Lo recordaban hace semanas el dúo Gemeliers. «Hay una ciudad con más de dos mil años ya, que fundaron los romanos y habitaron musulmanes y cristianos», dice la letra de la canción con la que el Ayuntamiento promocionaba la urbe como destino turístico familiar. Sevilla goza de una vasta historia que iniciaron los tartessos y que, con los romanos, visigodos, musulmanes y cristianos, alcanzó cotas de difícil parangón. El casco antiguo sevillano presume, junto con el de Génova y Venecia, de ser el más extenso de Europa y, en sus calles alberga monumentos que ofrecen verdaderas lecciones de historia.

Del mismo modo que en la Física se establecen condiciones ideales para el estudio de determinadas cuestiones, los Tartessos supondrán en este reportaje el punto cero desde el que iniciar el repaso por la historia de Sevilla. Varias excavaciones arqueológicas acometidas en la zona de la Alfalfa ya atestiguan que los primeros humanos se asentaron de forma estable en el siglo IX antes de Cristo.

El primer monumento, quizás el obvio y por ello menos señalado en las guías turísticas, es el río Guadalquivir. Conocido hace casi 2.500 años como Tartessos. En torno a este cauce de agua se formó la primera civilización de ‘sevillanos’. El antiguo Guadalquivir sirvió de nexo entre los poblados tartésicos documentados a lo largo del valle.

Las columnas de la Alameda de HérculesLos romanos, con el general Escipión al frente, llegaron a la actual Sevilla en el año 206 antes de Cristo. En ella Julio César fundó la «Colonia Iulia Romula Hispalis». Además del nombre, los romanos dan a la ciudad la ordenación viaria, con el Cardo Máximo y el Decumano Mayor, que se cortaban en lo que en la actualidad es la plaza de la Alfalfa.

De la época romana quedan en Sevilla varias referencias que se mantienen a lo largo de los siglos. Las columnas de Hércules y César, situadas en la Alameda, son un ejemplo muy visual de esta etapa en la ciudad. Los romanos también dejaron las murallas, el nombre de la Macarena, la cisterna romana de la plaza de la Pescadería, el acueducto o el templo de la calle Mármoles.

En el año 411 d.C., los vándalos silingos se apoderan de la provincia Bética. La toma de Híspalis se produce en el 426 d.C. por parte del vándalo Gunderico. Las vándalos entran en Sevilla provocando notables destrozos en el rico tejido urbano de la ciudad levantado por los romanos durante sus siete siglos de permanencia. Los vándalos se instalan en campamentos provisionales llamados Vandalen haus, palabra que da origen a Vandalaus, luego Andalaus y finalmente Andalucía.

La ciudad consiguió recuperarse de estas invasiones, hasta que a mediados del siglo VI llegan los visigodos. Híspalis pasó entonces a llamarse Spali, una urbe goza de una espléndida bonanza cultural. Se amplían las murallas; se crean nuevos barrios y se edifican palacios e iglesias y se leventan palacios e iglesias. Se desvió el río que en un principio discurría por la actual Alameda de Hércules y Arenal.

En una zanja de 80 metros cuadrados ubicada al pie de la muralla de la calle San Fernando se han encontrado varias tinajas y jarras, además de ornamentos de fuentes, la delimitación de una calle y los restos del sistema de canalización y saneamiento de agua. Sin embargo, para los arqueólogos lo más importante es la estructura de origen visigodo, de «función desconocida». Aunque en el mismo lugar se ha encontrado cerámica y material de construcción, se desconoce la delimitación y morfología exacta del hallazgo.

Durante los cinco siglos de dominación islámica, Sevilla desempeñó un papel político y cultural de primer orden. El nombre romano de Hispalis se trocó por el de Isbiliya, desde que la ciudad fue conquistada en el año 712. En el transcurso de los siglos VIII y IX, numerosos contingentes árabes fueron asentándose en Sevilla.

Para encontrar referencias de la Sevilla musulmana solo hace falta mirar a la Giralda, cuya construcción se completó a partir de un alminar de la antigua mezquita, emplazamiento que actualmente ocupa la Catedral. Para aquellos que busquen más nivel de detalle es aconsejable pasear por los Reales Alcázares.

Azulejos mudéjaresSevilla es el máximo exponente del mudéjar, fruto de la convivencia entre las culturas musulmana y cristiana en los siglos del XII al XIV. El palacio de los Marqueses de la Algaba, las iglesias de San Gil, Santa Marina, San Marcos, el convento de Santa Paula el palacio de las Dueñas y el Omnium Sanctorum son varios ejemplos de esta época de la ciudad.

En el año 1248, después de dos años de asedio el rey Fernando III consiguió la rendición de los musulmanes de la ciudad de Sevilla. Se le da una nueva demarcación urbana en diferentes distritos, siempre alrededor de sus respectivas parroquias, que aprovechan los inmuebles ocupados por las mezquitas.

La llegada de Fernando III supone también la de la actual patrona de la ciudad, la Virgen de los Reyes. Se inicia la construcción de la Catedral, la mayor de la cristiandad; se completa la actual Giralda y se añaden pabellones a los Reales Alcázares.

En un salto temporal, el final del siglo XV suponen un crecimiento exponencial de la ciudad. El descubrimiento del Nuevo Mundo sitúan a Sevilla en el centro de las relaciones comerciales entre Europa y las Américas. El Puerto de Indias de Sevilla pasó a ser el principal puerto de enlace con América manteniendo un monopolio artificial como vía de entrada y salida de las Indias mediante un asiento otorgado por decreto real.

Los más importantes edificios del centro histórico son de esta época: Catedral (terminada en 1506); Lonja, que posteriormente, Carlos III ordenó su adaptación para albergar el Archivo de Indias, Giralda (campanario y Giraldillo: 1560-1568), Ayuntamiento, Hospital de las Cinco Llagas, iglesia de la Anunciación , Audiencia, la Casa de la Moneda y otros edificios nuevos como la Casa Pilatos, el Palacio de las Dueñas o la Iglesia del Salvador.

Catedral de Sevilla

En los siglos XVII y XVIII Sevilla cae en una profunda decadencia económica y urbana. El arte barroco, a menudo religioso, florece en pintura con nombres como Valdés Leal, Murillo y Zurbarán y en escultura con Martínez Montañés y Juan de Mesa. De esta época datan un gran número de iglesias y retablos así como muchas de las imágenes, pasos y costumbres de la Semana Santa sevillana.

Otro salto en la historia. Esta vez hasta el año 1835, protagonizada por la desamortización de Mendizábal, donde muchos conventos dejaron de estar en manos de órdenes religiosas y muchas obras de arte que se encontraban en esos conventos y monasterios pasaron a constituir un Museo de Pinturas, que hoy es el Museo de Bellas Artes de Sevilla.

Otras zonas de la ciudad

Llegado el año 1841, Carlos Pickman fundó una fábrica de cerámica (que se convertiría en la más famosa de la ciudad), en uno de los monasterios que padeció la desamortización, La Cartuja.

En 1929 se celebrará Exposición Iberoamericana de Sevilla. Esto supone la introducción de importantes obras arquitectónicas de regionalismo andaluz, como las construcciones del arquitecto Aníbal González o Juan Talavera y Heredia, y la creación de pabellones con detalles de la arquitectura amerindia.

Metropol ParasolLa gran renovación de la ciudad actual llega en los prolegómenos de la Exposición Universal del año 1992. La Cartuja se suma a la modernidad con los pabellones salidos de la mente de los mejores arquitectos. El Puente del Centenario, el del Cachorro, el de Barqueta y el del Alamillo conectan el centro con otras zonas de Sevilla.

En la actualidad, el casco antiguo ha acogido proyectos de gran impacto en la sociedad. El ejemplo más notorio son las «Setas» de la Encarnación, diseñadas por el arquitecto alemán Jürgen Mayer. El Metropol Parasol es una estructura de madera de 150 x 70 metros y una altura aproximada de 26 metros.

Tartessos, romanos, visigodos, musulmanes, cristianos… Todos han querido dejar huella en la ciudad. El casco antiguo es un gran lienzo en el que los brochazos esbozan el retrato de la poliédrica historia de Sevilla.