Que la belleza de la Giralda reside en su mezcla de estilos y etapas artísticas, amén de su estilizada «silueta» o el entorno que la cobija, no se escapa ni al sevillano ni al visitante.

Un ejercicio más complejo sería imaginar la torre sin el tramo final diseñado por Hernán Ruiz en el siglo XVI. Es decir, imaginarla en su aspecto más musulmán. Su aspecto original.

En el Museo de Artes y Costumbres Populares hispalense se encuentra un dibujo de 1909 realizado por el sociólogo e investigador Alejandro Guichot donde se aprecia la evolución de la torre .

Sin embargo, existe una forma de «ver» aquella primitiva Giralda. Eso sí, a 805 kilómetros de Sevilla.

A la izq, la Koutoubia. A la dcha, la primitiva Giralda de Guichot

A la izquierda, la Koutoubia. A la derecha, la primitiva Giralda del dibujo de Guichot

Se trata del minarete de la mezquita de la Koutoubia de Marrakech, construcción que sirvió de modelo para el alminar de la entonces Isbilya en el siglo XII.

Las obras de la torre marroquí arrancaron a mediados de la centuria, «poco» tiempo después de la fundación de la ciudad por Ibn Tasfin, en 1062. La Koutoubia, pues, se inserta en la era almorávide de Marrakech, y se mandó edificar por el califa Abd Al  Mu-Min.

La primigenia Giralda, en cambio, inicia su construcción en 1184, buscando una utilidad defensiva para la batalla contra Santarem. Por eso se insertaba en el paño de muralla que llegaba hasta el Alcázar.

Su arquitecto, Ahmed Ben Baso, siguió las directrices marcadas por el coetáneo minarete africano. De hecho, es el nuevo califa, Abu Yusuf Yaqub Al Mansur, quien busca la «réplica» del alminar en Al-Ándalus una vez que  llega al califato.

Como marca el arte islámico, la torre sevillana también culminaba en un yâmûr. Es decir, en un conjunto de bolas broncíneas de menor tamaño conforme se gana en altura y que hablan de lo espiritual, terrenal y del cielo. El aporte renacentista eliminó tales vestigios dotando a la Giralda de una mayor verticalidad. Y cristianismo.

Además, en los dos casos la decoración de la torre es distinta según el lado que se observe. La disposición de los balcones o de los paños de Sebka no es simétrica en las cuatro caras.

Semblanzas

Las semejanzas no sólo se aprecian en el diseño. La Koutoubia es el centro neurálgico de la religiosidad de la ciudad marroquí y a la vez se sitúa en el corazón de la medina. Poco que añadir en el caso sevillano, con toda una Semana Santa que procesiona hasta la Catedral, entre otras manifestaciones de fe, y una posición central en el entramado viario del casco antiguo.

Ambas se encuentran cercanas a plazas que concentran turismo y tradición. En Sevilla, es sencillo encontrarse con los sonidos de alguna guitarra española reverberando en el muro de los Alcázares, o con alguna mata de romero en la solapa, previa gratificación monetaria.

En Marrakech, la torre linda con la plaza Jemaa El Fna, donde es posible toparse con cualquier cosa. Desde toda clase de artesanía hasta cobras alzadas al son de una hipnótica y tribal melodía.

No obstante, el turismo tiene un freno en Marrakech: la religión. El Islam prohibe la entrada a los no musulmanes, norma que lógicamente se observa en la mezquita de la Koutoubia.

El minarete de la Koutoubia se alza tras la bulliciosa y tradicional plaza de Jemaa el Fna / Fran Piñero

El minarete de la Koutoubia se alza tras la bulliciosa y tradicional plaza de Jemaa el Fna / Fran Piñero

Las dos edificaciones basan su nombre en una parte del conjunto. Si el de la Giralda surge de su remate, de esa veleta «que gira» según ordene el viento, la Koutoubia hace referencia a la biblioteca que una vez albergó la mezquita, de hecho la etimología del término significa «de los libros».

Cuantiosos mercaderes de manuscritos rodeaban el recinto del alminar, al igual que durante diversos siglos las gradas de la Catedral auspiciaron el comercio y trueque.

Incluso la altura trae semblanzas dentro de la disparidad de tamaños. Los 104 metros de la torre hispalense (82 en la época en cuestión) distan de los 69 metros que se alzan al cielo de Marrakech, sin embargo, ambas han marcado «el techo» de la ciudad.

En Sevilla se rompió «en su categoría» con la polémica Torre Pelli, que supera en más de 80 metros ese límite no escrito. Algunos puentes sobre el Guadalquivir también la rebasaron de cara al 92. En el caso de Marruecos, hay prohibición expresa de superarlo.

Una tercera torre resumiría ambas esencias. Hablamos de la inconclusa torre Hassan, en la capital marroquí de Rabat, que también surge a partir de la Koutoubia pero en la que se pueden observar trazas estilísticas que recuerdan, como todo en este texto, a la Giralda de Sevilla.