Una dama alada con dos trompetas que pregona las cosas buenas, también las malas. La Fama, una figura mitológica, corona la fachada principal del rectorado de la Universidad de Sevilla. En su caso, con una única trompeta, para vocear solo la excelencia de la Hispalense, que ha adoptado esta figura como marca institucional. Pero, ¿cómo llega esta doncella con alas de águila a la antigua Real Fábrica de Tabacos?

La arquitectura sevillana se aferra al barroco a mediados del siglo XVIII. En el estertor  de este estilo, el rey Fernando VI ordena levantar el primer edificio industrial de Europa, la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla. Para demostrar la grandeza de reinado con más sombras que luces, recluta a uno de los mejores arquitectos de la época, el flamenco Sebastián Van del Borcht, autor en buena parte de la Casa de la Moneda.

La Fama, dibujo de José Antonio Sánchez Baillo

Dibujo de José Antonio Sánchez Baillo. | US

Más allá de la fastuosa construcción, «Fernando VI ordena subrayar el mensaje de éxito pese a que en los último años de reinado, los que van de 1755 al 59 suponen los peores de su gobierno», explica el catedrático de Historia de la Universidad de Sevilla Ramón Serreras. La solución, coronar la fachada principal con la Fama de una única trompeta.

«El un símbolo muy interesante», destaca Serreras. La Fama es un personaje mitológico representado por una dama con alas de águila y dos trompetas. La voz pública para los romanos y lo griegos, la mensajera de Júpiter y de Zeus, pregonaba a los cuatro vientos lo bueno y lo malo, la verdad y la mentira. En este caso, la doncella aparece solo con una única trompeta solo para proclamar las bondades, los éxitos y las verdades.

«Es puro simbolismo, auténtica retórica a favor de la monarquía católica de Fernando VI», destaca el catedrático. «Las alegorías están siempre al servicio del mensaje, en este caso político, que pretendía proclamar la gloria de los bombones a Europa», detalla Serreras. «El concepto de Fama va unido al de triunfo», añade.

El encargado de realizar esta gran obra de mármol con las alas de cobre sobredorado es Cayetano de Acosta, un escultor portugués que realiza también las fuentes de los patios y los jarrones de azucenas que flanquean a la Fama, así como los pináculos que decoran las cuatro esquinas del inmueble. Las caras obras se sufragaron gracias a la renta del tabaco, muy altas. No hay que olvidar que el edificio tenía jurisdicción exenta y cárcel propia.

Hace más de medio siglo que las cigarreras abandonaron su trasiego por la Real Fábrica de Tabacos. Poco más tarde, el edificio sufriría una adaptación -realizada por los arquitectos Delgado Roig, Balbontín Orta y Toro Buiza- para convertirse en la sede de las facultades de Derecho, Ciencias y de Filosofía y Letras de la Universidad de Sevilla, una institución que también ha adoptado a la Fama como símbolo y desde hace una década es marca de la Hispalense, en detrimento del sello en el que aparece San Fernando con San Isidoro y San Leandro.

«Simboliza los éxitos de la institución, la excelencia académica con una especie de retórica propagandística», explica Serreras, quien precisamente ha obtenido el galardón que distingue a los mejores investigadores de la Hispalense y a quienes se les entrega una réplica de la Fama que corona el rectorado. Esta estatuilla también sirve como reconocimiento para el personal de la institución que alcanza la jubilación en esta institución.