Una historia de amor justifica uno de los nexos entre Sevilla y Cuba. Si el Giraldillo marca los vientos en la antigua Híspalis, la Giraldilla lo hace en La Habana. La veleta del Castillo de la Real Fuerza está inspirada en Isabel del Bobadilla, quien según dicta la leyenda sigue esperando a su amado Hernando de Soto desde su atalaya.

Para contextualizar la historia de la Giraldilla hay que remontarse hasta el año 1538, siendo Carlos I el Rey de las Españas. El monarca nombra Capitán General de Cuba y Adelantado de La Florida a Hernando de Soto. La Habana era una pieza clave en la ruta entre el antiguo y el nuevo mundo así que el soberano manda a De Soto la construcción de una fortaleza, lo que hoy es el Castillo de la Real Fuerza.

La Giraldilla de La HabanaEn su encomienda de gobernar La Florida, De Soto inicia un viaje al mando de nueve naves, novecientos hombres y trescientos caballos. En La Habana deja a Isabel del Bobadilla como gobernadora. En su travesía, De Soto descubrió el el Mississippi atravesándolo por el sitio que actualmente ocupa Memphis y adentrándose en las llanuras de Arkansas. Cuenta la leyenda que De Soto había oído hablar a los indígenas de una fuente de la juventud en las inmediaciones del Mississippi. Obcecado por el cuento, el Adelantado volvió al río, donde le atacó una fiebre que acabó con su vida.

Mientras De Soto tomaba terreno para Carlos I, Isabel del Bobadilla esperaba a su esposo desde la torre de vigía del Castillo de la Real Fuerza. Aquella larga espera convirtió a Isabel en un personaje legendario que, años después, inmortalizaría artista habanero de origen canario Jerónimo Martín Pinzón en una escultura de bronce a la que el gobernador Juan de Bitrián le daría el nombre de La Giraldilla, en honor a la ciudad natal de la amada, Sevilla.

La figura es la de una bella muchacha vestida a la usanza del renacimiento español y con la Cruz de Calatrava en una de sus manos. La Giraldilla, que mide 110 centímetros de altura, tiene sobre el pecho un medallón con el nombre del escultor y una corona en la cabeza. Según la tesis del doctor Manuel Pérez Beato, en su obra Rectificaciones históricas, editada en La Habana, la Giraldilla representa «la victoria, portando en su brazo derecho una palma, de la que solo conserva el tronco y, en la izquierda, en un asta, la Real Cruz de Calatrava, de cuya orden era caballero Bitrián de Viamonte; en la parte inferior del asta se ven las grapas que sujetaban la banderola que servía para dar dirección al conjunto por la acción del viento y que perdió durante algún huracán de los muchos que debe haber visto».

La Giraldilla es la escultura fundida en bronce más antigua de Cuba, actualmente símbolo de la Ciudad de La Habana. En la actualidad, tanto la figura como el Castillo, junto al sistema de fortificaciones de la ciudad y el casco histórico, es uno de los sitios declarados patrimonio de la humanidad por la UNESCO.