La nostalgia que recurrentemente sienten los sevillanos con un pasado que nunca conocieron, y que han documentado notables escritores actuales, encuentra bálsamo y acicate en las imágenes capturadas por el fotógrafo galés Charles Clifford a mediados del siglo XIX. Las fotografías en sepia de las extintas puertas de la ciudad, el movimiento de barcos en los muelles del Guadalquivir o las casas palacio, que tanto sedujeron a los visitantes románticos que llegaban a la antigua Híspalis romana seducidos por los encantos del sur del sur, sorprenden por su incalculable valor histórico. El costumbrismo hecho imagen, un retrato por la Sevilla de 1862.

Charles Clifford, la Casa PilatosAl carácter documental y antropológico se suma el valor añadido de la singular mirada con la que se acercan a esa realidad española fotógrafos como Charles Clifford cuyo nombre forma parte de la historia universal de la fotografía. Las primeras noticias de su actividad en España se remontan a 1850, y desde entonces realizó álbumes fotográficos de casi todas sus tierras, ciudades y monumentos cuyo interés no se limitó a lo meramente documental, sino que trascendió por su composición y calidad técnica.

A Sevilla, Charles Clifford llega de la mano de la reina Isabel II, quien nombra al galés como «Fotógrafo de Su Majestad la Reina». Este hecho le permite viajar a lo largo de la península ibérica y capturar si rico patrimonio cultural y patrimonial antes que cualquier otra persona. Son los primeros años de la historia de la fotografía y Clifford tiene conexiones con los círculos fotográficos en el extranjero, especialmente en Londres y París para mantenerse al día de los últimos adelantos y adquirir materiales para su trabajo no disponibles en España.

La plaza de San Francisco, por Charles Clifford

Muestra de ello es la noticia de julio de 1861, en que las revistas de la época recogen «El Sr. Clifford ha traído de Londres la mayor cámara fotográfica construida hasta el día, con la cual se pueden sacar vistas hasta de metro y medio en cuadro; y en el viaje que está haciendo actualmente por Alemania, no dudamos que aprovechara para introducirlos en nuestro país todos los modernos adelantos». Esto demuestra si inquietud por los continuos avances que se producían en los primeros años de la historia de la fotografía.

La galería de imágenes, muchas de ellas recopiladas en los fondos fotográficos de la Hispanic Society of America, representa un momento histórico, tanto para la reina como para el fotógrafo y la historia de la fotografía. En Sevilla, Clifford documenta los monumentos principales, vistas de paisajes y la ciudad, así como los curiosos arcos efímeros y pabellones que se hicieron para la visita Real.

La torre del Oro con sus barcos en el Guadalquivir

Gitanos, cantaores… nada ni nadie escapa a los ojos de Clifford en su viaje de 1862. Tampoco las puertas de la ciudad, que incluían en su fisonomía un puesto de agua, donde se agolpaban búcaros; los Reales Alcázares, la Giralda y la Torre del Oro flanqueada por los veleros en el Gualdaquivir. A través de la huella fotográfica, el galés documenta no sólo el patrimonio arquitectónico, monumental y urbanístico de la España de aquel momento, sino también su patrimonio inmaterial y etnográfico.

Las instantáneas muestran así vistas de parques, calles y plazas; monumentos, arquitectura civil y religiosa; espacios domésticos; vida cotidiana social y religiosa; indumentarias; trabajos y oficios; ciudadanos anónimos y personajes ilustres de la época. Una galería no apta para nostálgicos.