El abogado, catedrático, rector de la Universidad de Sevilla y senador del reino Manuel Laraña y Fernández da nombre a una de las calles más cofrades de la Semana Santa sevillana. Amargura, La Última Cena, San Benito, Valle, Cristo de Burgos, Redención, Los Gitanos, Macarena, Los Negritos… sin estar en la carrera oficial, numerosas hermandades transitan por esta vía del Casco Antiguo para cumplimentar su estación de penitencia.

De amplias aceras, debe su actual amplitud a la operación de ensanche iniciada en la ciudad a principios del siglo XX cuando se trató de conectar con un eje moderno y rápido dos puntos opuestos de primer orden en la ciudad, como eran las estaciones de trenes de la Plaza de Armas y de San Bernardo, y que casi se consigue en el tramo comprendido entre la Campana y la Puerta Osario a costa del derribo de muchas de las construcciones que allí existían.

Salida de la iglesia de la AnunciaciónAproximadamente desde el año 1584 la calle es conocida como «de la Compañía», o como «Compañía de Jesús», por hallarse aquí la Casa Profesa de la Compañía de Jesús desde 1558; y desde los últimos años del siglo XVIII empieza a ser llamada «calle de la Universidad», por el edificio que ocupa su sede desde 1771. A partir de 1903 ya se rotula y se denomina tal como se conoce hoy, en memoria de Manuel Laraña y Fernández, destacado personaje que fue abogado, catedrático y rector de la Universidad de Sevilla.

La Iglesia de la Anunciación…

A pesar de su escasa longitud, su trazado va desde la Plaza de la Encarnación hasta la calle Cuna, el viandante se topa con edificios de gran interés arquitectónico y artístico. Destaca la iglesia de la Anunciación, perteneciente a la Casa Profesa de la Compañía de Jesús, se trata de un templo de planta de cruz latina con crucero, coro alto a los pies y presbiterio alzado sobre cinco gradas, de grandes dimensiones y altura.

Con sus trazas encargadas inicialmente a Bartolomé de Bustamante, superintendente de la Casa desde 1562 a 1565, las obras se modifican por Hernán Ruiz II, arquitecto encargado de su construcción. A él se debe su importante portada manierista a modo de retablo, que aparece enmarcada entre columnas jónicas de orden gigante que centra sobre su hueco de entrada una hornacina con una escultura de la Virgen con el Niño realizada por Juan Bautista Vázquez el Viejo.

Su interior, espacioso y monumental, contiene magníficos retablos, el mayor presidido por un gran lienzo de Juan de Roelas, la Circuncisión de Cristo. Cuenta también con importantes imágenes procesionales y con el Panteón de Sevillanos Ilustres, donde descansan los restos de algunos de los personajes más importantes de la ciudad. Está declarada monumento nacional en la categoría de monumento desde 1931.

… la Facultad de Bellas Artes…

Antigua Casa Profesa de la Compañía de Jesús en Sevilla, ubicada aquí hasta la expulsión de la Compañía en 1767. Iniciada su construcción en 1581, tras la marcha de los jesuitas el asistente de la ciudad Pablo Olavide redacta un informe a la Corona pidiendo que la Universidad se traslade a este edificio, hecho que se produce en 1771.

Hacia mitad del siglo XIX se hacen obras de mejora en sus dependencias para adecuarlas a los nuevos tiempos, y en 1924 y con los preparativos de la Exposición Iberoamericana de 1929, se acomete una reforma integral de su fachada, que fue reedificada siguiendo el estilo regionalismo. Tras el paso de la Universidad a su nueva sede de la Fábrica de Tabacos en los años 50 se instala aquí la Facultad de Bellas Artes, continuando así la función académica que durante casi dos siglos ejerció como escenario de vida universitaria.

… el Palacio del Marqués de la Motilla…

Su construcción viene obligada por la necesidad de levantar una nueva fachada a la calle Laraña, afectada por la operación de ensanche a que es sometida ésta, a principios del siglo XX. Se trata de un proyecto realizado entre los años 1921 a 1924, cuyas obras se realizaron muy lentamente motivado por los problemas surgidos por el propio ensanche, quedando acabado en 1931.

… y el antiguo teatro Álvarez Quintero.

El teatro se levanta en el mismo solar en el que en la segunda década del siglo XX había sido promovido el Teatro Luca de Tena a instancias de Torcuato Luca de Tena y apoyado en un proyecto del célebre arquitecto sevillano Aníbal González; no obstante ambos murieron en el año 1929 sin poder ver realizada la obra, que finalmente fue llevada a cabo por los arquitectos Rodrigo y Felipe Medina Benjumea.