Las puertas de Sevilla son una referencia para el ciudadano en su día a día. La Puerta de la Carne, la de Carmona, Osario o la de Jerez  hace siglos que fueron derruidas pero todavía permanecen en el imaginario colectivo de la ciudad. Esta circunstancia llamó la atención del periodista Juan Miguel Vega, que publica «20 maneras de entrar en Sevilla», un recorrido histórico por el antiguo perímetro de la ciudad.

«El número de puertas no está claro, he contabilizado veinte entre puertas, postigos y accidentes; algunas que se fueron abriendo, otras que se cerraron y puertas secretas de las que hay bastantes referencias en la literatura antigua y en los relatos históricos de la ciudad pero de las que se desconoce la localización exacta», explica Vega.

Puerta JerezAlgunas de estas puertas -la mayor parte, derribadas en la revolución liberal de 1868- aún dan nombre a esquinas, rincones o amagos de plaza en puntos del perímetro de la Ronda Histórica, coincidente con el antiguo trazado defensivo de la ciudad, y que el apego de los sevillanos por sus tradiciones y su historia ha llevado a algún grupo de vecinos a tratar de poner en marcha un proyecto de reconstrucción de alguna de estas puertas, como la de Carmona.

«La muralla con sus puertas sería el monumento más grande de la ciudad y, no sé si el más importante porque tiene otros mucho, pero entre los destacados sin duda alguna», detalla el autor. Sin dicho derribo, «hoy Sevilla sería una ciudad muchísimo mas bella y más importante si hubiésemos sabido conservar aquel patrimonio tan absurdamente dilapidado»

La única original que se conserva en la actualidad es la Puerta de Córdoba, que permanece adosada a la iglesia de San Hermenegildo. También se mantienen, aunque no son del todo originales, la de la Victoria o Arquillo de la Plata, que fue una puerta interior de acceso al recinto del Alcázar, el Arco de la Macarena y el Postigo del Aceite.

«El derribo de las murallas obedeció a un conjunto de factores; primero la mentalidad de la época, que no se valoraba en toda su extensión la importancia que tenían determinadas construcciones del pasado; el hecho de considerar que la muralla era un obstáculo para la extensión de la ciudad; también se da la circunstancia de que la muralla había llegado bastante desvencijada al haber perdido su sentido, ya que estas no tenían sentido en las guerras de aquella época», explica el periodista. «Muchas edificaciones se adosaron a ellas y se entendió erróneamente en su momento que era un obstáculo para el progreso y que la modernidad de Sevilla pasaba por el derribo de las murallas», explica el periodista.

Algunas de estas puertas, tras su primera destrucción, volvieron a construirse con otra forma, como la efímera segunda edición de la de Jerez, que duró de 1848 a 1864, y otras como la de la Puerta del Sol fueron inmortalizadas por el lápiz de Richard Ford, en 1831. Aunque en el imaginario colectivo, los sevillanos a día de hoy todavía se citen en las distintas puertas que no hace mucho tuvo Sevilla.