La Sevilla romana está a la vista de todos. Aunque en algunos casos es más evidente que en otros. Deambulando por el centro, tres columnas llaman la atención de los turistas que se pasean por la calle Mármoles. Son los restos de un templo, que marca uno de los centros de la Hispalis romana.

Columnas de la calle Mármoles«Las edificaciones romanas que hoy se conservan debían ser de vital importancia para la urbe. En el caso de ser el templo romano, una cuestión que plantea dudas entre los historiadores, este punto correspondería con uno de los centros neurálgicos de la villa», explica el historiador Luis García.

Se trata de tres columnas, pertenecientes posiblemente al pórtico del templo de la ’civis’ de Sevilla. Están en su cota original, es decir, a unos cinco metros de profundidad con respecto al nivel actual de la calle; y otros tres por arriba, lo que le dan una altura total de unos ocho metros asentadas en basas áticas salvo una de ellas, que lo hace sobre basa jónica.

En 1574 fueron descubiertas otras tres columnas pertenecientes al templo. Una de ellas se rompió en la calle Mato Gago durante su traslado al Alcázar de Sevilla, bajo la orden de Pedro I de Castilla -que se encaprichó de estos restos- y las otras dos, se pueden aún contemplar en la Alameda de Hércules, donde sirven de pedestal a esculturas de dicho héroe. Éstas poseen también basas áticas y fustes monolíticos de granito. «Además, conservan sus capiteles de mármol blanco, que fueron restaurados en el siglo XVI, pero en los que aún se pueden observar las coronas y calículas, con hojas de acanto de profundas y finas ranuras verticales, similares a los de la villa de Adriano en Tivoli», según consta en la base de datos del Instituto Andaluz de Patrimonio.

La altura de las columnas, «y basándonos en que fuesen de la portada, el templo podía tener una veintena de metros de frente y unos 40 metros de fondo», explica el experto. En la actualidad, las columnas conviven con casas, habiendo entre ellas una escasa distancia.