giralda como eje de toda desgracia y muerte? José Más sí. Así lo plasmó en «La Estrella de La Giralda», con recurrentes suicidios con el campanario y las cubiertas catedralicias como telón de fondo.

Es más, tampoco dejó al margen al Guadalquivir, que tantos sevillanos identifican con el pasado dorado que una vez definió al Puerto y Puerta de Indias. Sus novelas «La orgía» y «Por las aguas del río» dan buena cuenta de ello.

El pasado y los cambios sociopolíticos

Como explica el doctor en Filología Hispánica de la Universidad Complutense, Mohamed Ben Slama, «se quiere localizar en las viejas preocupaciones que duermen en el pasado histórico más remoto, especialmente árabe». Parafraseando a Emilia Pardo Bazán, «en este aspecto, la atracción y el vértigo abismal son lo que da prestigio cruel a la torre antigua hechizada por los recuerdos, las sensualidades y melancolías moras».

El Guadalquivir visto desde el puente de Triana / Raúl Doblado

El Guadalquivir «observado» desde el puente, como ese destino implacable que guía a los personajes de José Más / Raúl Doblado

Otra revisión, más superficial, es la que hace en «Hampa y miseria» de los salones de baile de la época. «En las tabernas de la Resolana y en el célebre Arco conoció el hijo de Rosa a muchos mocitos pintureros, y fingiéndose hebreo se dejó llevar a los bailes y cafés cantantes, llenos desde el anochecer hasta las altas horas de la madrugada, de todo lo peorcito del barrio. Así Joselillo conoció el Salón Español, antro tenebroso al que se llegaba por un corredor largo y abovedado».

En cualquier caso, y extrapolando el trasfondo de sus novelas sevillanas al resto de su producción, lo que pretendía el autor era hacer crítica social, aunque no pocos expertos le situaran como escritor costumbrista. Le preocupaba especialmente el yugo campesino del sur.

En palabras de Francisco Caudet, «el andalucismo de José Más nunca fue costumbrista sino esencialmente social. Por otra parte, todas estas novelas (sevillanas y andaluzas) nos revelan que lo importante en ellas no es el tipismo regional, sino la denuncia de la injusticia y la opresión social».

La inquietante portada de «La estrella de la Giralda»

La inquietante portada de la novela «La estrella de la Giralda»

Hay ornamento, «prosa impresionista», misterio… pero sólo encaminados a una lectura más atractiva, y que desaparecen al llegar los años 30 y quedar el novelista plenamente desengañado de la República, y de cómo la burguesía se había ido mimetizando con las históricas clases poderosas.

Con «En la selvática Bribonicia» (1932), José Más libera su escritura del arabesco, del perfume y del adorno localista. Ahora tiene una visión del mundo más coherente y la expone con un grado mayor de claridad. La perspectiva revolucionaria prima», concluye Caudet.

Toda su amplia perspectiva, reaccionaria, docente, regionalista, dedicada a la mujer… fue un gran éxito de crítica y «caja», interrumpida súbitamente en 1936 por toda la cuestión bélica.

Como apunta Manuel Rodríguez Bernal, «con ’La Orgía’, la más vendida, se agotaron 6 ediciones en un sólo año, y se tradujo, como el resto, al italiano, portugués, alemán, holandés, inglés y francés.

Se conmemoran por tanto 100 años del célebre arranque literario de José Más, pese a lo desconocido que puede resultar en los tiempos que corren. Un siglo del apogeo de un autor que se afanó en la particular tarea de encontrar la tristeza en Sevilla.