La Catedral de Sevilla alberga una de las mayores bibliotecas privadas de España. El origen está en Cristóbal Colón, aunque fue su hijo Hernando quien amplió la colección y la dotó de un sistema de organización que garantizó su rápida y segura consulta de cuantos volúmenes albergaba, entre ellos el Antibarbarorum liber de Erasmo de Rotterdam o la Gramática Castellana de Elio Antonio de Nebrija.

Cristóbal Colón inicia una importante colección de libros para -según algunas teorías- instruirse para preparar sus viajes o -como defienden otras- para refutar a aquellos que ponían en cautela su descubrimiento de las Indias. Sea como fuere, lo cierto es que el descubridor adquiere un buen número de reconocidas enciclopedias y tratados geográficos y libros de viajes. A su muerte, relega el cuidado de su colección a su hijo Hernando, un amante y buen atesorador de libros.

Ejemplar de Erasmo de RotterdamHernando, además de ser un erudito que viajaba con profusión y frecuentaba círculos de amistades en la que se encontraba con comerciantes o banqueros italianos, tenía como ventaja el título de hijo de Colón el descubridor, lo que le valió para poder adquirir las obras directamente de los propios autores. En Alcalá de Henares conoció a Elio Antonio de Nebrija, humanista autor -entre otros- de la primera gramática castellana o en Lovania, donde Erasmo de Rotterdam le regaló un ejemplar del Antibarbarorum liber, dedicado de puño y letra. Ambos se conservan en la biblioteca Colombina, situada en la Catedral de Sevilla.

Pero antes de llegar hasta la Catedral, la colección de Hernando Colón tiene su sede en la sevillana Puerta de Goles. El bibliófilo edifica una casa «al estilo de las villas suburbanas recreadas en Italia por los humanistas y arquitectos del renacimiento florentino» a orillas del Guadalquivir en 1526. La mayor parte de las habitaciones sería ocupada por los libros y la vivienda albergaría también «el segundo centro de estudios cosmográficos de España, desarrollando actividades paralelas a las que tenía como propias la Casa de Contratación de Sevilla».

La muerte de Hernando Colón supone un cambio en la ubicación de su colección. El hijo del descubridor lega sus libros a su sobrino Luis Colón, quien no compartía el gusto por los libros que movió a su tío durante su vida, con el objetivo de engrandecer la institución que él había creado. En caso de que se incumpliese su compromiso, la colección quedaría en manos de otros depositarios: el cabildo de la Catedral de Sevilla, el convento dominicano de San Pablo o el Monasterio cartujo de las Cuevas. Finalmente, desde 1552, la custodia de la biblioteca Colombina correspondió al cabildo catedralicio.

La Catedral de Sevilla es, además de por muchos conceptos artísticos, un recinto privilegiado por albergar estos fondos bibliográficos que «alcanza categoría universal dada la calidad y la rareza de los impresos custodiados». En la actualidad, la biblioteca es visitada por estudiantes y académicos, o para aquellos curiosos que deseen contemplar la colección. Eso sí, previo concierto de una cita, que se puede realizar por Internet en la web de la Institución Colombina.

Biblioteca Colombina