Sevilla, generalmente conocida como ciudad de naranjos, de albero y fervor, bien podría serlo también como ciudad de iglesias. Resulta casi un «reto» avanzar por el Casco Antiguo sin encontrar, cada cierto centenar de metros, un templo. Y en los barrios, aunque decae la frecuencia, la presencia eclesial es un hecho.

El auténtico desafío sería el de categorizar por la belleza estética o por la devoción contenida entre sus muros, por lo que la selección que aquí les ofrecemos sólo busca distinguirlas por su antigüedad.

Como marco general, y salvo contadas excepciones, los templos más antiguos que se conservan son los que surgen tras la Reconquista, en 1248, fácilmente reconocibles por su estilo gótico-mudéjar.

Hasta 24 parroquias se instauraron, con las que Fernando III se aseguró toda una «red de consejo espiritual» cristiano para sus flamantes súbditos, al tiempo en que desaparecieron numerosas mezquitas, en muchos casos base para los nuevos edificios.

Cada una con su trayectoria, especialmente complicada en según qué casos, de siglos y siglos. Éstas son las siete iglesias más antiguas de Sevilla, sin que la numeración implique una fundación más o menos remota.

1. Santa Ana

Iglesia de Santa Ana en plena función principal en honor a la madre de María / Juan José Úbeda

Iglesia de Santa Ana en plena función principal en honor a la madre de María / Juan José Úbeda

«Nuestro templo fue el primero levantado de nueva planta en Sevilla después de ser reconquistada», así explican fuentes de la parroquia de Santa Ana en su web oficial.

El templo, «comenzó a construirse en 1266 por maestros canteros castellanos, que acompañaban a las tropas cristianas para construir y reparar castillos y otros edificios militares y civiles, y también por alarifes musulmanes, expertos en el ladrillo», añaden.

Del siglo XIII es también el conjunto de la Virgen con Santa Ana (el niño Jesús data del XVIII), si bien el retablo principal llegaría en 1542, elementos que le confirieron la consideración de Bien de Interés cultural en 1931.

El estilo imperante es, en cambio, el gótico cisterciense, y como suele ser habitual, en las centurias posteriores le sobrevinieron obras, tanto en el siglo XIV, XV y XVI, sin olvidar los daños ocasionados por el terremoto de Lisboa, que obligó a reconstruir algunas partes. De ahí le llega el aspecto barroco externo.

2. Santa Marina

La iglesia gótico-mudéjar de Santa Marina, con su característica torre almenada / Julio Muñoz

La iglesia gótico-mudéjar de Santa Marina, con su característica torre almenada / Julio Muñoz

La iglesia de Santa Marina, en la calle de San Luis, es uno de esos ejemplos de construcciones erigidas por voluntad del santo Rey. Además, se da el caso de que el templo también se hizo de nueva planta.

Los primeros datos apuntan a 1265, cuando se fechan un par de capillas laterales, aunque el terremoto de 1356 obligó a reconstruir ciertas partes, torre inclusive.

Con todo, no tendría porqué ser más antigua que el resto de esta lista, pero a diferencia de las demás, esta iglesia no ha sido transformada en exceso, a excepción de la habilitación de capillas en el siglo XVIII.

En 1936 sufrió un devastador incendio, (el segundo tras otro en 1864) sí, pero se restauró en base a lo anterior. De hecho, se recuperó la desnudez estructural, eliminando lo introducido dos siglos antes.

3. Cortijo del Cuarto

Bucólica imagen de la ermita de Valme, en el Cortijo del Cuarto, abandonada desde hace décadas / Turismo.org

La ermita de Valme, en el Cortijo del Cuarto / Turismo.org

Para la complicada misión que tenía San Fernando, el monarca no sólo aglutinó un buen ejército, sino que se encomendó a la ayuda divina. A la Virgen María, para más señas, a la que le «prometió» un templo a las afueras de la actual Bellavista, ya en el término municipal de Dos Hermanas, a cambio de la victoria.

Como la Reconquista fue posible, una ermita se levantó en el lugar en cuestión, sin gran dilación, a la que se le llamó «de Valme» por su famosa oración: «¡Váleme, Señora, que si te dignas hacerlo, en este lugar te labraré una capilla, en la que a tus pies depositaré como ofrenda, el pendón que a los enemigos de España y de nuestra Santa Fe conquiste!».

Al cuidado de los labriegos del lugar desde mediados del siglo XV, la pequeña capilla quedó en el olvido, máxime cuando la virgen que allí tenía sede se trasladó, en rogativas, a la cercana Dos Hermanas, en 1800. En 1868 se retiró el pendón real, por temor a ser saqueado en tan convulso año.

Nunca volvieron. Ni la talla, ni el emblema, ni la gloria a aquella ermita.

4. San Marcos

Llamativa torre, la de la Iglesia de San Marcos, que evidencia las huellas de su pasado como minarete musulmán / J.M. Serrano

Llamativa torre, la de la Iglesia de San Marcos, que evidencia las huellas de su pasado como minarete musulmán / J.M. Serrano

Basta con volver a la calle San Luis para encontrar otra muestra de historia hecha monumento. La que fuera antiguo cardo máximo romano, lleva en dirección sur hacia el templo de San Marcos.

Mezquita convertida tras 1248, el terremoto del siglo XIV obligó a rehacer la construcción en el estilo gótico-mudéjar que hoy se aprecia… casi de milagro.

A los daños del citado seísmo habría que añadirle los provocados por el de 1755 y, especialmente, el desastre de hasta tres incendios: el prendido por los Ponce de León en 1470, el fortuito de finales del siglo XVIII y el resultado del alzamiento republicano de 1936.

Al contemplarla llama especialmente la atención la torre, o mejor dicho, el viejo minarete remodelado, y los dos postes de granito frente a la ojiva, probablemente tan antiguos o más que sus primeras piedras.

5. Santa Maria la Blanca

Las imponentes yeserías de Santa María La Blanca, objeto de reciente restauración / Vanessa Gómez

Las imponentes yeserías de Santa María La Blanca, objeto de reciente restauración / Vanessa Gómez

La peculiaridad de esta iglesia se basa no sólo en sus espectaculares yeserías y en las naves laterales porticadas, sino en haber sido sinagoga, además de mezquita, antes del cambio al cristianismo.

A diferencia de lo ocurrido en el resto de la ciudad, en el barrio de la Judería se cedieron los tres templos existentes para el culto del judaísmo en 1252.

No sería hasta 1391 cuando se convierte en lugar católico, tras una cruenta matanza de judíos por Ferrán Martínez, arcediano de Écija. Sin embargo, habría que esperar al siglo XVII para la reorganización del templo, quedando tal y como se conoce en la actualidad.

6. Omnium Sanctorum

Presbiterio de Omnium Sanctorum, con el templete de La Virgen de Todos Los Santos y el ábside de nervadura gótica / Raúl Doblado

Presbiterio de Omnium Sanctorum, con el templete de La Virgen de Todos Los Santos y el ábside de nervadura gótica / Raúl Doblado

Paralelamente a San Luis, donde ya se han apuntado dos ejemplos, en la calle Feria, antigua collación de Alvar Negro «uno de los caballeros que ayudaron a San Fernando», se alza la iglesia de Onmium Sanctorum, también del XIII-XIV.

El templo, cuyo nombre sigue siendo todo un trabalenguas para muchos vecinos al mantener su advocación en latín, caso prácticamente único en Sevilla, aprovechó la antigua mezquita como lugar de culto, hasta la necesaria reconstrucción causada por el seismo de 1355.

Según fuentes de la iglesia, «La fachada principal, en la calle Feria, data de la segunda mitad del siglo XIII, destacando la excepcional portada labrada en piedra», mientras que la torre es la actualización histórica del viejo alminar «recrecido posteriormente para incorporarle el cuerpo de campanas y rematado por un chapitel de azulejería». Sus paños de sebka emularon a los de La Giralda.

También sufrió la quema del 36, de la que cuatro años más tarde resurgiría, no sólo de las cenizas, sino con el fastuoso templete que cobija a la Virgen de Todos los Santos.

7. San Esteban

Célebre por sus arcos ojivales, el interior del templo de San Esteban destaca por sus líneas góticas y su artesonado / J.M. Serrano

Célebre por sus arcos ojivales, el interior del templo de San Esteban destaca por sus líneas góticas y su artesonado / J.M. Serrano

En este punto del texto, muchos lectores habrán quedado sorprendidos al no ver incluidas en esta selección iglesias como la de San Julián, San Gil, San Román, San Isidoro, San Vicente o la mediática Santa Catalina.

Cualquiera podría haber ocupado este lugar, pues todos estos templos, y otros tantos, comparten ese citado origen común y casi su accidentado devenir, pero también han sufrido mayores transformaciones. Sin ir más lejos, la portada principal de Santa Catalina, gótico-mudéjar, perteneció a Santa Lucía hasta 1930.

Por ello, y aunque también ha experimentado grandes cambios (en especial en el siglo XVIII con la reconstrucción de Pedro de Silva tras el terremoto), cierra este compendio la iglesia de San Esteban.

Y lo hace esencialmente por un par de razones: las valiosas puertas ojivales, de comienzos del siglo XV.

Si la que da a la calle San Esteban es la más célebre, por ser escenario «imposible» para la salida de la cofradía del Martes Santo, la que da a los pies del templo destaca por el friso mudéjar con paños de sebka y arcos polilobulados.