La recoleta Sevilla, con su intrincado Casco Antiguo y la belleza de sus acogedoras plazas poco tiene que ver con las macrociudades españolas, pese a no andar muy lejos en el ranking de núcleos poblacionales patrios. Siempre salvando las distancias.

El patrimonio monumental, con marcada presencia mudéjar, barroca y regionalista, y la propia fisonomía del caserío, la convierten en un enclave único. Sin embargo, existen ciertas similitudes, por ejemplo, con la capital nacional.

A nadie se le habrá pasado por alto el parecido entre el arranque de la avenida de la Constitución, con el edificio de La Adriática, y el comienzo de la Gran Vía desde la calle Alcalá. Dimensiones aparte.

Sin ir más lejos, todo el auge de los ensanches del siglo XIX y XX respondía a la «necesidad» de crear metrópolis a la europea, y Sevilla no escapó a la tendencia, con la citada avenida, y con otros espacios como la calle Almirante Apodaca.

Ahí llegamos a otra muestra de la Sevilla más madrileña, concretamente al edificio que hoy alberga el Archivo Histórico Provincial.

Apenas visible en toda su plenitud por la angostura de la céntrica vía, se trata de una majestuosa construcción de corte neoclásico, con acceso central de frontón triangular sobre pórtico de gruesas columnas, y que supone 4.238 metros cuadrados construidos.

Antiguos Juzgados

Los Antiguos Juzgados vistos por la calle Alhóndiga / Fran Piñero

Los Antiguos Juzgados de Sevilla vistos desde la calle Alhóndiga / Fran Piñero

Tanto es así que su presencia recuerda a los Ministerios de la capital, de hecho, está levemente inspirado en el antiguo edificio del Ministerio del Interior, con el que guarda semblanzas en los ventanales y el juego cromático de la fachada. Es decir, la emblemática Real Casa de Correos de la Puerta del Sol.

Y es que previamente a su función archivística local, compartida con la de Hemeroteca municipal y la de Archivo General de Andalucía, el edificio albergó la sede de los Juzgados de Sevilla.

En 1895, cuando se inician las obras, se estaba materializando el llamado Proyecto General de Reformas de Sevilla, en el que se contemplaba erigir en la ciudad «una serie de edificios de carácter público tales como escuela, cárcel, palacio de justicia, matadero, mercado, fuentes y mejoras en muelles de defensa contra las inundaciones», según documentos del Ayuntamiento.

Los encargados de diseñar el Plan fueron José Gallego (fallecido en 1893) y especialmente José Sáez López, arquitectos de referencia del Consistorio Hispalense en la época, quienes gestaron los antiguos Juzgados entre el citado 1895 y 1908 y le confirieron su característica planta de triángulo escaleno, poco vista en Sevilla.

El edificio poco tuvo que ver con su predecesor, la alhóndiga sevillana en la que, entre otras actividades, ofreció servicio apenas diez años antes el Gabinete Histoquímico, es decir, el Laboratorio Municipal que hoy se halla en la calle María Auxiliadora.

El torreón, con chapitel y mirador en hierro, y frontón del Archivo Provincial, entre el caserío / Fran Piñero

El torreón, con chapitel y mirador en hierro, y frontón del Archivo Provincial, entre el caserío / Fran Piñero

La función legal se mantuvo hasta los años 60, y tan sólo una década después el complejo quedó clausurado y sin mantenimiento hasta nueva orden, que por fortuna no tardó en llegar.

En 1982 se dispuso que los antiguos Juzgados se convertirían en el centro de la documentación hispalense, para lo cuál fue necesario rehabilitar la construcción, siguiendo los parámetros del resto de centros europeos.

Los prestigiosos Cruz y Ortiz realizaron la adaptación al nuevo uso de la forma menos invasiva posible, respetando desde la distribución original en tres plantas y entresuelo a la torreta y patios interiores.

Amplio contenido

De esta forma, el edificio se volvió a inaugurar en 1991, y con el tiempo ha llegado a contener «15.000 impresos y 5.000 títulos de publicaciones periodísticas, el fondo fotográfico del Archivo Serrano y buena parte de la documentación concerniente a la Exposición Iberoamericana», explican desde la Consejería de Cultura.

Además, en él se localizan «los libros de Actas Capitulares del Consejo sevillano, los instrumentos jurídicos pertenecientes a las antiguas escribanías públicas de la ciudad, transformadas posteriormente en notarías, y la documentación dimanada de las Conserjerías y Organismos públicos de la Comunidad Autónoma».

El tramo correspondiente a la Hemeroteca Municipal, y su semblanza madrileña, visto desde Santa Catalina / Fran Piñero

El tramo correspondiente a la Hemeroteca Municipal, y su semblanza madrileña, visto desde Santa Catalina / Fran Piñero

Como si fuera algo intrínseco a la custodia del conocimiento, como esos arcanos en misteriosas y desconocidas grutas del pasado, los casi 10.200 metros lineales de documentación que se guardan en la calle Almirante Apodaca (cerca del límite de su capacidad, según la misma institución) pasan inadvertidos para la mayoría de sus ciudadanos, pese a la imponencia del lugar que los cobija.

Pero a diferencia de esos cofres de las leyendas, aquí sólo basta con traspasar el umbral para llegar a los archivos. Basta con dejar atrás esa ilusión de ciudad madrileña para entroncar con la historia más completa de Sevilla.