Cinco localizaciones en apenas 200 años de historia. La pila del Pato descansa, quién sabe si para el resto de sus días, en la plaza de San Leandro desde los años 70 pero generaciones anteriores la vieron en la plaza de San Francisco, la Alameda de Hércules o Prado de San Sebastián. Es la fuente errante de Sevilla.

Ha sobrevivido el duro vandalismo y, como aquel regalo incómodo, la suerte de no encontrar asiento en la ciudad. Esta característica ha llevado a la pila del Pato a pagar los desmanes de continuas alteraciones urbanísticas. A pesar de las inclemencias propias de una fuente bicentenaria, este surtidor goza de aparente buen estado de salud y de una plaza que se ha encariñado con ella, la de San Leandro.

Pila del PatoLa fuente, realizada en mármol con elementos renacentistas y surtidores con formas animales, debe su nombre a un pato de bronce que remata la pila. Los orígenes de la pila del Pato se remontan al año 1833, cuando se decidió realizar una fuente que sustituyera a la de Mercurio, obra entre otros autores de Bartolomé Morel, un fundidor de metales y maestro artillero que realizó importantes trabajos en Sevilla como la escultura de bronce del dios Mercurio o el Neptuno de la fuente de los Reales Alcázares.

La localización aproximada equivaldría a la de la actual fuente de Mercurio, a los pies del Banco de España. Aunque no siempre fue así, el surtidor primigenio estaba situado más al centro de la plaza de San Francisco, pero este enclave empezó a molestar porque impedía el tránsito de procesiones como las de la Semana Santa o el Corpus.

En una Sevilla en sepia, el fotógrafo galés Charles Clifford, uno de los pioneros en retratar el paisaje costumbrista de la España de mediados del siglo XIX, ya puso sus ojos y el objetivo de su cámara en la pila del Pato logrando una instantánea en la que se puede ver de fondo la Giralda. La fuente renacentista, dijo adiós a Sevilla a favor de la del Pato, menos monumental y más coherente con los gustos de la época.

La tranquilidad le dura apenas medio siglo a la pila del Pato. El incipiente tráfico de vehículos provoca la decisión de trasladarla de sitio. Su primer viaje, sin contar los traslados dentro de la plaza de San Francisco, es a la Alameda de Hércules, a la zona próxima a la calle Relator, en las inmediaciones de las columnas de los leones. Allí llega la fuente en el año 1885.

La zona norte de la Alameda hace suya la fuente hasta tal punto de confabular atribuciones mágicas al chorro de agua que brota del pato. Se decía que el líquido emanado del surtidor daría fortuna a aquellos toreros en ciernes que pretendían alcanzar la fama. Allí aguanta hasta la primera década del siglo XX, cuando para aliviar inundaciones, se determina subir el suelo de la Alameda.

El ciclo se repite y la pila del Pato vuelve a decir adiós a los toreros sedientos de fama. Su nueva localización sirve para dar la bienvenida a quienes llegaban en autobús a la ciudad. La recién estrenada estación del Prado de San Sebastián acoge a esta viajera fuente en su explanada contigua, que en la actualidad equivale a los juzgados.

En el nuevo enclave, la pila se convierte en referente para los sevillanos. La proximidad geográfica de la Feria de Abril hacen de la fuente un punto de encuentro. «En la pila del Pato mi alma te he conocido», cantaba Francisco Palacios, El Pali en una de sus muchas sevillanas.

Año 1965. El sino de la fuente errante vuelve a dar un giro y la ampliación de los juzgados obliga a las autoridades a desmontar la pila para construir aparcamientos. Nuevo destino, la plaza de San Leandro.

El descanso para la pila del Patio le lleva en una plazuela de forma triangular a la que llegan las calles Alhóndiga, Zamudio e Imperial, y se extiende hasta la esquina entre Francisco Carrión Mejías y Cardenal Cervantes y que toma su nombre del convento de San Leandro.

Plaza de San Francisco, Alameda de Hércules, Prado de San Sebastián, plaza de San Leandro. ¿Punto y aparte o final?