En la Avenida Madison esquina con la calle 26, en pleno barrio de Manhattan, entre la Quinta Avenida y Park Avenue, se erigió hasta hace poco la Giralda… de Nueva York. La réplica del campanario levantado por el califa Abu Yaqub Yusub dominó el perfil de la Gran Manzana en los «felices años veinte». Pero, al igual que la «loca» economía norteamericana de la época, la torre homóloga de la sevillana cayó pagando el precio de los excesos.

La Giralda de Nueva York cumple este martes 125 años de su inauguración. Más alta que la original, la estructura construida por los arquitectos Charles McKim, William Rutherford Mead y Stanford White coronaba el segundo Madison Square Garden que conoció la Gran Manzana.

La torre, que incluía efectos de luces en su «campanario», presenció veladas de boxeo y recitales de los más distinguidos artistas de la época. Pero, a pesar de la vasta programación de actuaciones, los números rojos acompañaron a la empresa dados los altos costes de la construcción del complejo, repleto de excesos, que completaba una diosa Diana Cazadora a modo de Giraldillo que se puede ver en el museo de Bellas Artes de Filadelfia.

El segundo Madison Square Garden cambió de manos y sus nuevos propietarios, la New York Life Insurance Company decidió que el futuro del espacio pasaba necesariamente por la piqueta. Y así, 35 años después de su construcción, el edificio fue derribado levantando algo más que polvo en la sociedad de la época, que levantó la voz pidiendo conservar aquellos edificios que, aunque jóvenes, tenían notable interés.

A pesar de aguantar solo tres décadas el envite de los tiempos, la Giralda neoyorquina pasó a los anales de la crónica negra estadounidense. Su arquitecto, Stanford White, murió asesinado por el marido de su amante en la misma la torre, donde tenía un apartamento. La mujer de este trío de infidelidades fue Evelyn Nesbitt, que sirvió de modelo para la Diana Cazadora que coronaba la torre. El homicidio fue catalogado como el crimen del siglo.

Marraquech, Kansas City, Miami, Chicago, Carmona, Écija, Tarragona, Badajoz, Gijón, Moscú, Cleveland, San Francisco, Varsovia… o Lebrija. Pero Giralda, que rompió el molde de la arquitectura de la época, solo hay una, y está en Sevilla.